Buenos Aires no recibe simplemente a Eric Prydz. Lo espera. Y cuando eso pasa, no se trata de una fecha más en el calendario: se convierte en un punto de quiebre.
El próximo 1 de mayo, Mandarine Park propone algo distinto a la lógica habitual de la noche electrónica. Esta vez, todo empieza de día. Desde la tarde, con el sol todavía marcando el pulso del lugar, la experiencia se construye lentamente hasta fundirse con el atardecer. Y ahí es donde Prydz cobra todo el sentido.
Porque si hay algo que define al artista sueco no es solo su música, sino su manera de narrarla. Sus sets no funcionan como una sucesión de tracks, sino como un recorrido emocional donde cada transición tiene intención. Hay tensión, hay liberación, hay momentos que parecen suspendidos en el tiempo. Y cuando cae el sol, ese viaje suele alcanzar su punto más alto.
A lo largo de su carrera, Prydz logró algo que muy pocos artistas pueden sostener durante tanto tiempo: evolucionar sin perder identidad. Desde himnos globales hasta piezas más profundas bajo sus alias, su universo sonoro se mantiene coherente, sofisticado y absolutamente reconocible. No sigue tendencias, las anticipa.
En ese contexto aparece Colyn, y su presencia no es casual. Su última visita a Buenos Aires dejó claro que existe una conexión real con el público local. Hay algo en su sonido —melódico, introspectivo, con una sensibilidad muy marcada— que encaja perfecto con este tipo de propuestas donde la experiencia importa más que el impacto inmediato. Su set funciona como un puente ideal: prepara el terreno emocional y acompaña la narrativa sin romperla.
El lineup se completa con Eze Ramírez y Greta Meier, dos nombres que aportan lectura local a una noche pensada con criterio global. No están ahí para “abrir” la pista: están para construirla.
En un momento donde muchos shows parecen replicarse, este tipo de fechas recuperan algo esencial: la idea de vivir la música como experiencia. No solo ir a ver a un artista, sino entrar en su mundo por unas horas.
El 1 de mayo, Buenos Aires no solo va a bailar. Va a sentir.
Esta película religiosa sobre un hecho real de los 70 en Estados Unidos llegó a Netflix y sorprende a todos: las plataformas siguen renovando su catálogo y una producción basada en hechos reales está dando que hablar, ¿de cuál se trata?
Nos referimos a un film que mezcla drama, historia y espiritualidad, y que ya genera repercusión entre los usuarios. Ambientada en los años 70 en Estados Unidos, la narrativa revive un movimiento religioso que marcó a toda una generación y que hoy vuelve a despertar interés tras su llegada al streaming.
A lo largo del film los personajes reflejan distintas miradas sobre la fe, la juventud y los cambios sociales de la época, en una narrativa que fusiona lo íntimo con lo colectivo. Por otro lado, si bien la propuesta logró captar la atención del público, la crítica especializada tuvo opiniones variadas: algunos destacan su intención de retratar el espíritu de una comunidad, mientras que otros señalan que el relato podría haber profundizado más en sus contradicciones.
La revolución de Jesús
Sinopsis de La revolución de Jesús, la sorpresiva película que llegó a Netflix
La película cuenta la historia real de un despertar espiritual que tuvo lugar a comienzos de la década del 70 en el sur de California. En ese contexto, un grupo de jóvenes hippies inicia un movimiento que terminaría expandiéndose por todo el país.
La trama sigue de cerca el crecimiento de esta comunidad, mostrando cómo la fe, la búsqueda de sentido y la necesidad de pertenencia transforman la vida de sus protagonistas en un momento de cambio cultural profundo.
Tráiler de La revolución de Jesús
Embed – La revolución de Jesús | Tráiler oficial | HBO Max
Reparto de La revolución de Jesús
La película Jesus Revolution cuenta con un elenco destacado que da vida a esta historia basada en hechos reales. Estos son sus protagonistas principales:
Un espectacular cartel liderado por Jimi Jules, Trikk, DJ Koze, Damian Lazarus, Monolink y Guy Gerber entre otros
Bedouin regresa a Ibiza para el octavo año de su icónica residencia SAGA, desvelando su cartel más prestigioso hasta la fecha, que tendrá lugar en el histórico venue Chinois Ibiza. Celebrándose cada domingo desde el 21 de junio hasta el 4 de octubre de 2026, este concepto galardonado continúa evolucionando, y esta vez lo hace con un potente elenco de artistas de renombre internacional liderado por algunos de los nombres más influyentes de la música electrónica.
A la cabeza de la temporada 2026 destacan actuaciones de Jimi Jules, Trikk, DJ Koze, Damian Lazarus, Monolink y Guy Gerber, artistas que representan la vanguardia de la música electrónica melódica y underground. Su presencia marca una de las propuestas musicales más sólidas de SAGA hasta la fecha, reforzando la reputación de la residencia por su cuidada y visionaria curaduría.
A lo largo del verano, se sumará un cartel amplio y diverso. El line up completo incluye a Acid Pauli, Ageless, Avangart Tabldot, Baron, Damian Lazarus, Diass, DJ Koze, DJ Tennis, Dorian Craft, Fiona Kraft, Guy Gerber, Henrik Schwarz (Live), Jan Blomqvist (Live), Jimi Jules, Lee Burridge, Luch, Miluhska, Mira, Monolink (Live), Notre Dame, Osfur, Robin M, Tripolism, Trikk, Uvita y Viken Arman, todos ellos cuidadosamente seleccionados para reflejar el sonido híbrido y de influencia global que define a SAGA.
De vuelta en el entorno íntimo y atmosférico de Chinois Ibiza, situado dentro del Ibiza Gran Hotel en pleno corazón de la marina, Bedouin continúa dando forma a una residencia basada en la conexión, la narrativa y experiencias inmersivas en la pista de baile. La colaboración entre Bedouin y Chinois refleja una visión compartida centrada en la cultura, la comunidad y la profundidad musical.
Tras haber sido galardonado durante la temporada pasada, SAGA obtuvo en 2025 el premio Vicious Awards a la Mejor Fiesta House en Ibiza, consolidándose como una de las residencias más respetadas y duraderas de la isla. Año tras año, atrae a un público internacional unido por su pasión por la música electrónica profunda y emocional, así como por sus line ups innovadores.
La temática de 2026, Garden of Unearthly Delights, expande SAGA hacia una narrativa onírica que se desarrolla a lo largo de la temporada. Difuminando los límites entre realidad e imaginación, el concepto invita a los asistentes a adentrarse en un mundo donde la percepción cambia y el tiempo se disuelve, reflejando el característico sonido de Bedouin, que fusiona influencias ancestrales con la expresión electrónica moderna.
Con una reputación como uno de los proyectos más demandados de la escena underground, Bedouin (Tamer Malki y Rami Abousabe) continúa explorando nuevos límites a través de SAGA, su concepto insignia y plataforma global para la narrativa musical.
Tras un 2025 premiado, y con el anuncio de este cartel, el octavo año de SAGA se presenta como el más ambicioso hasta la fecha.
Se filtró una foto de Emilia Mernes en el día de la fiesta de la Selección: qué jugador la sacó y a quién abraza
La cantante estuvo presente en la celebración por la consagración en el Mundial de Qatar 2022 y, luego del escándalo, se dieron a conocer más imágenes.
El actor de cine para adultos Seth Peterson murió en su casa en Los Ángeles, California, a sus 28 años, según confirmó su pareja a través de las redes sociales, pero no dio a conocer las causas del fallecimiento. “Tengo el corazón roto”, indicó.
“Con gran pesar les comunico el fallecimiento de mi prometido y mejor amigo, Seth. Me faltan las palabras”, indicó el novio del actor, Cyrus Stark, quien también crea contenido para adultos bajo el nombre de Kobe Marsh.
Marsh también compartió un enlace de su página de GoFoundMe para cubrir los gastos del funeral. Según informes, el nombre real de Peterson era Adam Aguirre. El médico forense no precisó los detalles de la muerte, pero se encontraba en su domicilio.
Actor
Redes sociales
Peterson, nominado a varios premios de la industria a lo largo de su breve carrera, alcanzó notoriedad a comienzos de 2020 gracias a sus colaboraciones con Helix Studios, antes de expandirse a otras plataformas.
Su fallecimiento representa otro golpe significativo para la industria. Desde marzo de 2025, según la revista Out, al menos seis actores destacados también han fallecido, entre ellos Tim Kruger, Roman Mercury, Colton Ford, Koby Falks, Scott Finn y Lane Rogers.
El productor parisino Swann Decamme vuelve a mirar directamente al dancefloor con “Ritmo Solare”, un corte diseñado con mentalidad de DJ que combina groove latino, elegancia nocturna y una energía que funciona de inmediato en club. Publicado a través de Curiosity Music, el track se presenta como uno de los momentos más enfocados a pista dentro de su próximo álbum THERIOMORPHY.
Construido a 125 BPM, “Ritmo Solare” se apoya en un low end redondo y físico que sostiene una lluvia constante de percusiones. El resultado es un groove hipnótico que empuja la pista con naturalidad, manteniendo una tensión rítmica que evoluciona con cada compás. En medio de ese motor de club aparece el elemento inesperado: un piano funky con sabor a lounge, elegante y luminoso, que aporta una textura sofisticada sin perder la contundencia del track.
La identidad del tema se refuerza con un detalle minimalista pero efectivo: una vocal en español que emerge entre las capas rítmicas con una única palabra que actúa como detonante en la pista —“baila”—. Simple, repetitiva y directa, funciona como un guiño inmediato al público y al espíritu festivo del track.
Con más de quince años de trayectoria y cerca de 200 producciones publicadas, Swann Decamme ha desarrollado un enfoque camaleónico dentro de la electrónica, moviéndose entre grooves hipnóticos, escritura precisa y texturas orgánicas que conectan tanto con el club como con la escucha más narrativa. “Ritmo Solare” confirma esa dualidad: un track luminoso y directo que, sin perder sofisticación, está claramente diseñado para los momentos más cálidos del dancefloor.
El single se publica en versión álbum y extended club version el 27 de marzo de 2026 a través de Curiosity Music, marcando el inicio del camino hacia su próximo álbum THERIOMORPHY.
Emilia, en caída libre: sigue perdiendo seguidores tras su pelea con María Becerra y Tini
La artista se vio perjudicada en la disputa mediática entre las cantantes y quedó relegada en sus redes sociales, donde la cifra no para de bajar desde que comenzó el conflicto.
Dentro de Sparks Of Resilience EP, el nuevo trabajo colaborativo entre Kmyle y el veterano francés Umwelt, encontramos una de esas piezas que funcionan como punto de inflexión dentro de un lanzamiento pensado claramente para la pista de baile. “Shape The Reality” emerge como un corte de techno hipnótico y cerebral donde la tensión se construye con paciencia, apoyándose en una arquitectura sonora profundamente analógica.
Desde los primeros compases, el track despliega un groove sincopado que respira club oscuro: bombos compactos, percusiones metálicas y una línea de bajo que avanza con determinación. Sobre ese esqueleto rítmico aparecen capas de sintetizadores vibrantes que se expanden lentamente, creando una atmósfera melancólica y futurista al mismo tiempo. El resultado es un viaje de techno profundo que recuerda por momentos a la tradición rave europea, pero con una sensibilidad contemporánea que evita cualquier nostalgia vacía.
El trabajo conjunto entre Kmyle y Umwelt no es casual. Ambos artistas comparten décadas de experiencia dentro de la cultura techno underground y una afinidad por los sistemas modulares y los sintetizadores analógicos. Esa conexión se siente en la producción: cada textura parece dialogar con la siguiente, generando una sensación de movimiento constante, como si el track estuviera siempre a punto de abrir una nueva dimensión sonora.
“Shape The Reality” funciona así como un momento de catarsis dentro del EP. No busca el impacto inmediato sino la construcción progresiva de una tensión emocional que encuentra su lugar en las horas más profundas del club, cuando la pista ya está completamente sumergida en la música.
El EP Sparks Of Resilience se publica el 26 de marzo de 2026 en formato vinilo y digital a través de KMYLE Records, incluyendo cinco cortes que exploran una estética techno marcada por sintetizadores vibrantes, grooves complejos y atmósferas melancólicas fruto de décadas de cultura de club.
No todos los grandes cambios de la historia empiezan con una multitud mirando. Algunos arrancan en lugares absurdamente modestos, casi ridículos a ojos de su época. En marzo de 1926, en un huerto de Auburn, Massachusetts, un físico llamado Robert Goddard encendió un pequeño artefacto de aspecto precario y consiguió algo que, en ese momento, sonaba más a fantasía que a ciencia: hacer volar el primer cohete de combustible líquido de la historia.
Aquel vuelo fue breve, casi humillante si se mide con la vara del espectáculo. El cohete apenas se elevó unos 14 metros, estuvo en el aire menos de tres segundos y terminó cayendo no demasiado lejos del lugar de lanzamiento. Pero la magnitud de lo ocurrido no estaba en la altura ni en la duración, sino en el principio físico que acababa de demostrarse. Goddard no había construido simplemente un cohete que funcionaba: había puesto en marcha una arquitectura de propulsión que, cien años después, sigue siendo el corazón de buena parte de la exploración espacial.
Lo revolucionario no era el cohete en sí, sino la idea que llevaba dentro
Antes de Goddard, los cohetes existían desde hacía siglos, pero estaban atados a una limitación brutal: usaban combustible sólido. Eso servía para fuegos artificiales, armamento rudimentario o experimentos básicos, pero tenía un problema enorme si alguien soñaba con abandonar la Tierra: una vez encendidos, esos motores apenas permitían control. No podías regular el empuje con precisión ni gestionar el consumo de forma eficiente, y mucho menos pensar seriamente en una máquina capaz de viajar fuera de la atmósfera.
Goddard entendió que la salida estaba en otra parte. En lugar de depender de un bloque sólido que ardía sin demasiada flexibilidad, apostó por una solución mucho más sofisticada para la época: alimentar el motor con gasolina y oxígeno líquido, dos componentes almacenados por separado que podían mezclarse de forma controlada durante el funcionamiento. Ese detalle técnico cambió absolutamente todo. Porque no solo ofrecía más energía; ofrecía algo todavía más importante: control.
Y ahí está la razón por la que aquel experimento de huerto sigue importando un siglo después. La propulsión líquida no fue una curiosidad del pasado. Fue el momento en que los cohetes dejaron de ser artefactos explosivos relativamente toscos y empezaron a parecerse, por primera vez, a verdaderas máquinas de navegación.
El mundo no vio a un pionero espacial: vio a un hombre con una idea extravagante
Lo más fascinante de la historia de Goddard es que su gran avance no fue recibido como una epifanía científica, sino más bien como una mezcla de escepticismo, ironía y condescendencia. Y eso dice mucho sobre cómo solemos reaccionar ante las ideas que llegan demasiado pronto.
Años antes de aquel lanzamiento, Goddard ya había defendido públicamente la posibilidad de usar cohetes para alcanzar grandes altitudes e incluso, en teoría, llegar más allá de la Tierra. La respuesta fue demoledora. En 1920, The New York Times publicó un editorial ridiculizando sus planteamientos y sugiriendo, básicamente, que no entendía principios elementales de física, porque un cohete (según esa lógica errónea) no podría funcionar en el vacío al no haber oxígeno en el espacio.
El problema, claro, es que el que estaba equivocado no era Goddard. Era el editorialista. Precisamente porque el motor llevaba su propio oxidante, no necesitaba “respirar” aire externo para seguir funcionando. Dicho de otro modo: una de las críticas más famosas contra la cohetería moderna se vino abajo por no entender exactamente aquello que Goddard ya estaba resolviendo.
Ese tipo de incomprensión no fue anecdótico. Formó parte de la vida entera del inventor. En su país nunca recibió el reconocimiento proporcional a lo que estaba construyendo. Pero sus ideas sí cruzaron el Atlántico, y ahí la historia tomó un giro bastante más oscuro.
La tecnología que nació para llegar a Marte acabó alimentando la guerra… y luego nos llevó a la Luna
Como tantas otras tecnologías decisivas del siglo XX, la propulsión líquida no siguió una línea limpia ni idealista. Su desarrollo fue absorbido rápidamente por la lógica militar. Alemania entendió el potencial de esa arquitectura mucho antes que buena parte del establishment estadounidense, y el resultado fue una aceleración brutal de la ingeniería de cohetes durante la Segunda Guerra Mundial.
El salto entre aquel pequeño Nell de 1926 y los V-2 nazis fue gigantesco, pero el principio esencial seguía ahí: controlar el empuje mediante combustible y oxidante líquidos. La guerra deformó el propósito original de la tecnología, pero también la empujó hacia niveles de sofisticación que, después del conflicto, serían reciclados por la carrera espacial.
Y aquí aparece una de las ironías más potentes de toda esta historia: la idea que muchos trataron como una fantasía poco seria terminó convirtiéndose en la columna vertebral de la era espacial. Cuando la NASA llevó a los astronautas del Apolo 11 a la Luna en 1969, lo hizo con un cohete, el Saturn V, que seguía basándose en la misma familia de principios que Goddard había demostrado décadas antes en un huerto helado de Massachusetts.
Lo más increíble de todo es que, cien años después, seguimos dependiendo de aquella misma lógica
Uno podría pensar que un siglo de avances tecnológicos habría vuelto obsoleta esa arquitectura. Y, sin embargo, no ha ocurrido. Sí, hoy existen motores iónicos, investigación en propulsión nuclear térmica y conceptos futuristas que apuntan más lejos que nunca. Pero cuando llega el momento más brutal de cualquier misión espacial (escapar del pozo gravitatorio de la Tierra) la vieja lógica de Goddard sigue mandando.
Las misiones del programa Artemis, los grandes lanzadores orbitales contemporáneos y buena parte de los sistemas que se están diseñando para futuras misiones a Marte siguen utilizando variantes de la propulsión química líquida. Cambian los materiales, mejoran las cámaras de combustión, se afinan turbobombas, algoritmos y criogenia, pero la esencia continúa siendo la misma: almacenar combustible y oxidante, controlar su flujo y convertir esa mezcla en empuje suficiente para salir del planeta.
Incluso algunas de las maniobras que hoy asociamos con la nueva era espacial (como los aterrizajes verticales de cohetes reutilizables) dependen directamente de algo que Goddard ya intuía como fundamental: la posibilidad de regular con precisión el motor. Ese gesto técnico, casi invisible para el gran público, es uno de los pilares que separan un simple cohete de una verdadera nave operable.
Y quizá ahí esté la mejor forma de medir la dimensión de su legado. No en el romanticismo del primer vuelo ni en la imagen simpática del inventor incomprendido, sino en un hecho mucho más contundente: cien años después, seguimos saliendo de la Tierra con una versión evolucionada de la misma idea que un día muchos consideraron ridícula.