Australia Meridional, un estado del sur de Australia con capital en Adelaida, se convirtió en uno de los laboratorios energéticos más observados del mundo. Hace apenas dos décadas dependía del gas y del carbón. Hoy, alrededor del 70 al 75% de su electricidad proviene de fuentes renovables. Su gobierno se propuso ir más lejos: generar el equivalente al 100% de su consumo con energía renovable a fines de 2027. Pero ahora admite que podría no llegar a tiempo.
La meta, conocida como 100% renovable neto, significa que a lo largo de un año el estado debería producir con fuentes limpias tanta electricidad como la que consume, aunque en algunos momentos importe o use otras fuentes. El objetivo original era 2030, pero el actual gobierno lo adelantó a 2027. Ahora, el ministro de Energía, Tom Koutsantonis, reconoció por primera vez que podría haber un retraso: «Si nos retrasamos un poco y se nos va hasta 2028, no pasa nada».
El estado de los techos solares

Si hay algo que funciona en Australia Meridional es la energía solar en los hogares. Aproximadamente la mitad de las casas del estado tiene paneles en el techo, una de las proporciones más altas del mundo. Según el operador del mercado eléctrico australiano (AEMO), el año pasado esos paneles aportaron el 22% de la demanda del estado, y en 78 ocasiones llegaron a cubrir el 100% del consumo local.
Según un análisis de la consultora Rystad Energy, la energía solar de los techos produjo más electricidad que los tres mayores generadores privados juntos y más que todas las centrales de gas del estado. Las baterías domésticas, impulsadas por subsidios del gobierno federal, ayudan además a guardar la energía del mediodía para usarla de noche.
Dónde está el problema
El cuello de botella está en los grandes proyectos. Desde 2022 casi no se empezó a construir nueva generación renovable a gran escala, y entre 2023 y 2025 no arrancó la obra de ningún parque eólico. Los que están en marcha, como Palmer, Goyder North y Carmody’s Hill, no estarán terminados antes de fines de 2027.
Otra pieza clave, Project EnergyConnect, una línea de interconexión de 800 megavatios con el vecino estado de Nueva Gales del Sur, sufrió problemas y sobrecostos y llegaría con unos dos años de atraso. Además, la demanda eléctrica crece por el aumento de la población, la electrificación de los hogares y el transporte y la llegada de nuevas industrias, lo que vuelve más difícil alcanzar el porcentaje.
Una lección para otros países
El caso australiano muestra una paradoja que empiezan a vivir muchos sistemas eléctricos: la energía solar distribuida en los techos puede crecer muy rápido, impulsada por millones de decisiones individuales, mientras que los grandes parques y las líneas de transmisión dependen de permisos, financiamiento y obras que pueden demorarse años. En América Latina, países como Uruguay ya generan la mayor parte de su electricidad con fuentes renovables, apoyados en represas hidroeléctricas y parques eólicos, y otros, como Chile y Brasil, viven un fuerte crecimiento de la energía solar. Para todos, el desafío es el mismo: que las redes y la infraestructura acompañen la velocidad del cambio.

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