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  • Holika apaga «The Eternal Flame»

    Holika apaga «The Eternal Flame»

    100.000 asistentes disfrutaron de la experiencia inmersiva más ambiciosa del festival, con el escenario más grande de España, un despliegue audiovisual sin precedentes y un cartel encabezado por algunos de los mayores referentes de la música electrónica i

    Holika Festival cerró este domingo una nueva edición convirtiendo durante cuatro días a Calahorra en uno de los grandes epicentros europeos de la música electrónica y el entretenimiento inmersivo. 100.000 asistentes  disfrutaron de una edición marcada por la espectacularidad de The Eternal Flame, una propuesta que volvió a ampliar los límites del formato festival combinando música, producción, tematización y experiencias participativas en un recinto de más de 200.000 metros cuadrados. Cuatro intensas jornadas consecutivas que han tenido su mayor asistencia el sábado 4 de julio.

    La edición arrancó el miércoles con uno de los momentos más simbólicos de la historia del festival: la actuación del Padre Guilherme frente a la Catedral de Calahorra, acompañada por un espectacular videomapping proyectado sobre la fachada del templo, inaugurando cuatro jornadas donde la música y el patrimonio convivieron en una puesta en escena inédita. Un escenario sobre el que pasaron también otros artistas como Javi Colina, Leblanc, Tony Richard y Aaron Sevilla con su dj set Afrodise de 4 horas con vocalistas.

    A partir del jueves, el recinto de Holika volvió a desplegar toda su capacidad de producción alrededor del escenario principal, el mayor instalado actualmente en un festival en España, con más de 120 metros de fachada, más de 500 metros cuadrados de pantallas LED, más de 200 equipos de iluminación espectacular, 20 láseres de alta potencia y un sistema de sonido superior a los 180 kW. Un despliegue técnico que volvió a situar al festival entre las producciones más ambiciosas del panorama nacional.

    Sobre ese escenario desfilaron algunos de los nombres más importantes de la electrónica internacional como Alok, Timmy Trumpet, Hardwell, Marshmello, Don Diablo, Armin van Buuren, Afrojack, Mathame, Korolova, Mariana BO Giuseppe Ottaviani o Dj Nano, entre muchos otros, configurando una programación que volvió a reunir a referentes internacionales junto a algunos de los artistas más destacados de la escena nacional.

    Más allá de la música, The Eternal Flame convirtió nuevamente Holika en una auténtica ciudad inspirada en la Antigua Roma. Gladiadores, soldados, cuadrigas, personajes mitológicos, desfiles, espectáculos itinerantes, el gran Circus Maximus y decenas de intervenciones repartidas por todo el recinto acompañaron al público durante toda la experiencia, transformando el festival en una propuesta inmersiva única dentro del circuito europeo.

    La tematización volvió a convertirse en uno de los grandes elementos diferenciales de Holika. El Castrum Romano, las recreaciones históricas, los espectáculos de fuego, las animaciones permanentes y una cuidada ambientación permitieron que miles de asistentes vivieran una experiencia que iba mucho más allá de los conciertos, consolidando un modelo de festival donde producción, narrativa y música conviven de forma permanente.

    La elevada afluencia registrada durante las cuatro jornadas confirma una vez más el importante retorno que Holika genera para Calahorra y La Rioja, tanto desde el punto de vista turístico como económico. Una edición que se cierra con un impacto económico para Calahorra de xxxx millones de euros. Con esta edición, Holika reafirma su posición como uno de los festivales de música electrónica más relevantes del país y una de las propuestas experienciales más ambiciosas de Europa, cerrando cuatro días en los que miles de personas volvieron a convertir Calahorra en la gran capital del verano electrónico.

    El apoyo institucional del consistorio calagurritano ha sido clave en la consolidación de Holika en Calahorra integrando a la ciudad en el circuito nacional e internacional de grandes festivales. El festival Holika está organizado por Burcor Producciones con la colaboración y apoyo del Ayuntamiento de Calahorra y el Gobierno de La Rioja.

  • Microsoft ya tiene su propia distribución de Linux: no es para reemplazar Windows, sino para dominar la nube

    Microsoft ya tiene su propia distribución de Linux: no es para reemplazar Windows, sino para dominar la nube

    Hubo una época en la que Microsoft veía a Linux como una amenaza directa. A comienzos de los 2000, Steve Ballmer llegó a describirlo como un problema para la propiedad intelectual de la industria. Dos décadas después, la escena parece casi irónica: Microsoft no solo usa Linux de forma masiva en su nube, sino que ya mantiene su propia distribución.

    Se llama Azure Linux 4.0 y acaba de llegar en vista previa pública. No es una alternativa a Windows para instalar en el ordenador de casa, ni una distro pensada para competir con Ubuntu, Fedora o Linux Mint en el escritorio. Es una distribución creada para un escenario muy concreto: servidores, contenedores, máquinas virtuales y cargas de trabajo modernas dentro de Azure.

    Una distro sin escritorio, sin adornos y hecha para Azure

    La diferencia principal con una distribución convencional está en lo que Azure Linux no trae. No está pensada para tener escritorio, ventanas, aplicaciones gráficas, reproductor multimedia ni experiencia de usuario doméstica. Microsoft la describe como una distribución mínima, segura por defecto y optimizada para cargas de trabajo cloud.

    La propia documentación de Microsoft explica que Azure Linux Container Host es una imagen de sistema operativo optimizada para ejecutar contenedores en Azure Kubernetes Service. Incluye solo los paquetes necesarios, reduce superficie de ataque y usa un kernel endurecido con optimizaciones para Azure.

    Con Azure Linux 4.0, el proyecto da un paso más. La distribución está basada en Fedora, usa paquetes RPM y se define mediante archivos de configuración TOML y capas específicas aplicadas sobre las fuentes de Fedora. Microsoft aclara en GitHub que las diferencias respecto al upstream quedan declaradas y documentadas, lo que busca evitar un fork innecesario y mantener auditabilidad.

    Eso significa que Azure Linux no es simplemente “Fedora con logo de Microsoft”. Es una base derivada de Fedora, adaptada para Azure, con kernel optimizado, integración nativa con servicios de Microsoft, foco en seguridad de cadena de suministro y un ciclo de vida predecible.

    Por qué Microsoft necesitaba su propio Linux

    La razón es bastante simple: la nube ya no se entiende sin Linux. Según InfoQ, más de dos tercios de los cores de clientes en Azure ya ejecutan Linux. En ese contexto, depender siempre de distribuciones externas implica ceder parte del control sobre la base del sistema operativo, los parches, la seguridad y la integración con la infraestructura propia.

    Azure Linux le permite a Microsoft controlar esa capa fundamental. Puede ajustar el sistema para sus máquinas virtuales, sus contenedores, sus cargas de IA y sus necesidades de seguridad sin esperar a terceros. Es una estrategia parecida a la de otros gigantes de la nube: AWS tiene Amazon Linux y Google mantiene sistemas optimizados para sus entornos de contenedores.

    También hay una lectura más amplia. La nube moderna se construye sobre software abierto, Kubernetes, contenedores y Linux. Microsoft entendió que pelear contra ese ecosistema ya no tenía sentido. La jugada ahora es integrarse en él, contribuir donde conviene y controlar lo necesario para que Azure sea más competitivo.

    Para el usuario común, Azure Linux probablemente no sea interesante. No sirve para navegar por internet, editar fotos, escuchar música o jugar. Arranca como un sistema mínimo orientado a consola, imágenes de disco y contenedores. Quien quiera una experiencia Linux de escritorio seguirá usando Ubuntu, Fedora, Debian, Linux Mint o SteamOS.

    Pero para empresas, desarrolladores cloud y equipos de infraestructura, el movimiento sí importa. Microsoft ya no solo aloja Linux en Azure: ahora ofrece una base Linux propia para correr parte de ese mundo. El cambio simbólico es enorme. La empresa que una vez vio a Linux como enemigo ahora lo necesita tanto que decidió construir el suyo.

     

     

    Fuente: Hipertextual.

  • El silencio se volvió el nuevo lujo: ya no se compra con distancia, se diseña para quien puede pagarlo

    El silencio se volvió el nuevo lujo: ya no se compra con distancia, se diseña para quien puede pagarlo

    Rolls-Royce no busca que sus autos sean completamente silenciosos. De hecho, cuando el habitáculo queda demasiado aislado, el efecto puede resultar incómodo, casi irreal. Por eso sus ingenieros no eliminan todo sonido: diseñan una clase específica de silencio, uno que deja apenas una señal mínima de que la potencia sigue ahí, aunque haya decidido no molestar.

    Esa imagen resume bastante bien el tiempo en que vivimos. El silencio ya no es solo algo que se consigue alejándose del ruido. Ahora se calcula, se filtra, se empaqueta y se vende. Como cualquier producto premium, puede mejorarse en la siguiente versión, integrarse a un dispositivo o convertirse en una experiencia de lujo.

    Pero la pregunta de fondo no es cuánto ruido podemos eliminar. Es quién tiene derecho a no escucharlo.

    El silencio siempre fue una forma de privilegio

    El silencio nunca fue del todo gratuito. Los palacios tenían muros gruesos, jardines amplios y distancia suficiente para que el ruido del mundo quedara lejos. Las casas más caras no solo ofrecían metros cuadrados: ofrecían separación. Del tránsito, de los vecinos, de la multitud, de la obligación constante de convivir con sonidos ajenos.

    La diferencia es que antes el silencio era una consecuencia de tener espacio. Hoy puede fabricarse incluso en medio del caos. Los auriculares con cancelación activa no eliminan el mundo: lo modelan. Detectan ciertas frecuencias y generan una onda contraria para apagarlas. No vivimos en silencio, vivimos dentro de una burbuja acústica diseñada.

    Algo parecido ocurre con los autos eléctricos que agregan sonidos artificiales para parecer más potentes. Fabricamos ruido falso para quien quiere sentirse poderoso y silencio falso para quien quiere sentirse a salvo.

    El silencio se volvió el nuevo lujo: ya no se compra con distancia, se diseña para quien puede pagarlo
    © Magnfiic

    En ambos casos, lo que se compra no es sonido ni ausencia de sonido. Es control.

    Y ese control es cada vez más caro.

     

    El verdadero lujo no es no oír: es no tener que responder

    El silencio más valioso de nuestra época quizás no sea acústico. No es apagar el ruido de la calle, sino apagar la exigencia de estar disponible. No tener que responder de inmediato. No atender una llamada. No justificar una demora. No vivir pendiente de cada notificación como si todo fuera urgente.

    Ahí aparece la versión más profunda del lujo contemporáneo: que alguien filtre por vos. Un asistente que decide qué llamada pasa. Una agenda que separa lo importante de lo irrelevante. Un equipo que responde antes de que el problema llegue a tu pantalla. La frase “lo ve mi gente” no es solo una excusa elegante: es una arquitectura de protección.

    Mientras tanto, el ruido queda donde siempre estuvo: en quienes no pueden esquivarlo. En el trabajador que responde mensajes de WhatsApp un martes a la noche porque sabe que no contestar tiene consecuencias. En quien no silencia las alertas del banco por miedo a perder una señal importante. En quien viaja en el vagón común porque el vagón silencioso es una excepción paga. En quien escucha al vecino, la obra, el tráfico, la alarma y el teléfono porque no tiene margen para apagar nada.

    El silencio fue gentrificado. Primero fue espacial: vivían en calma quienes podían alejarse. Después fue tecnológico: se volvió accesible a través de dispositivos. Ahora es social: pertenece a quienes pueden no estar disponibles.

    Y esa es la transformación más incómoda. Ya no hablamos solo de ruido, sino de jerarquía. El mundo exige más a quienes tienen menos capacidad de proteger su tiempo. Cuanto menos poder tenés, más difícil es desaparecer, desconectarte o decir “después respondo”.

    Por eso el silencio moderno no es simplemente una pausa. Es una frontera. Una forma de decir: hasta acá entra el mundo, desde acá decido yo.

    El problema es que esa frontera ya no está repartida de forma justa. Se compra en cuotas, en suscripciones, en dispositivos, en barrios, en autos, en oficinas, en cargos y en privilegios. Y como toda suscripción, cuando dejás de pagar, vuelve el ruido.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • El “Made in China” dejó de ser sinónimo de barato: cómo China convirtió la copia en poder industrial

    El “Made in China” dejó de ser sinónimo de barato: cómo China convirtió la copia en poder industrial

    Durante décadas, ver la etiqueta “Made in China” en un producto generaba una reacción casi automática: barato, copiado, descartable. Era el símbolo de una industria enorme, pero ubicada en el escalón bajo de la cadena de valor. China fabricaba para el mundo, pero rara vez se la asociaba con diseño, calidad o innovación propia.

    Ese relato ya no alcanza. Hoy, el mismo país que durante años fue visto como la fábrica barata de Occidente compite en móviles premium, coches eléctricos, drones, baterías, paneles solares, robots industriales y electrodomésticos de alta gama. El giro no fue casual: China aprendió fabricando para otros, escaló a una velocidad difícil de igualar y terminó convirtiendo esa experiencia acumulada en poder industrial.

    La copia también fue una escuela

    A mediados de los 2000, el término shanzhai se usaba para describir a pequeños fabricantes chinos que copiaban productos tecnológicos occidentales. Móviles parecidos al iPhone, reproductores similares al iPod o dispositivos baratos que imitaban diseños exitosos. Desde Occidente, aquello se veía como piratería industrial. Desde dentro de China, también funcionó como una especie de laboratorio acelerado.

    La copia obligaba a aprender ingeniería inversa, modularización, ensamblaje rápido y adaptación a proveedores flexibles. Ese ecosistema permitió a pequeños talleres probar, corregir y lanzar productos a una velocidad enorme. No era innovación en el sentido clásico, pero sí era aprendizaje industrial aplicado.

    La llegada de Apple a China aceleró ese proceso. El libro Apple in China, de Patrick McGee, sostiene que la relación entre Apple y su cadena de suministro china no solo transformó a la compañía estadounidense, sino también al propio ecosistema tecnológico chino. La inversión, los estándares de calidad y la presión por fabricar millones de dispositivos con precisión extrema ayudaron a elevar capacidades industriales locales.

    La paradoja es enorme: Apple necesitó China para construir el iPhone a escala, pero China también aprendió de Apple cómo fabricar productos globales con tolerancias, acabados y volúmenes de primer nivel. Como resume McGee en distintas entrevistas, Apple quedó profundamente atada a una infraestructura industrial que no puede replicarse fácilmente en otro país.

    El salto premium llegó con móviles, drones y coches eléctricos

    El cambio de percepción empezó a verse con claridad en los móviles. Marcas como Xiaomi, OnePlus, Oppo, Vivo o Huawei dejaron de competir solo por precio y empezaron a disputar diseño, cámaras, carga rápida, pantallas, materiales y experiencia de usuario. El mensaje era claro: China ya no quería ser la alternativa barata, sino una categoría propia.

    Después llegaron otros sectores. DJI se convirtió en el gran referente mundial de drones de consumo y profesionales, con una cuota dominante en el mercado global. Algunos análisis sitúan a la compañía china por encima del 70% del mercado de drones comerciales, una posición que explica tanto su éxito como las tensiones políticas que genera en Estados Unidos.

    Pero el gran golpe narrativo llegó con el coche eléctrico. China no solo vende más vehículos eléctricos que nadie: también controla buena parte de la cadena de valor que los hace posibles. Según la Agencia Internacional de la Energía, China concentró casi dos tercios de las ventas globales de coches eléctricos en 2024 y su cuota de eléctricos sobre ventas domésticas se acercó al 50%.

    La ventaja no está solo en vender coches. Está en las baterías. La IEA señala que China produce más del 80% de las baterías de vehículos eléctricos a nivel mundial, lo que convierte a su industria en un punto crítico para toda la transición energética.

    China ya no compite solo por precio

    El verdadero “moat” chino ya no es la mano de obra barata, sino la ejecución industrial. Fabricar mejor, más rápido, a más escala y con una cadena de suministro cercana. Eso permite iterar productos, reducir costes, absorber fallos y llevar al mercado versiones nuevas a una velocidad que muchas empresas occidentales no pueden igualar.

    La robotización también refuerza ese salto. La Federación Internacional de Robótica informó que China instaló 295.000 robots industriales en 2024, el 54% de los despliegues globales, consolidándose como el mayor mercado de automatización del mundo.

    Aun así, China todavía arrastra un problema de percepción. Puede fabricar coches eléctricos premium y, al mismo tiempo, inundar el mercado global con productos ultrabaratos, imitaciones y plataformas de bajo coste. Esa amplitud es una fortaleza industrial, pero también impide que “Made in China” funcione como una etiqueta homogénea de lujo, como ocurre con ciertos productos alemanes, suizos o japoneses.

    El gran cambio, entonces, no es que todo lo chino sea premium. Es que ya no se puede asumir lo contrario. China aprendió copiando, creció fabricando para otros y ahora compite controlando piezas clave de la industria global. La etiqueta “Made in China” ya no significa una sola cosa. Y esa, precisamente, es la señal más clara de su transformación.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • Los juegos que triunfan porque casi no tenés que jugarlos: por qué los incrementales enganchan tanto

    Los juegos que triunfan porque casi no tenés que jugarlos: por qué los incrementales enganchan tanto

    Durante años, el videojuego se definió por la interacción. Moverse, disparar, saltar, decidir, explorar o resolver problemas eran parte central de la experiencia. Pero existe un género que juega con una idea casi opuesta: hacer que el jugador intervenga lo mínimo posible y, aun así, sienta que todo avanza.

    Son los juegos idle e incrementales, títulos donde el progreso no se detiene. Al principio hay que hacer clic, tomar decisiones o activar mejoras. Pero la meta real es otra: automatizar el sistema hasta que los recursos crezcan solos. En lugar de exigir reflejos, habilidad o atención constante, estos juegos ofrecen algo mucho más silencioso: la satisfacción de ver cómo los números suben.

    A simple vista parecen demasiado básicos. Un personaje que avanza solo, una galleta que genera más galletas, una empresa ficticia que produce dinero sin parar o una granja que sigue funcionando mientras miramos otra cosa. Pero detrás de esa simpleza hay una estructura psicológica muy precisa.

    El placer de ver que todo avanza sin esfuerzo

    La clave de los juegos incrementales está en el progreso continuo. Siempre hay algo que mejora: más monedas, más puntos, más producción por segundo, más multiplicadores o una nueva automatización desbloqueada. Aunque la acción del jugador sea mínima, la sensación de avance nunca desaparece.

    Ese avance constante activa una idea muy poderosa: “estoy progresando”. No importa si el progreso es absurdo, ficticio o puramente numérico. El cerebro recibe pequeñas señales de recompensa cada vez que una barra se llena, una mejora se compra o una cifra se multiplica.

    Juegos como Cookie Clicker, AdVenture Capitalist o Idle Slayer funcionan precisamente así. Empiezan con una acción simple y repetitiva, pero poco a poco convierten esa acción en un sistema automático. Primero hacemos clic. Después compramos una mejora. Luego otra mejora hace clic por nosotros. Y finalmente el juego avanza incluso cuando no estamos mirando.

    Ahí aparece uno de los grandes atractivos del género: la delegación de la acción. El jugador siente que construyó una máquina que trabaja sola. No hace falta estar pendiente todo el tiempo, pero cuando volvemos, el sistema nos recibe con recompensas acumuladas. Es una forma muy eficaz de enganchar sin exigir demasiado.

    Jugar poco, planificar mucho

    Lo curioso es que estos juegos no funcionan solo por dopamina fácil. También tienen una capa estratégica. La diversión aparece cuando decidimos qué mejorar primero, qué multiplicador conviene comprar, cuándo reiniciar la partida para obtener beneficios futuros o cómo optimizar la producción.

    El placer no está solo en la recompensa inmediata, sino en la expectativa. Sabemos que falta poco para una nueva mejora, que esa mejora acelerará todo y que después aparecerá otra meta más grande. Es un ciclo simple pero muy efectivo: esperar, cobrar, reinvertir y volver a esperar.

    Por eso funcionan tan bien como juegos de segundo plano. No necesitan toda nuestra atención. Pueden estar abiertos mientras estudiamos, trabajamos, miramos un video o hacemos otra cosa. Exigen poco esfuerzo mental, pero ofrecen una sensación constante de control y progreso.

    En una época saturada de estímulos, eso tiene mucho sentido. No siempre queremos entrar en una aventura enorme, competir online o aprender mecánicas complejas. A veces solo queremos una pequeña distracción que nos haga sentir que algo avanza, aunque no estemos haciendo demasiado.

    Los juegos incrementales parecen simples porque lo son. Pero su éxito está en entender algo muy profundo del comportamiento humano: nos gusta progresar, nos gusta optimizar y nos gusta sentir que una decisión pequeña puede generar una recompensa cada vez mayor.

    No son el género más espectacular ni el más cinematográfico. Pero explican muy bien una parte del videojuego moderno: a veces no jugamos para vivir una gran historia, sino para ver cómo un número sube y sentir, aunque sea por unos segundos, que todo está funcionando.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • España ya tiene un carnet para coches automáticos: cada vez más alumnos lo eligen, pero tiene una letra pequeña.

    España ya tiene un carnet para coches automáticos: cada vez más alumnos lo eligen, pero tiene una letra pequeña.

    Sacarse el carnet de conducir sin sufrir con el embrague, las marchas o el miedo a que el coche se cale ya es una opción real en España. No se trata de un permiso nuevo ni de una categoría distinta, sino del permiso B tradicional con una anotación especial: el código 78.

    Ese código indica que el conductor se examinó con un vehículo de transmisión automática y, por tanto, solo puede conducir coches automáticos. La Dirección General de Tráfico ya recogía esta limitación en la Instrucción 2019/C-134, que recuerda que si el aspirante realiza la prueba práctica con un vehículo automático, esa circunstancia debe figurar en el permiso y solo habilita para conducir vehículos de esas características.

    La idea parece menor, pero empieza a ganar peso porque el mercado del automóvil está cambiando. Hace años, el cambio automático era una rareza en España. Hoy, con el avance de híbridos y eléctricos, cada vez más modelos llegan sin embrague y sin cambio manual. Según datos citados por laSexta, de los 600.000 permisos B que se emiten al año en España, más de 30.000 ya corresponden a esta modalidad, entre el 5% y el 10% del total.

    España ya tiene un carnet para coches automáticos: cada vez más alumnos lo eligen, pero tiene una letra pequeña.
    © Magnific

    El mismo carnet, pero con una restricción clara

    El proceso para obtenerlo es prácticamente el mismo que el del carnet B convencional. Hay que aprobar el examen teórico, hacer clases prácticas y superar la prueba de circulación. La diferencia está en el vehículo: tanto las clases como el examen se realizan con un coche automático.

    Para muchos alumnos, eso reduce una de las partes más estresantes del aprendizaje. No hay que coordinar embrague, acelerador y cambio de marchas. Tampoco existe el miedo a calar el coche en una rotonda, una cuesta o justo durante el examen. Por eso algunas autoescuelas señalan que cada vez más jóvenes lo ven como una opción lógica, sobre todo si en casa ya hay un coche automático o si tienen claro que en el futuro conducirán eléctricos.

    La parte delicada llega después. Quien obtiene el permiso B con código 78 no puede conducir un coche manual. La normativa europea actual mantiene esa diferencia: si el examen práctico se realiza con un vehículo automático, el permiso queda limitado a vehículos automáticos mediante el código correspondiente.

    Eso significa que la elección no es solo una cuestión de comodidad. También condiciona qué coches podrá usar el conductor en el futuro. No hay problema si siempre alquila, compra o usa vehículos automáticos. Pero puede ser una limitación si necesita conducir un coche familiar manual, una furgoneta de trabajo o un vehículo de ocasión más barato.

    Europa ya prepara una salida más sencilla

    Hoy, si una persona con código 78 quiere conducir también coches manuales, debe demostrar esa capacidad con un vehículo manual. La nueva Directiva europea sobre permisos de conducción, aprobada en 2025, mantiene la posibilidad de eliminar la restricción si el titular supera una prueba específica o completa una formación específica con un vehículo manual. Esa formación deberá incluir práctica en vía pública y tendrá una duración mínima de siete horas.

    España ya tiene un carnet para coches automáticos: cada vez más alumnos lo eligen, pero tiene una letra pequeña.
    © Magnific

    La Confederación Nacional de Autoescuelas también resume ese cambio: la futura normativa europea permitirá quitar la limitación mediante una prueba específica o una formación mínima de siete horas, ambas con vehículos de transmisión manual.

    Mientras tanto, la limitación sigue siendo importante. Conducir un coche manual con un permiso marcado con el código 78 puede acarrear una sanción de hasta 500 euros y la pérdida de cuatro puntos, según explican medios especializados al interpretar la normativa de tráfico sobre conducir sin el permiso correspondiente para ese vehículo.

    El crecimiento de este carnet muestra una transición más amplia. El coche manual todavía conserva mucho peso en España, pero el futuro del mercado apunta claramente al automático. Los eléctricos no llevan caja manual tradicional, muchos híbridos tampoco, y cada vez más conductores jóvenes no sienten la necesidad de aprender una habilidad que quizá nunca usen.

    El cambio no será inmediato, pero ya empezó en las autoescuelas. Durante décadas, aprender a conducir significaba aprender a dominar el embrague. Ahora, para una parte creciente de alumnos, conducir empieza directamente sin marchas. Y esa decisión puede hacer el examen más fácil, pero también deja una pregunta práctica: ¿vale la pena renunciar al coche manual antes de saber si algún día lo vas a necesitar?

     

    Fuente: Xataka.

  • China está haciendo “llover” sus edificios para combatir el calor: una idea antigua que vuelve por culpa del aire acondicionado

    China está haciendo “llover” sus edificios para combatir el calor: una idea antigua que vuelve por culpa del aire acondicionado

    Cuando el calor aprieta, la respuesta más inmediata suele ser encender el aire acondicionado. El problema es que esa solución, repetida en millones de viviendas, tiene un coste enorme para las redes eléctricas. Los aparatos enfrían el interior, pero expulsan calor al exterior, consumen mucha energía y pueden intensificar la isla de calor urbana cuando se usan de forma masiva.

    En China, donde la demanda de refrigeración es gigantesca, algunas comunidades residenciales están probando una alternativa más visible: hacer “llover” los tejados. En Yuncheng, provincia de Shanxi, una zona residencial llamó la atención por instalar un sistema de nebulización que rocía agua desde las cubiertas para reducir la temperatura superficial entre 5 y 8 ºC durante episodios de calor extremo, según destacó Mao Ning, portavoz del Ministerio de Exteriores chino.

    La imagen parece futurista, pero la física es antigua: cuando el agua se evapora, absorbe calor del entorno. Es el mismo principio de los climatizadores evaporativos, las fuentes urbanas o los nebulizadores de algunas terrazas. La novedad no está tanto en la tecnología, sino en la escala: no se trata de refrescar una mesa o una plaza pequeña, sino de actuar sobre tejados enteros de bloques residenciales.

    Enfriar antes de que el calor entre al edificio

    El objetivo de estos sistemas no es reemplazar por completo al aire acondicionado, sino reducir la carga térmica antes de que el calor entre en la vivienda. El tejado es una de las superficies que más radiación solar recibe durante el día. Si esa superficie se calienta menos, el edificio acumula menos calor y necesita menos energía para enfriarse por dentro.

    La Agencia Internacional de la Energía advierte que el consumo energético para refrigeración de espacios se ha más que triplicado desde 1990 y ya tiene efectos importantes sobre las redes eléctricas y las emisiones. También proyecta que la demanda energética de los aires acondicionados podría triplicarse hacia 2050 si no se mejora la eficiencia y no se aplican soluciones complementarias.

    Por eso cualquier tecnología que reduzca la necesidad de encender compresores durante las horas más duras del verano resulta interesante. Los sistemas evaporativos pueden consumir menos electricidad porque no dependen de un ciclo frigorífico convencional, aunque sí necesitan bombas, control y agua. Una revisión reciente sobre enfriamiento evaporativo en edificios señala que este tipo de soluciones son especialmente adecuadas en zonas cálidas y secas, donde el aire puede absorber más humedad.

    La diferencia con un split tradicional es importante. El aire acondicionado convencional toma calor del interior y lo expulsa hacia la calle. Si miles de equipos hacen eso al mismo tiempo, el exterior también se calienta más. En cambio, la nebulización actúa sobre el entorno térmico del edificio: enfría superficies y aire cercano mediante evaporación, antes de que ese calor se convierta en una carga interior.

    La técnica es antigua, pero el contexto cambió

    La idea de usar agua para enfriar arquitectura no es nueva. Mucho antes de los aparatos modernos, distintas culturas usaron patios, fuentes, canales, sombra y ventilación para bajar temperaturas. En China, se suele recordar el antecedente de palacios de la dinastía Tang, donde el agua circulante formaba parte de estrategias de enfriamiento arquitectónico.

    Lo que cambió ahora es la presión climática y energética. Europa, que durante décadas no dependió tanto del aire acondicionado doméstico, empieza a instalarlo de forma acelerada por las olas de calor. Al mismo tiempo, Asia ya enfrenta picos de demanda eléctrica asociados al uso masivo de refrigeración. Reuters informó recientemente que las olas de calor tempranas en Asia están presionando las redes eléctricas por el aumento del uso de aire acondicionado.

    Ahí aparece el interés por soluciones híbridas: no solo mejores equipos de aire, sino edificios que se calienten menos, cubiertas frías, vegetación, sombra, ventilación y sistemas evaporativos donde el clima lo permita.

    Pero el gran límite es la humedad. El enfriamiento evaporativo funciona mejor cuando el aire está seco, porque puede absorber más vapor de agua. En ambientes húmedos, el efecto se reduce mucho y además puede aumentar la sensación de bochorno. Por eso una solución útil en Shanxi, una región con zonas áridas y semiáridas, no tendría el mismo rendimiento en ciudades húmedas del sur de China como Shenzhen.

    También hay otro dilema: el agua. Enfriar con evaporación ahorra electricidad, pero consume agua de forma continua. En regiones con estrés hídrico, esa decisión debe evaluarse con cuidado. No todo lo que reduce demanda eléctrica es automáticamente sostenible si desplaza el problema hacia otro recurso escaso.

    La lección del caso chino no es que todos los edificios deban convertirse en nubes artificiales. Es más interesante: el futuro de la climatización no puede depender solo de meter más aire acondicionado en todas partes. Habrá que enfriar mejor los edificios antes de enfriar el aire interior.

    En ciudades cada vez más calientes, la lluvia que no cae del cielo puede ser una herramienta útil. Pero solo si se usa donde tiene sentido: con clima seco, agua disponible, buen diseño y como complemento de una estrategia urbana más amplia.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • Los centros de datos de IA tienen un nuevo problema inesperado: se están volviendo un objetivo perfecto para ladrones

    Los centros de datos de IA tienen un nuevo problema inesperado: se están volviendo un objetivo perfecto para ladrones

    Los centros de datos de inteligencia artificial suelen generar rechazo por motivos conocidos: consumo eléctrico, uso de agua, ruido, impacto ambiental y presión sobre comunidades locales. Pero mientras vecinos y autoridades discuten cómo limitar su expansión, hay otro grupo que mira estas infraestructuras con entusiasmo: los ladrones de mercancías.

    La razón es simple. La IA necesita centros de datos enormes, y esos centros de datos necesitan toneladas de materiales caros: cobre, cableado, servidores, chips, memorias, equipos de refrigeración y componentes eléctricos. En plena fiebre por construir infraestructura para IA, cada envío puede convertirse en un botín millonario.

    El caso más reciente ocurrió en Illinois. Investigadores del condado de Cook recuperaron dos remolques robados en un depósito de camiones cerca de Chicago. Uno contenía unos 300.000 dólares en bobinas de cable de cobre; el otro, material para centros de datos valorado en cerca de un millón de dólares. En total, la carga recuperada alcanzaba aproximadamente 1,3 millones de dólares.

    Los centros de datos de IA tienen un nuevo problema inesperado: se están volviendo un objetivo perfecto para ladrones
    © Magnific

    La IA también encareció lo que se puede robar

    Durante años, el robo de carga apuntó sobre todo a productos de consumo: ropa, comida, alcohol, electrónica o medicamentos. Pero el auge de los centros de datos está cambiando el mapa. Los delincuentes siguen el dinero, y ahora el dinero también viaja en forma de cableado, servidores y equipos para infraestructura tecnológica.

    El cobre es uno de los objetivos más evidentes. Es esencial para instalaciones eléctricas y de datos, y a diferencia de otros equipos más especializados, puede ser más difícil de rastrear cuando se revende como metal. Medios especializados señalaron que uno de los remolques recuperados llevaba placas alteradas, una pista de que las bandas no actúan de forma improvisada.

    El problema tampoco se limita a un incidente aislado. Según el National Insurance Crime Bureau, el robo de carga en Estados Unidos puede provocar pérdidas anuales de hasta 35.000 millones de dólares, con electrónica, materiales de construcción, alimentos, bebidas, fármacos y ropa entre las categorías más afectadas.

    La expansión de los centros de datos agrega una capa nueva: mercancías muy caras, rutas logísticas complejas y presión por entregar rápido. En ese contexto, una carga de cables o equipos eléctricos puede ser tan atractiva como un camión lleno de consolas o zapatillas.

    Los robos ya no son solo fuerza bruta

    Lo más preocupante es que el robo de mercancías se está volviendo más sofisticado. Algunas bandas no se limitan a abrir camiones o asaltar depósitos: se hacen pasar por transportistas legítimos, manipulan documentación y aprovechan fallos de coordinación en la cadena logística.

    En Canadá, un caso reciente involucró materiales para centros de datos valorados en unos 5 millones de dólares que desaparecieron mientras estaban en tránsito. Según reportes citados por medios tecnológicos, los contenedores salieron del puerto y figuraban como recogidos por transportistas aparentemente legítimos, pero nunca llegaron a destino.

    La clave está en que los delincuentes actúan con más información. Saben qué mercancías están de moda, cuáles tienen mayor valor y qué sectores están moviendo más dinero. Informes del sector logístico advierten que el robo estratégico de carga creció con fuerza en los últimos años, con bandas que ya no eligen objetivos al azar, sino envíos específicos.

    La paradoja es evidente. La misma ola tecnológica que impulsa la IA también está creando nuevos incentivos para el crimen organizado. Cuanto más se encarecen los chips, las memorias, el cobre y la infraestructura eléctrica, más atractivo se vuelve interceptar esos materiales antes de que lleguen al centro de datos.

    Para las tecnológicas, esto suma otro problema a una lista que ya era larga. No basta con conseguir energía, agua, terrenos, permisos y equipos. También hay que proteger una cadena de suministro cada vez más valiosa y vulnerable.

    El boom de la IA no solo está cambiando cómo trabajamos, buscamos información o usamos internet. También está redibujando qué mercancías valen la pena robar. Y en esa nueva economía, los centros de datos se han convertido en una mina de oro sobre ruedas.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • Moria Casán y Georgina Barbarossa bailaron juntas en la fiesta de cumpleaños de Ángel de Brito

    Moria Casán y Georgina Barbarossa bailaron juntas en la fiesta de cumpleaños de Ángel de Brito

    Desde la gala de los premios Martín Fierro 2026 que Moria Casán y Georgina Barbarossa protagonizaron distintos momentos de cercanía luego de años de distancia y enojo. En el cumpleaños N°50 del conductor de LAM, Ángel de Brito, la dupla de divas se robó todas las miradas al bailar juntas en el medio de la pista.

    De esta forma, al ritmo de música electrónica y rodeadas de estrellas del espectáculo argentino, las presentadoras sellan la reconciliación que llevó casi una vida alcanzar. La periodista Naiara Vecchio compartió un video del momento en X.

    Entre quienes asistieron al a celebración se encuentran Yanina Latorre, Mariana Fabbiani, Augusto Tartu Tartúfoli, Rocío Marengo, Ana Rosenfeld, Silvina Escudero, Natalie Weber, Nacha Guevara, Vero Lozano, Lourdes Sánchez, Mariana Brey, Denise Dumas, Mercedes Ninci, Sergio Lapegüe, Graciela Borges, Aníbal Pachano, Marcelo Polino, Guillermo Capuya y Pilar Smith.

    De Brito brindó y sopló las velitas junto a Guillermina Valdés, quien también celebró su cumpleaños durante el fin de semana. La foto de ese momento rápidamente se hizo viral en las redes sociales.

    La música en vivo estuvo a cargo de Gladys «La Bomba» Tucumana quien puso a todos a bailar con sus canciones, logrando que la pista se llenara de energía, risas y coreografías improvisadas.

    Moria Casán y Georgina Barbarossa cerraron la grieta televisiva y se pidieron perdón al aire

    En un histórico encuentro entre Telefe y El Trece, Georgina Barbarossa y Moria Casán compartieron programa para pedirse perdón por una histórica pelea del pasado entre ambas, luego de haberse encontrado en los premios Martín Fierro 2026. “Nunca nos dejamos de querer”, indicaron.

    Cerca de las 10 de la mañana del 21 de mayo se dio el hecho histórico y, no solo por el reencuentro entre dos figuras del espectáculo, sino por lo que conlleva para dos canales importantes fundir y mezclar sus audiencias. Sucede que A la Barbarossa y La Mañana con Moria van en el mismo horario.

    Pero como se vieron en la celebración en el Hotel Hilton y hubo un abrazo y unas disculpas del lado de Moria, se dio la posibilidad de hacer un pedido de disculpas en vivo. Georgina contó que también estaba la posibilidad de hacerlo en privado, pero eligieron hacerlo delante de las cámaras.

    «Quiero agradecerte porque me encantó que hayas pedido este duplex, sé que fue así y lo agradezco”, inició Moria y Georgina recordó que eran muy amigas: «Yo he llorado sobre tu hombro muchas veces, nuestros hijos merendaban juntos en mi casa… hemos sido muy muy amigas».

    Sucede que, según contaron ambas, la pelea se generó porque Moria habló mal del exmarido de Georgina, quien había tenido problemas con el alcohol y estuvo internado en una clínica de rehabilitación. “Vos dijiste que ‘a esa no le hablen que el novio toma merca’”, contó Barbarossa e hizo la seña que había realizado la One en ese momento.

    Moria aseguró que no se acuerda de ese momento y desde ahí todo se rompió. Primero fue en Intrusos con Jorge Rial y luego volvió a hacer un comentario similar, lo cual dolió mucho para la familia de Georgina. Pero no faltaron las disculpas, afirmó que lo siente de corazón y, finalmente, le pidió perdón.

    Además, en medio de un sincericidio, Moria indicó: “Nunca te dejé de querer. Acá hay cero hipocresía. Me siento honrada” y agregó: «Es la verdadero este junte de pantallas. Te quiero. Me encanta recuperar esta amistad. Vamos a volver a honrarnos, juntarnos y nos debemos la cosa presencial». Mientras que, Georgina cerró: «La pasamos muy bien y fue una gran charla».

  • La suegra de Taylor Swift rompió el silencio sobre el casamiento con Travis Kelce: cómo describió la ceremonia

    La suegra de Taylor Swift rompió el silencio sobre el casamiento con Travis Kelce: cómo describió la ceremonia

    Taylor Swift y Travis Kelce se casaron este viernes en el Madison Square Garden y lo anunciaron por sus pantallas al resto del mundo, pero en el interior prevaleció la mayor privacidad que sus dólares pudieron pagar. Las características del estadio garantizaron que absolutamente nada se filtre sin el consentimiento de las superestrellas.

    Sin embargo, la madre del jugador de fútbol americano fue la primera en romper el silencio y el misterio impuesto por la pareja. En el marco de la celebración de los 250 años de independencia de Estados Unidos, Donna Kelce describió la ceremonia de casamiento de su hijo.

    «La verdad es que no puedo decir mucho, excepto que fue mágico«, se sinceró la mujer en una entrevista callejera y enfatizó: «Mágico».

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    Sus palabras fueron este 4 de julio durante los festejos por el 50° aniversario del espectáculo de los fuegos artificiales organizado por Macy’s en Nueva York. En ese contexto, la suegra de la cantante también recordó que solía llevar a sus hijos al lago Erie para ver los fuegos artificiales en Euclid, Ohio. «Lo pasábamos de maravilla», afirmó.

    Los detalles confirmados de la boda de Taylor Swift y Travis Kelce

    En medio de un contexto de férreo hermetismo, el portavoz de la cantante confirmó oficialmente que la pareja ya dio el «sí». Además, una de las pantallas del Madison Square Garden, el emblemático recinto de Nueva York donde se celebró el enlace, anunció la unión con la frase “Recién casados”.

    La histórica publicista de la artista, Tree Paine reveló que los atuendos nupciales de Swift y Kelce fueron piezas exclusivas de Christian Dior Alta Costura, diseñadas por Jonathan Anderson en estrecha colaboración con los novios, complementadas con zapatos hechos a medida por Christian Louboutin. Para coronar su look, la intérprete de Lover lució joyas de la firma Cartier.

    La íntima ceremonia fue oficiada por el reconocido actor y amigo cercano de la pareja, Adam Sandler. En la misma línea, la boda se destacó por romper con algunas tradiciones clásicas: no hubo damas de honor ni padrinos convencionales. En su lugar, el hermano de la cantante, Austin Swift, ofició como “hombre de honor”, mientras que el hermano del jugador de la NFL, Jason Kelce, cumplió el rol de “mejor hombre”.