Durante décadas, las ciudades del futuro parecían un concepto reservado a películas de ciencia ficción: calles automatizadas, vehículos autónomos, inteligencia artificial integrada en cada rincón y edificios capaces de anticiparse a las necesidades de quienes viven dentro. Toyota decidió dejar de imaginarlo y empezar a construirlo. Y ahora, después de años de obras al pie del Monte Fuji, Woven City ya tiene sus primeros habitantes reales.
El problema es que la misma tecnología que convierte esta ciudad en uno de los experimentos urbanos más avanzados del planeta también plantea una pregunta bastante incómoda: cuánto nivel de vigilancia estamos dispuestos a aceptar a cambio de comodidad, seguridad y automatización.
Toyota no quería construir un simple campus tecnológico, sino una ciudad real para experimentar

La idea de Woven City fue presentada oficialmente en el CES de 2020 por Akio Toyoda, entonces CEO de Toyota. La compañía eligió los terrenos de una antigua fábrica en la ciudad japonesa de Susono para desarrollar algo muchísimo más ambicioso que un centro de investigación tradicional: un entorno urbano completamente funcional donde residentes reales convivieran diariamente con tecnologías todavía experimentales.
Toyota lo define como una “living laboratory”, una ciudad viva donde todo puede convertirse en una prueba. El proyecto, desarrollado por la división Woven by Toyota, ya habría costado alrededor de 10.000 millones de dólares y actualmente solo tiene construido aproximadamente un 10% de su tamaño final. Pero incluso en esta fase temprana, la ciudad ya parece sacada de otro tiempo.
Los primeros habitantes viven rodeados de robots, sensores y sistemas automatizados
Por ahora, Woven City alberga alrededor de 100 residentes seleccionados cuidadosamente por Toyota. Internamente los llaman “Weavers”. La mayoría son empleados, investigadores y perfiles tecnológicos vinculados directamente al experimento urbano.
Sus apartamentos siguen un diseño japandi (una mezcla entre minimalismo japonés y estética nórdica) y están equipados con robótica doméstica, monitorización de salud y sistemas inteligentes integrados prácticamente en toda la vivienda. Fuera de los edificios, la ciudad también funciona de forma distinta a una urbe convencional.
Las calles fueron divididas según velocidad y tipo de movilidad: algunas están reservadas para vehículos rápidos, otras para transporte personal ligero y ciertas áreas son exclusivamente peatonales. La energía proviene de paneles solares y pilas de combustible de hidrógeno, reforzando la idea de un ecosistema urbano extremadamente controlado y eficiente.
Woven City prueba desde robots de reparto hasta IA capaz de detectar el estado de ánimo
La lista de tecnologías que Toyota experimenta dentro de la ciudad parece bastante surrealista. Hay sistemas de karaoke impulsados por inteligencia artificial que seleccionan canciones según el humor de cada persona. Robots de reparto que circulan por las calles. Climatización capaz de eliminar el 95 % del polen ambiental. Vehículos autónomos que actúan como remolcadores digitales para sacar coches del garaje y llevarlos automáticamente hasta sus propietarios.
Todo eso genera cantidades enormes de información. Y ahí aparece la parte más delicada del proyecto.
La ciudad está cubierta por cámaras capaces de seguir a las personas entre distintos espacios

Según relató Ars Technica tras visitar el lugar, algunas intersecciones de Woven City tienen hasta ocho cámaras apuntando simultáneamente en distintas direcciones. Hay decenas más distribuidas por calles, edificios, zonas comunes y espacios interiores.
Toda esa infraestructura alimenta el llamado AI Vision Engine, un sistema de inteligencia artificial diseñado para monitorizar y analizar lo que ocurre dentro de la ciudad en tiempo real.
Lo más llamativo es que el sistema puede seguir a una persona de una cámara a otra utilizando características como la ropa o patrones de movimiento, incluso sin recurrir al reconocimiento facial tradicional. Toyota mostró una demostración donde la IA era capaz de detectar comportamientos sospechosos relacionados con robos dentro de un comercio. Y aunque técnicamente la compañía insiste en que los residentes mantienen el control sobre sus datos, la sensación sigue siendo bastante inquietante.
El 98% de los habitantes aceptó tener robots con cámaras dentro de casa
Toyota asegura que todo funciona mediante un sistema de consentimiento personalizado llamado Data Fabric. Según la empresa, cada residente puede decidir qué datos comparte y cuáles no. El problema es que casi todos aceptaron prácticamente todo.
De acuerdo con Ars Technica, el 98% de los habitantes autorizó incluso la presencia de robots equipados con cámaras dentro de sus propias viviendas. Eso no significa necesariamente que el modelo funcionaría igual fuera del experimento.
Los residentes actuales fueron elegidos específicamente por su perfil técnico y su predisposición a participar activamente en el proyecto. Son personas plenamente conscientes de que viven dentro de una prueba tecnológica permanente. El salto hacia una ciudad convencional con millones de ciudadanos comunes sería muchísimo más complejo.
Toyota también quiere desarrollar su propia inteligencia artificial para no depender de gigantes tecnológicos

Mientras Woven City evoluciona físicamente, Toyota impulsa además otra ambición enorme: desarrollar internamente gran parte de su inteligencia artificial. La compañía teme depender excesivamente de gigantes externos del sector tecnológico y busca preservar conocimiento industrial propio.
Uno de los proyectos más extraños surgidos de esta estrategia ya está funcionando dentro de la empresa: un clon de IA de Akio Toyoda capaz de replicar su voz, su manera de pensar y su filosofía empresarial para entrenar directivos. Sí, básicamente una versión digital del antiguo CEO.
Woven City todavía parece un experimento pequeño. Pero anticipa preguntas enormes sobre el futuro urbano
Toyota espera que la ciudad alcance unos 2.000 residentes cuando todas las fases estén terminadas. Y aunque muchas de las tecnologías actuales todavía parecen limitadas o experimentales, Woven City ya funciona como una especie de adelanto de un debate mucho más grande.
Porque el proyecto demuestra algo bastante claro: las ciudades hiperautomatizadas probablemente necesitarán recopilar cantidades gigantescas de información para funcionar como prometen.
La pregunta incómoda es otra. Si el futuro urbano depende de sensores, inteligencia artificial y vigilancia constante para ser eficiente… quizá el verdadero coste no sea económico, sino cuánto espacio de privacidad estamos dispuestos a entregar a cambio de vivir dentro de esa comodidad tecnológica.

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