Un tren de océano a océano: China y Brasil estudian una línea que cruzaría la Amazonía y los Andes hasta el Pacífico

Hoy, un cargamento de soja que sale del corazón agrícola de Brasil rumbo a China suele viajar primero hacia los puertos del Atlántico y luego recorrer miles de kilómetros por mar, muchas veces atravesando el canal de Panamá o rodeando África. Un nuevo proyecto propone cambiar esa ruta de raíz: un ferrocarril que cruce Sudamérica de este a oeste, de la costa de Bahía hasta el océano Pacífico.

La idea tomó forma en julio de 2025, cuando la empresa estatal brasileña Infra S.A. y el China Railway Economic and Planning Research Institute firmaron en Brasilia un memorando de entendimiento para realizar los estudios técnicos de la llamada Ferrovia Bioceánica. Según la prensa sudamericana, esos estudios siguen avanzando y podrían demorar entre 18 y 20 meses.

La ruta: del Atlántico a Chancay

Puerto Chancay
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El trazado aprovecharía líneas ferroviarias que Brasil ya está construyendo. La Ferrovía de Integración Oeste-Este (FIOL) une el puerto de Ilhéus, en Bahía, con el estado de Goiás, y la Ferrovía de Integración Centro-Oeste (FICO) continúa hasta Lucas do Rio Verde, en Mato Grosso, uno de los mayores polos de producción de granos del mundo.

Desde allí, un nuevo eje avanzaría hacia el oeste por los estados de Rondônia y Acre, en plena región amazónica, hasta la frontera con Perú. Del lado peruano, el tren pasaría por Pucallpa y cruzaría los Andes hasta llegar al puerto de Chancay, a unos 70 kilómetros al norte de Lima. Solo el tramo peruano tendría unos 900 kilómetros.

Chancay, la pieza clave

El destino no es casual. Chancay es un megapuerto de aguas profundas desarrollado con capitales de la naviera estatal china Cosco Shipping e inaugurado a fines de 2024. Desde allí, los barcos pueden llegar a Shanghái en alrededor de cuatro semanas, sin pasar por el canal de Panamá.

Para Brasil, una salida directa al Pacífico podría reducir tiempos y costos para exportar soja, maíz y minerales a Asia. Para China, el principal comprador de esas materias primas, significaría asegurar una ruta más corta para abastecerse.

El desafío de ingeniería: selva y cordillera

Rio Amazonas
© Adam Śmigielski – Unsplash

Construir un ferrocarril así es una de las obras más complejas que se puedan imaginar. En la Amazonía, los ingenieros deberían lidiar con suelos inestables, lluvias torrenciales, ríos caudalosos y enormes distancias sin infraestructura. Luego vendría el cruce de los Andes, con pendientes pronunciadas, túneles y zonas sísmicas, en un tramo donde el tren debería subir a miles de metros de altura y volver a bajar hasta el mar.

A eso se suma la cuestión ambiental. Numerosos estudios muestran que las grandes vías de transporte en la Amazonía tienden a impulsar la deforestación a su alrededor, al facilitar el acceso a zonas antes remotas. Cualquier avance requerirá licencias ambientales y consultas con las comunidades indígenas de la región.

Todavía en fase de estudio

Por ahora, el ferrocarril existe solo en los papeles. Su construcción depende de los resultados de los estudios técnicos, de conseguir financiamiento, de obtener los permisos ambientales y de acuerdos entre los países involucrados, incluida la aprobación del gobierno peruano para su tramo. Algunas estimaciones difundidas en la prensa hablan de una posible puesta en marcha en unos cinco años si todo avanzara en paralelo, aunque no hay un cronograma oficial.

No es la primera vez que se proyecta un tren bioceánico en Sudamérica: la idea de unir ambos océanos por tierra se planteó varias veces en las últimas décadas sin concretarse. La diferencia ahora es el peso de China, que en los últimos años se convirtió en uno de los principales inversores en infraestructura de la región.

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