La supremacía cuántica ya no es un sueño lejano, sino una carrera estratégica entre potencias. Aunque Estados Unidos y China llevan la delantera, Japón se prepara para irrumpir en el podio con un plan audaz que podría cambiar el mapa tecnológico mundial antes de que acabe la década. La clave: un ordenador cuántico con potencia nunca vista.
Japón entra al tablero cuántico con un proyecto ambicioso

Durante años, China y Estados Unidos han liderado la inversión en tecnologías cuánticas, acumulando logros y marcando tendencias. Sin embargo, en abril, Japón envió un mensaje claro: no piensa quedarse atrás. El Centro RIKEN de Computación Cuántica y Fujitsu anunciaron el desarrollo de un ordenador cuántico superconductor de 256 cúbits, una máquina que, aunque aún por detrás de los monstruos de IBM y China Telecom, marca el inicio de una ofensiva tecnológica a largo plazo.
El objetivo final es aún más osado: construir en 2030 un ordenador cuántico un 25% más potente que el líder previsto de IBM para ese año, un movimiento que podría colocar a Japón en lo más alto de la innovación cuántica.
La apuesta por los cúbits lógicos: la carta ganadora

El plan no se basa solo en aumentar el número de cúbits físicos, como hacen actualmente IBM y los grupos de investigación chinos. Japón apuesta a la fiabilidad. El proyecto, impulsado por RIKEN, Fujitsu y el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada, busca alcanzar los 250 cúbits lógicos, capaces de ejecutar operaciones cuánticas con una tasa de error drásticamente reducida.
Esta tecnología, basada en redundancia y corrección de errores, podría ser la clave para convertir la computación cuántica en una herramienta práctica y escalable, algo que hasta ahora parecía inalcanzable. Mientras IBM proyecta su ‘Starling’ con 200 cúbits lógicos para 2029, Japón apunta más alto y apenas un año después podría superarlo.
Un futuro decidido en pocos años
Antes de llegar a 2030, Japón planea un paso intermedio crucial: un ordenador de 1.000 cúbits físicos para 2026. Aunque estos serán propensos a errores, el avance situaría al país a la altura de Estados Unidos y China en apenas tres años.
Si los planes se cumplen, la carrera cuántica podría cambiar de dueño y Japón pasaría de actor secundario a protagonista principal, reescribiendo las reglas del juego en la próxima revolución tecnológica.

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