Henrik Schwarz en Buenos Aires: improvisación, escucha y el futuro de la música electrónica

El pasado 1 de mayo, Artlab celebró una nueva edición de Círculo de Sonido con la participación de Henrik Schwarz, una de las figuras más influyentes y particulares de la electrónica contemporánea.

La fecha, enmarcada dentro de los 10 años del espacio, volvió a proponer una experiencia enfocada en la escucha y la percepción sonora, con un formato que se aleja de la lógica tradicional del club para trabajar sobre el detalle, el tiempo y la relación física entre sonido y público.

Hosteada por Solimano, la noche tuvo a Schwarz desplegando un live set completamente construido en tiempo real, manipulando material propio a partir de stems, síntesis y procesamiento dinámico. Lejos de estructuras cerradas, el alemán desarrolló una narrativa mutable, atravesando momentos, pasajes abstractos y resoluciones de fuerte impacto sobre la pista.

El sistema HiFi de Artlab —basado en parlantes Altec A7 restaurados— funcionó además como una parte central de la experiencia, permitiendo apreciar con enorme definición la espacialidad y microdinámica de cada intervención sonora.

Además de su presentación, Henrik Schwarz conversó con DJ Mag Latinoamérica sobre su enfoque artístico, las diferencias entre un DJ set y un live set, la improvisación y el futuro de la música electrónica.

Crédito: Mateo Cianfoni

1. Tu enfoque en vivo se aleja del DJ set tradicional. ¿Qué te permite explorar el formato live que un set convencional no?

Creo que un DJ set y un live set son dos cosas completamente diferentes. También desde lo artístico son muy distintos. El DJ es un curador que trabaja sobre enormes cantidades de música y luego selecciona las piezas que tienen sentido para su idea artística.

En un live set, que es lo que hago yo, toco exclusivamente música que produje yo mismo. Mis propios tracks y remixes. Y esas canciones existen como stems individuales. Puedo llevarlas hacia distintas direcciones, modificarlas e interactuar en tiempo real con lo que está ocurriendo en la pista.

Antes también hacía mucho DJing, y todavía pienso que es algo maravilloso. Pero en un momento se volvió demasiado trabajo hacer ambas cosas realmente bien. Entonces decidí enfocarme en tocar en vivo. Eso fue hace 25 años, cuando apareció Ableton Live, y también era un momento muy emocionante porque todo era completamente nuevo. Yo quería hacerlo bien, así que pensé: voy a dedicarle todo mi tiempo a esto. Y ahí dejé de hacer DJ sets.

A veces me da un poco de pena, porque realmente es algo hermoso. Pero claro, uno trabaja con cosas diferentes. El DJ tiene una visión general de toda la música que se está lanzando en ese momento. Y nosotros, como live acts, probablemente tenemos una visión más cercana de la tecnología que aparece para producir música. Trabajamos con nuevos sonidos. Los creamos y, básicamente, en colaboración con los DJs que luego seleccionan esos tracks, todo termina teniendo sentido como un conjunto. Un ecosistema. Uno que consiste en encontrar nuevas ideas, filtrar las buenas y luego presentarlas al público para ver si realmente funcionan o no.

2. Muchas veces hablás de la idea de una “hoja en blanco” antes de cada presentación. En un espacio como el Círculo de Sonido de Artlab, ¿cómo influyen el lugar y el sistema de sonido en las decisiones que tomás en tiempo real?

Sí, creo que todo empieza, de cierta manera, con una hoja en blanco. El espacio es importante, el sistema de sonido es importante, toda la vibra lo es, por supuesto.

Cuando toco, la mayor parte del tiempo no sé exactamente qué voy a tocar. Más o menos sí, pero no en qué orden ni de qué manera. Puede ser algo suave, rápido, lento, emocional o más energético.

El material de base siempre es mi música. Existe como stems individuales. Y puedo transformarla completamente en tiempo real. Puede tomar muchísimas formas diferentes. Puede ser agresiva o delicada. Y todo eso depende de lo que me llega de vuelta. ¿Qué devuelve el público? ¿Cómo fue todo el día? ¿La tecnología está funcionando bien? Todo tiene algún tipo de influencia.

Creo que eso es muy humano. Y también pienso que es importante que siga siendo muy humano. Cada vez más, especialmente en los últimos años. Me parece importante una forma de expresión muy sutil, incluso cuando la música es fuerte. Siempre hay cosas delicadas ahí adentro. Es una comunicación, por decirlo de alguna manera, entre el mundo exterior y yo, y también entre todas las personas que están en la pista. Yo me incluyo ahí. Sí, es una conversación.

3. Tu música mezcla elementos electrónicos, jazz y música clásica. ¿Cómo conviven hoy esos distintos lenguajes dentro de tu proceso creativo?

Sí, creo que en mi música hay todo tipo de influencias. Al principio estuve muy marcado por el jazz, el funk y mucha música africana. Eso estuvo presente desde el comienzo y, de hecho, todavía sigue ahí.

Durante mucho tiempo —o en realidad pasa casi todos los años— descubro algo enorme que nunca había escuchado antes, y generalmente tiene una influencia muy fuerte sobre lo que hago después. Siempre hay algo nuevo que se filtra. Durante un tiempo fueron, por ejemplo, Arthur Russell, la música de Sun Ra o Moondog, entre muchas otras cosas.

Después, en cierto momento, apareció la música clásica. Me fascinaron especialmente los cuartetos de cuerdas. Ahí podés escuchar una enorme cantidad de ideas. Sobre todo en la música clásica reciente, creo que hay una cantidad increíble de conceptos que se pueden trasladar a nuestra música.

Para mi gusto, la música electrónica es la música más compatible que existe. Puede conectarse con cualquier otro tipo de música. O al menos creo que la música electrónica encuentra más fácilmente una forma de relacionarse con otras músicas y de encontrar un nivel abstracto desde el cual adoptar ideas de otros géneros. Yo todavía hago eso. Y tengo la sensación de que eso todavía está muy lejos de agotarse.

4. Tocaste en clubes, salas de concierto y junto a orquestas. ¿Cómo cambia tu enfoque dependiendo del contexto?

¿Cómo cambia mi enfoque cuando toco en clubes, salas de concierto o con orquestas? Para ser honesto, no creo que cambie demasiado. Para mí, la esencia es, de alguna manera, “la computadora más algo más”, y ese es mi lugar. Soy la persona que está frente a esa computadora.

Eso puede suceder dentro de muchos contextos distintos. Pero yo mismo creo que sigo siendo el mismo. Y no cambia tanto. Puede cambiar mucho desde afuera, pero yo intento comunicarme. Intento escuchar. Intento aportar algo.

Con una orquesta puedo decir al menos esto: a veces es un poco difícil, porque vos sos solo un instrumento. Y después hay otros 80 más. Creo que eso tiene que prepararse muy bien. Es más fácil con un ensamble pequeño. Pero eso es más una cuestión técnica que artística.

Desde lo artístico, diría que simplemente intento hacer mi aporte, escuchar y responder.

5. ¿Cómo encarás una presentación en una ciudad como Buenos Aires y qué tiene de especial este público para vos?

Para ser completamente honesto, encaro una presentación en Buenos Aires exactamente de la misma manera que en cualquier otro lugar. Creo que todos estamos conectados alrededor del mundo. Estamos conectados a través de esta música. Es una comunidad que funciona globalmente.

Incluso creo que hay diferencias entre ciudades, sí. A veces más entre ciudades que entre países. Pero para mí, lo que claramente está en primer plano es que existe una comunidad global que comparte valores en común.

De alguna manera, se trata de que todo el mundo sea bienvenido. Y eso sigue siendo lo más importante. Lo fue durante muchísimos años, desde el principio. Se trata de ser bienvenido sin importar quién seas, qué hagas o de qué país vengas.

Para mí, eso sigue siendo lo más importante de la música electrónica: el hecho de que puede conectar todo y a todos. Uno puede abrirse a eso. Ese es su mayor valor.

6. Mirando hacia adelante, ¿cómo imaginás la evolución de la escena electrónica en los próximos 10 años?

¿Dónde veo a la música electrónica dentro de diez años? Es una pregunta interesante, porque cuando empecé, hace unos 30 años, pensé que esto iba a durar solo cinco años más y después se terminaría. Y sin embargo esta música todavía existe.

La música electrónica siempre estuvo relacionada con las nuevas tecnologías. Y ahora hay una nueva tecnología con la que urgentemente necesitamos involucrarnos: la inteligencia artificial.

La IA nos plantea una enorme cantidad de preguntas nuevas. Es un momento extremadamente interesante. Tecnológicamente, para mí se siente un poco como antes de 1990, cuando las primeras computadoras llegaron a las casas. Una revolución absoluta. Y siento que eso está ocurriendo otra vez ahora: una revolución absoluta a través de una nueva tecnología.

Todavía no sabemos exactamente hacia dónde nos va a llevar. De hecho, creo que la música electrónica puede volver a funcionar como un muy buen filtro. Estamos siendo inundados de contenido generado por IA. Y depende de nosotros filtrar lo que realmente podría ser relevante.

Hasta donde puedo ver, la IA todavía no puede hacer eso. La IA no tiene gusto. Puede generar muchísima música, puede producir mil tracks en un solo día. Pero creo que, de esos mil, probablemente solo tres sean realmente muy buenos. Y la pregunta es: ¿cómo los encontramos?

Para eso, creo que necesitamos algo así como un DJ, un curador. Alguien que haga el esfuerzo de escuchar esos mil tracks y decir: estos tres son buenos.

Sospecho que un solo DJ ya no va a alcanzar. Vamos a necesitar equipos enteros haciendo eso. Equipos que curen y encuentren las cosas valiosas.

Tal vez —y esta es mi esperanza— de ahí surja una música nueva extremadamente compleja. Una música mucho más compleja de lo que hoy podemos imaginar. Eso me parecería muy interesante. Quizás toda la historia de la música comprimida en una sola pieza y conectada de una manera inteligente.

Podría ser cualquier cosa. También podría pasar que nos hundamos en una enorme cantidad de basura; al menos así se siente por momentos. Pero aun así creo que vamos a encontrar una manera de hacer algo bueno con todo esto. Estoy muy convencido de eso.

Crédito: Mateo Cianfoni

Schwarz además ofreció una charla abierta al público moderada junto a Mariano Trocca, que funcionó como una especie de clínica sobre producción, tecnología y pensamiento musical. A lo largo del encuentro, el artista profundizó sobre su enfoque del live set, la relación entre improvisación y composición, el rol de la escucha dentro de la electrónica contemporánea y la importancia de mantener una sensibilidad humana en un contexto cada vez más atravesado por herramientas digitales y automatización.

La programación internacional de Círculo de Sonido continuará el próximo 29 de mayo con la presentación de Robag Wruhme junto a Carlos Alfonsin, en una nueva fecha que seguirá profundizando esta línea curatorial impulsada por Artlab en el marco de sus 10 años: experiencias enfocadas en la escucha, la exploración sonora y el cruce entre cultura de pista y experimentación artística.

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