Donald Trump, que sigue representando una amenaza para la seguridad de Estados Unidos, lleva un tiempo obsesionado con imponer por decreto que la inteligencia artificial pase a llamarse «superinteligencia». Y una nueva publicación en Truth Social supone una extraña escalada en su guerra contra términos tecnológicos que todo el mundo lleva años utilizando.
«¡La Casa Blanca considera que cualquiera que utilice el término ‘Inteligencia Artificial’, en lugar del nuevo término ‘Superinteligencia’, ampliamente aceptado y mucho más preciso, es EL ENEMIGO!», escribió Trump, firmando el mensaje con su nombre en mayúsculas.

Si escucharas a alguien despotricar así en un autobús, probablemente te cambiarías de asiento y evitarías cruzar miradas. Pero estas palabras vienen de la persona más poderosa de Estados Unidos, por no decir del mundo. Y cada vez que Trump declara que alguien es su enemigo, hace todo lo posible por utilizar el poder del Gobierno para destruirlo.
Las figuras más importantes de la industria de la IA ya se han rendido ante el cambio de nombre impulsado por Trump. Oligarcas tecnológicos como Jensen Huang, de Nvidia; Mark Zuckerberg, de Meta; y Elon Musk, de SpaceXAI, han adoptado el término «superinteligencia». Hace una década, esa palabra se utilizaba para describir una IA que había superado la inteligencia humana, aunque entonces se escribía como un único término en inglés: superintelligence. Musk incluso asegura que cambiará el nombre de su empresa a SpaceXSI.

Jeff Bezos, de Amazon, se convirtió esta semana en el último oligarca tecnológico en sumarse al término SI durante una entrevista con Bret Baier, de Fox News.
«Me gusta SI, porque ‘artificial’ no es precisamente una palabra muy halagadora», afirmó Bezos. «A nadie le apetece un edulcorante artificial ni un saborizante artificial. Artificial viene a significar algo falso».
Como señaló la cuenta oficial del Partido Demócrata en X, el dominio gubernamental ai.gov sigue activo. En cambio, todavía no existe un dominio oficial si.gov.
Será interesante ver qué intenta hacer ahora Trump, después de encontrar un nuevo «enemigo» contra el que descargar su ira. A lo largo de los años, el presidente ha utilizado esa palabra para referirse a numerosas personas y colectivos, incluidos periodistas y demócratas. Trump incluso ha llegado a presentar a Canadá como un enemigo, destrozando una de las grandes alianzas geopolíticas de los últimos 200 años. Solo un lunático completamente desquiciado podría considerar que Canadá es enemigo de Estados Unidos.
Por desgracia, estamos hablando de un lunático desquiciado que tiene un poder enorme.
Poco después de publicar su mensaje sobre la «superinteligencia», Trump respondió a las informaciones recientes que apuntaban a que podría iniciar otra campaña de bombardeos intensivos contra Irán con el objetivo de reducir los precios de la gasolina.
El presidente insistió: «No atacaremos a Irán en ningún momento antes de las elecciones de mitad de mandato que se celebrarán en Estados Unidos el 3 de noviembre».

Las promesas de Trump hay que tomárselas con algo más que una pizca de sal. Pero bombardear Irán tampoco tendría demasiado sentido si el objetivo fuera abaratar la gasolina en Estados Unidos.
Falta menos de un mes para las elecciones y, aunque supusiéramos que una campaña de bombardeos consiguiera liberar el estrecho de Ormuz (algo que casi con toda seguridad no se mantendría durante mucho tiempo), el petróleo que atraviesa esa ruta no llegaría inmediatamente al mercado como para aliviar los problemas de suministro.
En lugar de eso, probablemente Trump seguirá insistiendo en que repartirá cheques de 5.000 dólares, en un intento de comprar el voto de los estadounidenses para el Partido Republicano. Y luego está aquello que dejó caer el martes, cuando aseguró que Russ Vought, director de la Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca y uno de los arquitectos del Proyecto 2025, tenía preparadas «grandes sorpresas para dentro de unas semanas».
Nadie parece saber exactamente qué significa eso, pero imaginamos que no será nada bueno para los numerosos «enemigos» de Trump.

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