En una región de Mongolia Interior donde hasta hace poco predominaban los campos agrícolas y las explotaciones ganaderas, están apareciendo gigantescas instalaciones tecnológicas a una velocidad difícil de imaginar. Son centros de datos, enormes complejos destinados a alimentar la creciente demanda de inteligencia artificial. Y algunos han pasado de ser terrenos prácticamente vacíos a convertirse en infraestructuras industriales en apenas dos años.
La escena resume una diferencia cada vez más importante en la carrera tecnológica entre China y Estados Unidos. Mientras las empresas estadounidenses dominan los semiconductores más avanzados, Pekín está aprovechando otra ventaja: su capacidad para construir infraestructuras, generar electricidad barata y movilizar recursos a una escala extraordinaria. Y esa combinación podría resultar tan importante como los propios procesadores.
Una ciudad de menos de dos millones de habitantes se está convirtiendo en una fábrica de inteligencia artificial

La ciudad de Ulanqab, situada en Mongolia Interior, concentra una parte importante de esta transformación. Según una investigación de CNN publicada el 13 de octubre, existen planes para construir cerca de 90 centros de datos en una localidad de menos de dos millones de habitantes.
Empresas como Huawei, Kuaishou y VNET ya tienen presencia en la zona. Buena parte del Parque Industrial de Big Data de Bayin ha tomado forma en aproximadamente dos años, aprovechando terrenos disponibles, menores costes y una planificación que permite acelerar las obras.
Las dimensiones del proyecto son considerables. Según una investigación del Financial Times, China dispone de unos 24 gigavatios de capacidad en centros de datos y tiene otros 50 gigavatios en desarrollo.
Pero la diferencia con Estados Unidos sigue siendo enorme. De acuerdo con los datos de Stanford citados por CNN, en 2025 el territorio estadounidense contaba con aproximadamente diez veces más centros de datos dedicados a IA que China. También dispone de una capacidad de procesamiento considerablemente superior.
La estrategia china, por tanto, no consiste en demostrar que ya ha ganado la carrera, sino en preparar las infraestructuras necesarias para competir durante la próxima década.
La verdadera ventaja china está en algo que los chips no pueden sustituir: electricidad
Los centros de datos necesitan enormes cantidades de energía para alimentar sus servidores y mantenerlos refrigerados. En Estados Unidos, esa demanda está generando problemas de conexión a la red eléctrica, preocupación por las tarifas y resistencia vecinal ante nuevas instalaciones.
China está abordando el problema de otra manera. Su programa «Datos del este, computación del oeste», lanzado en 2022, busca trasladar parte del procesamiento informático hacia regiones con abundantes recursos energéticos y terrenos disponibles.
El plan contempla ocho grandes nodos nacionales de computación y diez agrupaciones de centros de datos. Su lógica es relativamente sencilla: aprovechar la electricidad generada en el oeste para procesar información procedente de los grandes centros económicos del este.
En Mongolia Interior, además, las condiciones climáticas favorecen la generación eólica y solar, mientras que las bajas temperaturas ayudan a reducir determinadas necesidades de refrigeración.
Un ejemplo es el Galaxy Campus de Envision, un complejo que aspira a superar los 2 gigavatios de capacidad. La empresa asegura que más del 80% de su suministro eléctrico procederá directamente de parques eólicos propios, sin pasar por la red convencional.
El campus incluye una instalación de 120.000 metros cuadrados, aproximadamente la superficie de 20 campos de fútbol. Sus sistemas incorporan almacenamiento mediante baterías y tecnologías capaces de adaptar el suministro eléctrico a las necesidades de los servidores.
Estados Unidos tiene los mejores chips. China está intentando cambiar las reglas de la carrera

La expansión tiene una paradoja evidente. China puede levantar centros de datos rápidamente, pero las restricciones comerciales estadounidenses limitan su acceso a los aceleradores de IA más avanzados de Nvidia y AMD.
Fabricantes nacionales como Huawei están desarrollando alternativas, aunque todavía afrontan dificultades para competir en rendimiento, disponibilidad y ecosistema de software. Una de las soluciones consiste en conectar múltiples procesadores para compensar las limitaciones individuales, una estrategia que también exige más infraestructura y energía.
Sin embargo, construir edificios no garantiza disponer de suficiente capacidad computacional. Los expertos advierten sobre el riesgo de crear centros de datos infrautilizados, especialmente en regiones alejadas de los principales polos tecnológicos, donde la latencia puede dificultar determinadas aplicaciones.
También existen diferencias políticas fundamentales. La rapidez china está ligada a un sistema de planificación centralizada que no ofrece los mismos mecanismos de oposición pública, supervisión y participación comunitaria que existen en Estados Unidos. Esa velocidad puede facilitar grandes proyectos, pero no elimina sus costes sociales y ambientales.
Pese a ello, Pekín continúa ampliando su apuesta. En Ulanqab, Envision asegura que la primera fase de su campus ya está completamente reservada y que las siguientes se construirán pensando en la demanda de la próxima década.
La batalla por la inteligencia artificial ya no se libra únicamente en los laboratorios que diseñan los chips más potentes. También se disputa en las redes eléctricas, los parques eólicos, las líneas de transmisión y los terrenos donde se levantan miles de servidores. Estados Unidos sigue teniendo ventaja en capacidad tecnológica y procesamiento. China, mientras tanto, está apostando por construir la infraestructura que podría sostener su siguiente gran salto.

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