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  • Las ciudades están cambiando de color vistas desde el espacio: el LED está borrando el viejo brillo amarillo de la Tierra

    Las ciudades están cambiando de color vistas desde el espacio: el LED está borrando el viejo brillo amarillo de la Tierra

    Durante décadas, las ciudades vistas de noche desde el espacio tenían una firma muy reconocible: manchas cálidas, amarillas y anaranjadas que se extendían sobre la superficie terrestre. Era el color de las viejas lámparas de vapor de sodio, una tecnología eficiente para su época, pero limitada en su espectro. Hoy esa imagen está cambiando a gran velocidad.

    Desde unos 400 kilómetros de altura, los astronautas de la Estación Espacial Internacional han podido observar una transformación que en la calle parece cotidiana, pero desde arriba resulta radical. La Agencia Espacial Europea mostró el caso de Milán con dos imágenes tomadas en 2012 y 2015: antes y después de la conversión del centro urbano a iluminación LED blanca. En apenas unos años, la ciudad pasó de un brillo amarillento a una mancha mucho más blanca y azulada.

    El invento que cambió la noche urbana

    El cambio no se entiende sin una pieza clave: el LED azul. En 2014, Isamu Akasaki, Hiroshi Amano y Shuji Nakamura recibieron el Nobel de Física por la invención de los diodos emisores de luz azul eficientes, un avance que permitió crear fuentes de luz blanca brillantes y de bajo consumo. Sin ese desarrollo, la revolución LED no habría llegado a calles, hogares, pantallas y ciudades enteras con la velocidad que conocemos.

    Las antiguas lámparas de sodio emitían una luz muy concentrada en tonos amarillos. Los LED blancos, en cambio, combinan el azul con fósforos para producir una luz más amplia y brillante. Para los municipios, la ventaja fue inmediata: menor consumo, menos mantenimiento y posibilidad de controlar mejor la iluminación. Por eso muchas ciudades empezaron a sustituir miles de farolas en muy poco tiempo.

    Los Ángeles fue una de las pioneras: su programa municipal completó la conversión de 140.000 luminarias modernas a LED en 2013. Buenos Aires también avanzó fuerte desde 2013, con un programa de reconversión del alumbrado público a LED y sistemas de gestión inteligente. India llevó el proceso a otra escala: hasta junio de 2024, su programa nacional había instalado más de 13,1 millones de farolas LED.

    Las ciudades están cambiando de color vistas desde el espacio: el LED está borrando el viejo brillo amarillo de la Tierra
    © Magnific

    El problema es que la noche se está volviendo más brillante

    La transición tiene una cara positiva evidente: iluminar cuesta menos energía. Pero esa misma eficiencia puede provocar un efecto rebote. Si la luz es más barata, muchas ciudades no solo cambian sus farolas, sino que aumentan la cantidad de puntos de luz, la potencia o las horas de uso. El resultado es un planeta que puede parecer más eficiente, pero también más iluminado.

    Un estudio publicado en Science en 2023, basado en observaciones de ciencia ciudadana, concluyó que la visibilidad de las estrellas se redujo con rapidez entre 2011 y 2022, una señal de que el cielo nocturno se está aclarando más de lo que indicaban algunas mediciones satelitales. Parte del problema es técnico: instrumentos como VIIRS observan en una banda de 500 a 900 nanómetros, lo que deja fuera buena parte del pico azul de muchos LED blancos.

    Esa luz azul no solo afecta a los astrónomos. La iluminación artificial nocturna puede alterar ritmos circadianos, modificar comportamientos de animales y desorientar especies sensibles a la noche, desde insectos hasta aves y murciélagos. Por eso el debate ya no es si el LED debe reemplazar al sodio, sino cómo usarlo sin convertir la noche en una extensión permanente del día.

    La próxima etapa será más inteligente que brillante. Farolas regulables, sensores de presencia, horarios adaptados, temperaturas de color más cálidas y luminarias orientadas hacia el suelo pueden mantener la eficiencia sin disparar la contaminación lumínica. La gran lección es simple: el LED cambió el color de las ciudades, pero ahora toca decidir cuánto queremos que brillen.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • Durante años nos dijeron que un cactus podía protegernos del ordenador: la ciencia acaba con el mito

    Durante años nos dijeron que un cactus podía protegernos del ordenador: la ciencia acaba con el mito

    Hubo una época en la que muchos escritorios tenían un elemento casi obligatorio junto al ordenador: un pequeño cactus. No estaba ahí únicamente para decorar ni para darle un poco de vida a la mesa de trabajo. Para muchas personas, esa planta cumplía una función mucho más importante: protegerlas de la supuesta radiación emitida por el monitor.

    El mito puede sonar absurdo hoy, pero durante los años noventa tuvo bastante fuerza. Internet todavía no funcionaba como el gran amplificador de rumores que conocemos ahora, pero las creencias populares también viajaban rápido: de oficina en oficina, de familia en familia y de vendedor en vendedor. Bastaba con una explicación sencilla y una promesa tranquilizadora para que la idea pareciera razonable.

    El origen de un mito con apariencia científica

    Una de las versiones más repetidas sitúa el origen del mito en una observación realizada en los años ochenta en un instituto de geobiología de Chardonne, Suiza. Según esa historia, algunos empleados habrían notado menos fatiga y dolor de cabeza al colocar cactus cerca de sus pantallas. El problema es que no se trató de un experimento formal ni existe un estudio académico sólido que respalde esa conclusión.

    A esa anécdota se le sumó después otro ingrediente habitual en las pseudociencias: la referencia vaga a instituciones prestigiosas. Durante años circuló la idea de que la NASA había estudiado la capacidad de ciertas plantas para absorber radiación, aunque sin pruebas concretas que conectaran esos supuestos estudios con los cactus y los monitores de ordenador. El resultado fue un mito con una capa de credibilidad científica que en realidad nunca tuvo.

    Parte del éxito de esta creencia también se explica por el miedo a la palabra “radiación”. Después de accidentes nucleares como Chernóbil, el término quedó asociado en el imaginario popular a algo peligroso, invisible y potencialmente dañino. Sin embargo, no toda radiación es igual. Los rayos X y gamma pertenecen a la radiación ionizante, capaz de dañar directamente el ADN, mientras que muchos campos electromagnéticos cotidianos forman parte de la radiación no ionizante.

    Durante años nos dijeron que un cactus podía protegernos del ordenador: la ciencia acaba con el mito
    © Magnific

    El cactus no era un escudo: era solo una planta

    Los ordenadores y pantallas pueden generar campos electromagnéticos, pero eso no significa automáticamente que representen un riesgo en las condiciones normales de uso. La Organización Mundial de la Salud señala que, tras décadas de investigación, no hay evidencia suficiente para concluir que la exposición a campos electromagnéticos de bajo nivel sea dañina para la salud.

    La explicación popular sobre los cactus era sencilla: como contienen agua, y el agua puede absorber ciertos tipos de radiación, entonces el cactus funcionaría como una especie de esponja protectora. Pero esa deducción no se sostiene. Un cactus no absorbe la radiación de forma especial ni más eficaz que otros objetos colocados en la mesa.

    Además, aunque existiera un campo preocupante alrededor del ordenador, colocar una pequeña maceta a un costado no serviría de escudo. Los campos electromagnéticos no salen en una única línea recta hacia el cactus, sino en distintas direcciones. Para bloquear algo así haría falta una barrera real y diseñada para ese propósito, no una planta decorativa.

    La prueba más clara llegó en 2018, cuando investigadores de Turquía midieron el campo magnético de monitores LCD y antiguos monitores de tubo con distintos cactus ubicados en varias posiciones. La conclusión fue directa: no importaba el tamaño de la planta ni dónde se colocara, el cactus no reducía el campo magnético del monitor.

    El mito, sin embargo, sobrevivió. Y eso dice mucho sobre cómo funcionan estas creencias: mezclan una preocupación real, una explicación simple y un objeto fácil de comprar. El cactus no protegía de la radiación, pero sí ofrecía algo muy poderoso: la sensación de estar haciendo algo para protegerse. Al final, lo único que realmente mejoraba era el escritorio.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • El nuevo campo de batalla de Europa está bajo el agua: los cables submarinos ya son una prioridad estratégica

    El nuevo campo de batalla de Europa está bajo el agua: los cables submarinos ya son una prioridad estratégica

    Europa lleva años hablando de soberanía tecnológica, chips, datos, nube, inteligencia artificial y autonomía estratégica. Pero todo ese discurso tiene un punto débil que casi nunca aparece en primer plano: los cables submarinos. Son invisibles para la mayoría de los usuarios, pero transportan gran parte de la vida digital moderna y se han convertido en una infraestructura tan crítica como vulnerable.

    La Comisión Europea acaba de anunciar una nueva fase de su estrategia para protegerlos. El plan incluye 5,8 millones de euros para crear los dos primeros centros regionales de cables submarinos, uno en el mar Báltico y otro en el Mediterráneo, además de una convocatoria de 40 millones de euros para aumentar la capacidad europea de reparación de cables de comunicación dañados.

    El fondo marino ya forma parte de la seguridad europea

    La preocupación no es exagerada. Los cables submarinos transportan alrededor del 99% del tráfico intercontinental de internet, según la propia Comisión Europea, y son esenciales para la economía, las comunicaciones y la seguridad del continente. A eso se suman los cables eléctricos submarinos, cada vez más importantes por el crecimiento de la energía offshore y las conexiones entre países.

    El problema es que esa dependencia llega en un momento de tensión geopolítica. Reuters informó en 2025 que varios gobiernos europeos estaban preocupados por incidentes recientes en cables de energía, telecomunicaciones y gasoductos, algunos de ellos investigados como posibles actos deliberados. La Comisión ya había planteado entonces reforzar la vigilancia, mejorar el intercambio de datos y avanzar hacia una capacidad de reparación de emergencia.

    La lógica del nuevo plan es clara: no alcanza con tener más cables, también hay que poder vigilarlos, detectar anomalías y repararlos rápido cuando ocurre un incidente. La Comisión lo presenta como parte de su Plan de Acción sobre Seguridad de Cables, una estrategia que cubre prevención, detección, respuesta, recuperación y disuasión frente a amenazas contra infraestructura submarina crítica.

    Reparar rápido se volvió tan importante como prevenir

    El punto más concreto de esta nueva fase son los módulos de reparación. La convocatoria de 40 millones de euros busca financiar equipos adaptables que puedan colocarse en puertos o astilleros estratégicos para que los barcos especializados tengan acceso rápido a repuestos y herramientas. La idea es reducir el tiempo entre el daño y la restauración del servicio, algo clave cuando un cable afectado puede comprometer comunicaciones, actividad económica o conexiones energéticas.

    Los dos primeros centros regionales también tienen una lectura geopolítica. El Báltico se volvió una zona especialmente sensible por su cercanía a Rusia y por los incidentes registrados en infraestructuras submarinas. El Mediterráneo, por su parte, concentra rutas estratégicas para conectar Europa con África, Oriente Medio y Asia. Por eso la Comisión habla de mejorar la capacidad de “monitorizar, detectar y responder” de forma coordinada ante amenazas.

    Esta medida no aparece aislada. En febrero de 2026, Bruselas ya había anunciado una inversión de 347 millones de euros para proyectos estratégicos de cables submarinos dentro del programa Connecting Europe Facility Digital. Ese paquete incluía proyectos de interés europeo, herramientas de mitigación de riesgos y una primera convocatoria de 20 millones de euros para capacidades de reparación.

    El mensaje de fondo es bastante directo: la soberanía tecnológica no se construye solo con centros de datos, chips o modelos de inteligencia artificial. También depende de cables enterrados bajo el mar, barcos de reparación, piezas de repuesto, vigilancia y coordinación entre países. Europa acaba de asumir que, si quiere proteger su autonomía digital, primero tiene que proteger las tuberías invisibles por las que circula su conexión con el mundo.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • China acaba de acercarse al modelo más temido de Anthropic: GLM-5.2 demuestra que la carrera de la IA ya entró en terreno ciberseguridad

    China acaba de acercarse al modelo más temido de Anthropic: GLM-5.2 demuestra que la carrera de la IA ya entró en terreno ciberseguridad

    La carrera de la inteligencia artificial entre Estados Unidos y China acaba de sumar un capítulo especialmente delicado. Durante los últimos meses, buena parte de la conversación se centró en quién tenía los modelos más potentes para programar, razonar o resolver tareas complejas. Pero ahora la disputa entró en un terreno mucho más sensible: la ciberseguridad.

    El protagonista es GLM-5.2, el nuevo modelo de Zhipu AI, también conocida como Z.ai. Según un análisis de Semgrep, este modelo de pesos abiertos logró superar a Claude Code en una prueba de detección de vulnerabilidades IDOR y quedó por encima de Claude Opus 4.8 cuando ambos fueron evaluados con una configuración mínima de prompt y entorno. La propia empresa tituló su informe con una frase muy gráfica: “tenemos un Mythos en casa”.

    El salto chino no está solo en programar mejor

    Hasta ahora, muchos modelos abiertos habían demostrado ser útiles para tareas de código, automatización o razonamiento general, pero seguían claramente por detrás de los sistemas cerrados más avanzados cuando se trataba de trabajos complejos de seguridad. GLM-5.2 empieza a cambiar esa percepción porque no solo compite en programación, sino también en análisis de repositorios, búsqueda de fallos y tareas agénticas largas.

    Semgrep explica que GLM-5.2 es un modelo Mixture-of-Experts con unos 750.000 millones de parámetros totales, aunque solo activa alrededor de 40.000 millones por token. Esa arquitectura le permite tener un tamaño enorme sin que cada consulta tenga el mismo coste que mover el modelo completo. Además, el informe destaca su contexto extendido de hasta un millón de tokens, una característica especialmente importante cuando una IA necesita seguir relaciones entre archivos, permisos y rutas de autorización dentro de un proyecto.

    Graphistry llegó a una conclusión parecida desde otro ángulo. En sus pruebas de investigación cibernética, GLM-5.2 obtuvo una tasa de resolución de 28 sobre 59, igualando a configuraciones con Claude Opus 4.7 y 4.8 en determinados benchmarks. Aun así, la empresa remarca un matiz clave: el modelo no lo explica todo, porque el “harness”, es decir, el entorno que guía al modelo durante la tarea, puede cambiar mucho el resultado final

    El verdadero problema es que sus pesos están abiertos

    La diferencia central con modelos como los de Anthropic u OpenAI es que GLM-5.2 puede descargarse, ejecutarse localmente y modificarse. Semgrep aclara que “pesos abiertos” no significa exactamente “código abierto”, porque los pesos están disponibles, pero no necesariamente todo el entrenamiento o los datos utilizados. Aun así, para equipos de seguridad esto es muy atractivo porque permite trabajar dentro de entornos privados sin enviar código sensible a terceros.

    El lado oscuro es evidente. Axios señala que, al poder ejecutarse fuera de plataformas comerciales, este tipo de modelos reduce la capacidad de supervisión sobre usos maliciosos. A diferencia de un servicio cerrado, donde un proveedor puede detectar abuso y bloquear cuentas, un modelo local puede funcionar sin esa capa de control.

    Por eso el debate no es solamente técnico. The Wall Street Journal informó que investigadores de seguridad ya consideran que los sistemas chinos han igualado a algunos modelos estadounidenses en ciertos escenarios de búsqueda de bugs, aunque todavía estarían por detrás en otras tareas. Esa combinación —más capacidad, menor coste y mayor disponibilidad— es la que está encendiendo las alarmas.

    Lo más llamativo es que esto ocurre mientras EEUU intenta limitar el acceso a sus modelos más avanzados por motivos de seguridad. Si los sistemas cerrados se vuelven más difíciles de usar, pero los modelos chinos abiertos avanzan rápido, el equilibrio de poder puede cambiar. La paradoja es evidente: Washington busca contener los riesgos, pero esa misma cautela podría darle más espacio a China para ocupar el terreno abierto de la IA.

    GLM-5.2 no demuestra que China ya haya ganado la carrera. Pero sí deja una señal difícil de ignorar: la distancia con los modelos frontera de EEUU se está estrechando justo en una de las áreas donde esa ventaja importaba más.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • Ferrari acaba de vender su eléctrico más raro en China: y el verdadero mensaje no es para Europa, sino para sus rivales chinos

    Ferrari acaba de vender su eléctrico más raro en China: y el verdadero mensaje no es para Europa, sino para sus rivales chinos

    Ferrari acaba de hacer algo que parecía arriesgado incluso para una marca acostumbrada a jugar con sus propias reglas. Su primer coche eléctrico, el Luce, debutó en China con un precio de partida cercano a los 586.600 dólares, unos 3,98 millones de yuanes, y una asignación inicial de 88 unidades que, según los primeros reportes, se agotó rápidamente. La cifra puede parecer pequeña, pero en Ferrari casi nada se mide como en el resto de la industria.

    El dato es importante porque llega en un momento especialmente complicado para los fabricantes extranjeros en China. El mercado chino se ha volcado hacia sus propias marcas, sobre todo en el coche eléctrico, donde empresas como BYD, Huawei, Nio o Xiaomi han demostrado que pueden ofrecer vehículos muy avanzados, cargados de tecnología y con precios mucho más agresivos que los europeos. En ese contexto, vender un eléctrico de casi 600.000 dólares no es simplemente vender un coche: es demostrar que la marca todavía tiene un poder simbólico enorme.

    Ferrari acaba de vender su eléctrico más raro en China: y el verdadero mensaje no es para Europa, sino para sus rivales chinos
    © Ferrari – Youtube.

    Ferrari no compite por precio: compite por deseo

    El Luce no llega a China para pelear contra las berlinas eléctricas locales en autonomía, pantallas, asistentes de conducción o relación calidad-precio. De hecho, ese terreno lo dominan cada vez mejor los fabricantes chinos. Modelos como el Maextro S800, desarrollado por Huawei y JAC, apuntan directamente al lujo tecnológico con interiores llenos de pantallas, asientos traseros de primera clase, sistemas avanzados de asistencia y una integración profunda con el ecosistema digital chino.

    Ferrari juega otra partida. El Luce cuesta varias veces más que muchos de esos coches, pero ofrece algo que no se puede copiar con una ficha técnica: pertenencia, rareza y exclusividad. En el mercado chino, donde el coche eléctrico ya no es una novedad sino una norma aspiracional, Ferrari parece haber entendido que su primer eléctrico no podía limitarse a ser “un Ferrari sin motor de combustión”. Tenía que ser algo extraño, reconocible y difícil de clasificar.

    Ese enfoque explica parte de la polémica. El Luce fue criticado por su diseño, por alejarse del imaginario clásico de Maranello y por romper con el sonido, la estética y la tradición asociada a la marca. Reuters describió el modelo como una apuesta arriesgada en una etapa eléctrica todavía incierta para los fabricantes de lujo, mientras que otros análisis remarcaron que Ferrari busca atraer a una nueva generación de clientes ultrarricos, más familiarizada con la tecnología que con la nostalgia mecánica.

    China está marcando el camino del lujo eléctrico

    Lo más interesante es que el éxito inicial del Luce no solo beneficia a Ferrari. También confirma algo que los fabricantes chinos ya vienen demostrando: el futuro del lujo en China será eléctrico, tecnológico y diferente al lujo europeo tradicional. La diferencia es que Ferrari todavía puede cobrar por una capa adicional de deseo que pocos competidores tienen.

    Hay un matiz importante: algunos medios señalan que Ferrari Beijing seguía aceptando pedidos después del supuesto “todo vendido”, por lo que conviene leer el dato con prudencia. Aun así, la lectura de fondo no cambia demasiado. Incluso si no hablamos de un agotamiento absoluto, sí hablamos de una recepción muy fuerte para un coche carísimo, polémico y radicalmente distinto a lo que muchos esperan de Ferrari.

    Para los fabricantes chinos, la señal es clara. Ya no basta con hacer coches eléctricos más baratos, más rápidos o más equipados. En la gama alta, el siguiente reto será construir deseo global, identidad y estatus. Ferrari acaba de demostrar que, incluso en el mercado donde las marcas locales parecen imparables, una propuesta rara y exclusiva todavía puede abrirse paso.

    El Luce no confirma solamente que Ferrari puede vender un eléctrico. Confirma algo más profundo: en China, el lujo del futuro no será necesariamente el que más se parezca al pasado, sino el que consiga parecer irrepetible.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • La Ley de Moore cambia de dirección: los chips ya no solo serán más pequeños, también crecerán hacia arriba

    La Ley de Moore cambia de dirección: los chips ya no solo serán más pequeños, también crecerán hacia arriba

    Durante décadas, la evolución de los chips pareció seguir una regla bastante simple: hacer cada componente más pequeño para meter más transistores en el mismo espacio. Esa lógica permitió que los procesadores fueran cada vez más potentes, eficientes y densos. Sin embargo, la industria está entrando en una etapa mucho más compleja, en la que reducir dimensiones ya no será suficiente.

    La nueva hoja de ruta de IMEC, uno de los centros de investigación más importantes del mundo en semiconductores, apunta a 2038 como el año en el que podrían llegar los chips de clase 3 ángstroms, es decir, 0,3 nanómetros. La fecha llama la atención porque retrasa algunas previsiones anteriores, pero también deja una idea mucho más clara: el futuro del silicio dependerá tanto de nuevas máquinas de litografía como de una arquitectura completamente distinta.

    El problema no es solo dibujar circuitos más pequeños

    Para llegar a escalas tan extremas, mejorar la fotolitografía no alcanza. Las máquinas EUV de alta apertura numérica y, más adelante, los sistemas Hyper-NA serán una parte fundamental del proceso, porque permitirán imprimir patrones cada vez más precisos sobre la oblea. IMEC y ASML ya estudian esa próxima etapa, con aperturas superiores a las actuales High-NA, pensadas para llevar la fabricación hacia la era de los ángstroms.

    Pero el límite principal empieza a aparecer en otro lugar: la geometría del transistor. IMEC prevé que el contact poly pitch, una de las medidas clave para saber cuánto se está reduciendo la distancia entre transistores, deje de escalar de forma significativa alrededor de la generación A10, prevista para 2030. En otras palabras, llegará un punto en el que seguir achicando todo en horizontal dejará de dar los resultados de antes.

    Ahí entra en escena la gran transición: pasar de los transistores GAA a los CFET. Los GAA, adoptados por la industria en la generación de 2 nm, rodean el canal con la puerta para mejorar el control eléctrico. Todavía tienen recorrido y, según IMEC, seguirán siendo útiles hasta A10, pero mantienen una limitación importante: los transistores de tipo n y tipo p siguen ubicados uno al lado del otro.

    La próxima revolución será apilar transistores

    Los CFET cambian esa lógica porque colocan los transistores n y p uno encima del otro. En vez de seguir ocupando más espacio horizontal, la arquitectura aprovecha la dimensión vertical para reducir el área de las celdas lógicas. Es un cambio profundo, porque permite seguir aumentando la densidad incluso cuando el escalado tradicional empieza a quedarse sin margen físico.

    IMEC sitúa esta arquitectura como candidata para la generación A7, alrededor de 2033, y la proyecta hasta A3, la generación asociada a los 0,3 nm en 2038. En ese camino también aparecerán mejoras como la entrega de energía por la parte trasera de la oblea, nuevas formas de contacto y estructuras CFET más avanzadas, necesarias para que el apilamiento no se convierta en un problema térmico o eléctrico.

    Lo más interesante es que esta hoja de ruta cambia la forma de entender la Ley de Moore. Ya no se trata únicamente de reducir el tamaño de cada transistor, sino de rediseñar cómo se organizan dentro del chip. La densidad futura dependerá cada vez más de la altura de las celdas, del apilamiento vertical, de la entrega de energía y de la integración 3D. El silicio todavía no llegó a su final, pero su supervivencia dependerá de dejar de crecer solo hacia los costados y empezar a hacerlo hacia arriba.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • China quiere duplicar el tamaño de Tiangong justo cuando la Estación Espacial Internacional entra en su recta final. La NASA busca evitar que Pekín se quede sola en la órbita baja

    China quiere duplicar el tamaño de Tiangong justo cuando la Estación Espacial Internacional entra en su recta final. La NASA busca evitar que Pekín se quede sola en la órbita baja

    Durante décadas, la Estación Espacial Internacional fue el gran símbolo de la presencia humana permanente en la órbita baja. Un laboratorio gigantesco, construido entre varias potencias, habitado sin interrupciones y convertido en una rareza diplomática: incluso cuando la política terrestre se tensaba, la EEI seguía girando sobre nuestras cabezas. Pero esa etapa tiene fecha de caducidad. Y China parece decidida a llegar a ese momento con una estación espacial mucho más grande que la actual.

    Según informó la agencia estatal Xinhua, China planea ampliar Tiangong, su estación espacial, desde la configuración actual de tres módulos hasta una arquitectura mucho más ambiciosa. La primera fase sumará un módulo multifuncional de unas 20 toneladas acoplado al módulo central Tianhe, lo que transformará la estación de su actual forma de “T” a una estructura en cruz. Más adelante, el plan contempla añadir otros dos módulos de laboratorio y llevar la masa total de la estación de unas 90 toneladas a hasta 180 toneladas.

    La noticia llega en un momento especialmente delicado para Estados Unidos. La NASA mantiene el plan de retirar la Estación Espacial Internacional al final de su vida operativa, alrededor de 2030, y ya seleccionó a SpaceX para desarrollar el vehículo que permitirá desorbitarla de forma controlada. El contrato tiene un valor potencial de 843 millones de dólares, y la agencia estadounidense asumirá la propiedad del vehículo una vez desarrollado para ejecutar la maniobra final.

    Tiangong quiere pasar de estación espacial a gran centro orbital

    La estación china ya funciona como un laboratorio en órbita, pero Pekín sostiene que su capacidad empieza a quedarse corta. Según Xinhua, Tiangong ha desplegado hasta ahora 267 proyectos científicos y de aplicación, y solo en el último año incorporó 86 nuevos experimentos en órbita. También envió cerca de 1.179 kilos de material científico y devolvió 105 kilos de muestras experimentales, generando más de 150 terabytes de datos.

    El argumento chino es sencillo: si aumentan los experimentos, las misiones tripuladas y los vuelos de carga, también hacen falta más volumen habitable, más almacenamiento, más puertos de acoplamiento y más margen operativo. Xinhua cita a Qian Hang, investigador vinculado a la industria aeroespacial china, quien explicó que una actividad más intensa podría crear “colas” para usar puertos de atraque y reducir el espacio de emergencia disponible.

    Ese punto es clave. La ampliación no busca solo hacer que Tiangong pese más o se vea más impresionante en renders. También pretende aumentar la flexibilidad de la estación: permitir más naves acopladas al mismo tiempo, sumar una esclusa adicional para actividades extravehiculares y ampliar la capacidad para experimentos, reparaciones y mantenimiento en órbita.

    Xuntian, el telescopio que orbitará cerca de Tiangong

    China quiere duplicar el tamaño de Tiangong justo cuando la Estación Espacial Internacional entra en su recta final. La NASA busca evitar que Pekín se quede sola en la órbita baja
    © Jin Liwang.

    Antes incluso de que Tiangong complete esa expansión, China espera sumar una pieza especialmente importante a su ecosistema orbital: el telescopio espacial Xuntian. Según Xinhua, está previsto para 2027 y volará en una órbita cercana a la estación, aunque no permanecerá instalado de forma fija en ella. La idea es que opere separado para evitar interferencias de vibraciones o movimientos de astronautas, pero que pueda acoplarse a Tiangong cuando necesite mantenimiento.

    De acuerdo con Space.com, Xuntian tendrá un espejo primario de dos metros, una cámara de 2.500 millones de píxeles y un campo de visión unas 300 veces mayor que el del Hubble. Su objetivo será cartografiar alrededor del 40% del cielo durante una misión prevista de 10 años. No será simplemente “mejor que Hubble”: jugará a otra cosa. Hubble es una herramienta extraordinaria para observar detalles concretos; Xuntian estará pensado para cubrir enormes regiones del cielo con gran eficiencia.

    La conexión con Tiangong puede darle una ventaja operativa interesante. Si el telescopio puede ser revisado, reparado o actualizado por astronautas desde la estación china, Pekín tendría un observatorio espacial de gran escala integrado en una infraestructura humana permanente. Es una forma de convertir la estación no solo en un laboratorio, sino en un nodo de servicio espacial.

    La EEI se acerca al final y la NASA no quiere un vacío

    Mientras China agranda Tiangong, la NASA tiene su propio problema: cómo reemplazar la EEI sin perder presencia humana continua en la órbita baja. La agencia lleva años defendiendo una transición hacia estaciones espaciales comerciales, de propiedad privada, donde NASA sería uno de varios clientes. Su página oficial sobre estaciones comerciales sostiene que el objetivo es pasar de la EEI a nuevas plataformas en órbita baja “tan pronto como sea posible” y reducir el riesgo de una brecha de capacidad tripulada.

    El problema es que el calendario aprieta. Un informe reciente de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos, la GAO, advierte que NASA aún no ha finalizado su enfoque de adquisición para esa transición. También señala que la agencia trabaja con seis compañías estadounidenses en diseños de estaciones comerciales, pero que existe riesgo de una brecha si esas plataformas no están listas antes de que la EEI sea retirada.

    Ese mismo informe agrega otro giro relevante: en marzo de 2026, NASA introdujo una alternativa que incluiría un módulo central de propiedad gubernamental al que luego podrían acoplarse módulos comerciales. Es decir, un esquema más híbrido que el plan original de depender casi por completo de estaciones privadas.

    La competencia ahora también es por no quedarse sin estación

    La tensión de fondo es evidente. China tiene una estación nacional operativa, planea hacerla más grande y quiere convertirla en un complejo orbital más versátil. Estados Unidos, en cambio, debe retirar una estación envejecida, confiar en que el sector privado llegue a tiempo y decidir si mantiene el rumbo comercial puro o recupera parte del control directo con una infraestructura gubernamental.

    Según Reuters, el Senado estadounidense incluso llegó a considerar extender la vida útil de la EEI hasta 2032 para dar más tiempo a las empresas que desarrollan sustitutos comerciales. La propuesta se enmarca en una preocupación más amplia por la creciente presencia espacial de China, incluida Tiangong y sus planes de alunizaje tripulado hacia 2030.

    No es una carrera espacial igual a la del siglo XX. Ya no se trata solo de plantar una bandera, lanzar el cohete más grande o alcanzar primero un destino. La competencia ahora también pasa por algo menos vistoso, pero mucho más estratégico: quién puede sostener operaciones humanas constantes, ciencia, logística, mantenimiento, diplomacia espacial y actividad comercial en órbita baja.

    Tiangong todavía es mucho más pequeña que la Estación Espacial Internacional. Incluso duplicada, seguiría estando por debajo de la escala histórica de la EEI. Pero el punto no es solo el tamaño. El punto es el calendario. Si la estación internacional baja hacia el Pacífico antes de que sus reemplazos estén listos, China podría encontrarse con la plataforma estatal más importante y estable de la órbita terrestre. Y en el espacio, como en la Tierra, a veces la ventaja no la tiene quien construye lo más grande, sino quien logra que su infraestructura siga funcionando cuando la de los demás ya empezó a apagarse.

  • China cerró el grifo de un metal casi invisible: el itrio ya es un problema para las turbinas de gas de Estados Unidos

    China cerró el grifo de un metal casi invisible: el itrio ya es un problema para las turbinas de gas de Estados Unidos

    La tierra rara de la que casi nadie hablaba

    Cuando se habla de tierras raras, casi siempre aparecen los mismos nombres: neodimio, disprosio, terbio o praseodimio. Son los elementos que sostienen los imanes permanentes usados en coches eléctricos, aerogeneradores, drones, misiles y todo tipo de tecnología avanzada.

    Pero el último punto débil de Estados Unidos tiene otro nombre: itrio.

    Este metal no es famoso, no está en el centro del debate público y hasta hace poco parecía un detalle técnico dentro de una cadena de suministro mucho más grande. Sin embargo, China acaba de demostrar que los materiales más estratégicos no siempre son los más conocidos.

    El itrio es fundamental para fabricar revestimientos de barrera térmica, una capa protectora que permite que las palas de las turbinas de gas y los motores de reacción soporten temperaturas extremas sin degradarse.

    Sin esa protección, las máquinas que generan electricidad o impulsan aviones no podrían trabajar en las mismas condiciones.

    Por qué importa tanto en las turbinas

    Las turbinas modernas funcionan en entornos de calor extremo. Cuanto mayor es la temperatura de operación, más eficiente puede ser la máquina, pero también aumenta el riesgo de dañar sus componentes internos.

    Ahí entra el itrio, especialmente en materiales como la zirconia estabilizada con itria. Este revestimiento actúa como una barrera térmica entre los gases calientes y las palas metálicas de la turbina.

    No es un accesorio. Es una pieza silenciosa de la infraestructura energética y aeroespacial.

    El problema es que Estados Unidos depende casi por completo de importaciones para acceder a este material. Y buena parte de esa cadena pasa por China, no solo por la extracción, sino también por el procesamiento y refinado.

    China no necesita cortar todo para causar presión

    La medida china no funciona necesariamente como un cierre absoluto e inmediato de todas las tierras raras. Es más sutil: controles de exportación, licencias, demoras, aprobaciones selectivas y mayor vigilancia sobre desvíos a través de terceros países.

    Pero en la práctica, esa administración del flujo puede ser suficiente para generar escasez.

    Reuters ya había informado que los envíos de itrio desde China a Estados Unidos se frenaron con fuerza después de los controles de abril de 2025. Aunque hubo algunos movimientos posteriores, el suministro no volvió a la normalidad previa.

    Eso deja a fabricantes de turbinas, motores y componentes críticos en una posición incómoda: pueden tener inventarios, pero no una cadena alternativa sólida para reemplazar a China rápidamente.

    El golpe llega en el peor momento

    El timing tampoco ayuda. Estados Unidos está atravesando una expansión enorme de centros de datos vinculados a inteligencia artificial, y ese crecimiento está presionando la demanda eléctrica.

    Goldman Sachs Research estima que la demanda energética de los centros de datos en EE. UU. podría duplicarse hacia 2027. Para responder a esa presión, muchas utilities y empresas miran al gas natural como una fuente capaz de entregar energía firme mientras se desarrollan otras soluciones.

    Eso significa más interés por turbinas de gas. Y si las turbinas dependen de revestimientos con itrio, un problema en este metal deja de ser una rareza química para convertirse en un cuello de botella energético.

    La carrera de la IA no solo necesita chips. También necesita electricidad, redes, refrigeración, materiales y máquinas capaces de funcionar sin interrupciones.

    La alternativa no aparece de un día para otro

    Diversificar el suministro de tierras raras es mucho más difícil que abrir una nueva mina. Hace falta extraer, separar, refinar, purificar, certificar y escalar procesos industriales muy específicos.

    En el caso del itrio, el desafío es mayor porque no suele producirse como un metal principal, sino como parte de cadenas más complejas asociadas a otros minerales. Construir una alternativa fuera de China exige tiempo, capital, permisos ambientales, conocimiento técnico y clientes dispuestos a firmar contratos a largo plazo.

    Por eso la vulnerabilidad no es coyuntural. Es estructural.

    Estados Unidos puede anunciar inversiones, acuerdos con aliados o proyectos domésticos, pero transformar esas promesas en toneladas disponibles para la industria lleva años.

    El mensaje de fondo

    La crisis del itrio deja una lección incómoda: las cadenas tecnológicas no fallan solo por los componentes visibles.

    Un país puede tener chips, turbinas, centros de datos, aviones y fábricas avanzadas, pero quedar expuesto por un material pequeño que casi nadie seguía de cerca.

    China entendió hace tiempo que el poder industrial no está solo en fabricar productos finales, sino en controlar los pasos intermedios que todos los demás necesitan.

    El itrio no era el protagonista de la guerra tecnológica. Ahora empieza a parecer una de sus piezas más importantes.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • BMW acaba de darle un trabajo real al robot humanoide Figure 03. Su prueba más importante no será caminar como una persona, sino ordenar piezas al ritmo de una fábrica

    BMW acaba de darle un trabajo real al robot humanoide Figure 03. Su prueba más importante no será caminar como una persona, sino ordenar piezas al ritmo de una fábrica

    Durante los últimos años, los robots humanoides han vivido atrapados entre dos mundos: los videos espectaculares de laboratorio y la promesa, casi siempre exagerada, de que pronto estarán doblando ropa, lavando platos o moviéndose por casa como un mayordomo de ciencia ficción. Pero el verdadero examen para estas máquinas quizá no esté en el salón de una vivienda, sino en un lugar bastante menos glamuroso: una fábrica de coches.

    BMW acaba de dar un nuevo paso en esa dirección. Según confirmó el propio grupo alemán, el robot humanoide Figure 03 comenzará a trabajar en Plant Spartanburg, la enorme planta de BMW en Carolina del Sur, dentro de una aplicación logística más compleja que la de sus pruebas anteriores. La compañía lo enmarca dentro de su apuesta por la llamada Physical AI, es decir, sistemas de inteligencia artificial conectados con máquinas capaces de operar en procesos físicos reales.

    De cargar piezas del BMW X3 a ordenar la logística de montaje

    BMW acaba de darle un trabajo real al robot humanoide Figure 03. Su prueba más importante no será caminar como una persona, sino ordenar piezas al ritmo de una fábrica
    © BMW.

    BMW ya venía probando robots humanoides en Spartanburg. En una fase anterior, el Figure 02 trabajó durante diez meses en el área de carrocería, insertando piezas de chapa metálica para el proceso de soldadura. De acuerdo con BMW, ese piloto apoyó la producción de más de 30.000 BMW X3, en una tarea que exigía velocidad, precisión y repetición constante.

    La revista especializada Assembly detalló además que los robots Figure 02 llegaron a acumular 1.250 horas de funcionamiento, con turnos de diez horas de lunes a viernes, y cargaron más de 90.000 piezas durante el piloto. Su trabajo era relativamente acotado: tomar componentes de racks o contenedores y colocarlos en utillajes de soldadura, dentro de un flujo muy definido.

    Figure 03 tendrá ahora un reto distinto. Según explica BMW, los componentes llegan en grandes contenedores y sin ordenar. El robot deberá recogerlos y clasificarlos en un carro de secuenciación, que después será llevado a un punto de recogida para que un tren automatizado o un Smart Transport Robot traslade las piezas hasta el lugar de instalación. Allí se entregarán a los empleados de montaje “just in sequence”, es decir, en el orden exacto en que deben usarse.

    Un robot humanoide para una tarea que no siempre se repite igual

    BMW acaba de darle un trabajo real al robot humanoide Figure 03. Su prueba más importante no será caminar como una persona, sino ordenar piezas al ritmo de una fábrica
    © BMW.

    La diferencia es importante. Los robots industriales tradicionales son extraordinarios cuando una tarea está perfectamente delimitada, repetida y controlada. Una línea de montaje lleva décadas usando brazos robóticos con una precisión imposible para un humano. Pero la logística interna de una fábrica tiene otra dificultad: piezas con distintas formas, pesos, orientaciones y condiciones de llegada.

    Ahí es donde BMW y Figure quieren probar si un humanoide tiene sentido. No porque tenga dos piernas o una cabeza negra brillante, sino porque su forma le permite interactuar con espacios, carros, contenedores y herramientas diseñadas originalmente para trabajadores humanos. La promesa es que pueda incorporarse sin rediseñar por completo el entorno.

    Figure 03 llega con varias mejoras frente a la generación anterior. Según BMW, incorpora componentes blandos para mejorar la seguridad, carga inalámbrica para aumentar la disponibilidad, funciones de audio para comunicación por voz y manos mejoradas con sensores táctiles y cámaras en las palmas. Figure AI, por su parte, presentó este modelo en octubre de 2025 como un rediseño de hardware y software pensado para Helix, su sistema de inteligencia artificial de visión, lenguaje y acción.

    La casa puede esperar: la fábrica es el verdadero campo de pruebas

    BMW acaba de darle un trabajo real al robot humanoide Figure 03. Su prueba más importante no será caminar como una persona, sino ordenar piezas al ritmo de una fábrica
    © BMW.

    Figure 03 fue mostrado al público con un fuerte enfoque doméstico: recoger objetos, manipular vajilla, doblar ropa o moverse en espacios cotidianos. Pero incluso ahí conviene pisar el freno. Tal como contó TIME en su perfil sobre la compañía, el robot todavía no estaba listo para un uso doméstico generalizado en el momento de su presentación, y buena parte del desafío seguía estando en recopilar datos suficientes para entrenar mejor sus capacidades físicas.

    Por eso la fábrica de BMW puede ser un escenario más realista. Es un entorno exigente, pero también más estructurado que una vivienda. Hay tareas repetidas, zonas delimitadas, flujos de trabajo medibles y métricas claras: precisión, ritmo, seguridad, intervenciones humanas y continuidad operativa.

    BMW vincula este piloto con su estrategia iFACTORY, especialmente en el Hall 52 de Spartanburg, donde se ensamblan variantes del BMW X3 y más adelante está previsto producir el BMW iX5 electrificado. La planta ya utiliza simulaciones 3D para optimizar procesos, además de sistemas de visión y sonido basados en IA para control de calidad y feedback en tiempo real a los operarios.

    La pregunta, entonces, no es si Figure 03 puede verse impresionante en un video. Eso ya lo consiguió. La pregunta es si puede trabajar durante horas en una tarea cambiante, mantener la precisión, no frenar el flujo de montaje y justificar su presencia frente a soluciones industriales más tradicionales. En una fábrica, el futuro de los robots humanoides no se mide por lo mucho que se parecen a nosotros, sino por algo bastante más frío: si realmente ayudan a que el trabajo salga mejor.

  • NASA ya empezó a buscar quién construirá las piezas clave de su futura base lunar. El plan no arranca con astronautas, sino con energía, agua, oxígeno y fábricas fuera de la Tierra

    NASA ya empezó a buscar quién construirá las piezas clave de su futura base lunar. El plan no arranca con astronautas, sino con energía, agua, oxígeno y fábricas fuera de la Tierra

    La imagen de una base lunar suele empezar por lo más evidente: módulos presurizados, astronautas caminando sobre el regolito, paneles solares desplegados en la superficie y vehículos moviéndose entre cráteres. Pero antes de llegar a esa postal hay una pregunta bastante menos cinematográfica y mucho más decisiva: cómo se mantiene viva y operativa una presencia humana en un lugar donde no hay aire respirable, las noches duran días terrestres y cada tornillo enviado desde la Tierra cuesta una fortuna.

    NASA acaba de dar un paso en esa dirección. Según anunció la agencia, abrió un período de comentarios para que organizaciones de Estados Unidos revisen el borrador del Lunar Enabling Infrastructure Accelerator, una convocatoria pensada para acelerar tecnologías de superficie lunar y reducir riesgos antes de futuras misiones. El documento está disponible para empresas, instituciones educativas y entidades sin fines de lucro estadounidenses, que podrán enviar observaciones hasta el 17 de julio de 2026.

    No se trata de una simple consulta administrativa. La NASA está intentando ordenar una parte fundamental de su estrategia lunar: las tecnologías que permitirían pasar de misiones puntuales a una presencia sostenida. En otras palabras, no alcanza con volver a la Luna. La parte difícil es quedarse.

    La Luna necesita algo más que cohetes

    NASA ya empezó a buscar quién construirá las piezas clave de su futura base lunar. El plan no arranca con astronautas, sino con energía, agua, oxígeno y fábricas fuera de la Tierra
    © Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory.

    De acuerdo con la NASA, la exploración lunar de largo plazo requiere que tecnologías, infraestructura y operaciones funcionen de forma coordinada en la superficie. Por eso la agencia busca comentarios sobre requisitos, calendarios, instrucciones de presentación y criterios de evaluación antes de cerrar los parámetros finales de la convocatoria. Greg Stover, director de la Advanced Research and Technology Division en la sede de NASA, señaló que esta revisión permitirá detectar ambigüedades o preocupaciones del sector antes de avanzar con la versión definitiva.

    El programa forma parte de NextSTEP-3 Appendix A, bajo la solicitud 80GRC026R0008, y apunta a que los futuros seleccionados diseñen, desarrollen y demuestren sistemas prototipo. También deberán generar datos de rendimiento validados, modelos analíticos e información operativa a partir de pruebas y demostraciones.

    La clave está en que la NASA no quiere pensar la base lunar como una sola cosa, sino como un ecosistema. Una base no es únicamente un refugio. Es energía constante, almacenamiento, sistemas de fabricación, materiales resistentes, capacidad de usar recursos locales y herramientas capaces de funcionar lejos de cualquier cadena de suministro terrestre.

    Cinco tecnologías para sostener una base lunar

    NASA ya empezó a buscar quién construirá las piezas clave de su futura base lunar. El plan no arranca con astronautas, sino con energía, agua, oxígeno y fábricas fuera de la Tierra
    © Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory.

    El Lunar Enabling Infrastructure Accelerator se concentra en cinco áreas tecnológicas. Según detalla la NASA, estas líneas responden a brechas identificadas en sus Civil Space Shortfalls, el informe con carencias tecnológicas relevantes para futuras misiones civiles en la Luna y en la región cislunar, el espacio comprendido entre la Tierra y su satélite.

    La primera es la energía de superficie. Parece obvio, pero es uno de los grandes problemas de cualquier presencia lunar sostenida. Una base necesita generación eléctrica continua, localizada y escalable durante el día y la noche lunar. Eso incluye producir energía, gestionarla, distribuirla y almacenarla. Sin una red energética fiable, no hay hábitats estables, operaciones científicas prolongadas ni sistemas autónomos trabajando durante semanas.

    La segunda área es la energía radioisotópica, una tecnología nuclear que aprovecha calor para producir electricidad. NASA la vincula con operaciones en lugares oscuros, polvorientos y remotos del Sistema Solar, donde depender solo del Sol puede ser una limitación. En la Luna, esta clase de sistemas puede ser especialmente importante para atravesar períodos de oscuridad o alimentar equipos críticos en zonas donde la iluminación es irregular.

    La tercera es el aprovechamiento de recursos in situ, conocido como ISRU por sus siglas en inglés. La idea es sencilla de explicar y extremadamente difícil de ejecutar: usar materiales disponibles en la propia Luna para reducir la dependencia de los suministros enviados desde la Tierra. Según la agencia, estas tecnologías podrían ayudar a producir combustible, agua y oxígeno a partir de recursos locales, ampliando las capacidades de exploración en superficie.

    Fabricar en la Luna para depender menos de la Tierra

    La cuarta prioridad es la fabricación avanzada en el espacio. Aquí aparece uno de los cambios más interesantes de la exploración lunar moderna. Una presencia humana de largo plazo más allá de la órbita terrestre no puede depender de que cada herramienta, repuesto o componente viaje desde nuestro planeta. La NASA plantea que será necesario producir de forma autónoma materiales y piezas esenciales, tanto para ganar flexibilidad como para aumentar la resiliencia de futuras misiones en la Luna, Marte y otros destinos del espacio profundo.

    La quinta línea se centra en nanomateriales innovadores. La agencia los relaciona con tres frentes a la vez: la comercialización de la órbita terrestre baja, la presencia sostenida en la superficie lunar y la exploración del espacio profundo. En todos esos escenarios, los materiales tendrán que responder a restricciones severas de masa, rendimiento y resistencia ambiental. No es solo construir algo que funcione. Es construir algo que funcione lejos, durante mucho tiempo y bajo condiciones que castigan cualquier error de diseño.

    En su anuncio, la NASA resume el espíritu del programa con una frase bastante clara: las inversiones en tecnología espacial hacen posible “lo casi imposible” para la agencia y para Estados Unidos. La idea de fondo es que una presencia humana sostenida en la Luna exigirá ideas nuevas de una base industrial competitiva y una colaboración más estrecha con socios comerciales.

    La Luna, vista así, deja de ser únicamente un destino científico o simbólico. Empieza a parecerse a un enorme problema de infraestructura, energía, manufactura y logística. Y esa es justamente la parte menos espectacular, pero probablemente más importante, de cualquier futuro en el que los humanos no solo vuelvan a pisar su superficie, sino que aprendan a vivir y trabajar allí.