Hay carreras que se construyen alrededor de una sucesión de lanzamientos y fechas. La de Valentinø también tiene otra dimensión: durante la última década, el italiano fue desarrollando en paralelo su música y una plataforma desde la cual entender el techno más allá de su propia figura como DJ.
Nacido en Génova como Valentino Marchiori, su relación con las cabinas comenzó temprano. Su padre era DJ y fue quien lo acercó a la música y a los equipos cuando todavía era adolescente. A los 14 años ya había encontrado en ese lenguaje algo que terminaría definiendo buena parte de su vida, y poco después comenzó a tocar en clubes de su ciudad.
Con el tiempo, aquel vínculo inicial con la música se transformó en un proyecto mucho más amplio.
Uno de los puntos centrales de esa historia es Mantra. El proyecto nació en las afueras de Génova, lejos de las zonas tradicionales de la vida nocturna de la ciudad, y fue construyendo desde allí una identidad ligada directamente al underground.
La ubicación nunca fue un detalle menor. Para Valentinø, convertir al club en un destino implicaba que el público tuviera que elegir conscientemente estar ahí: desplazarse hasta el lugar porque conectaba con su música y su identidad, y no simplemente porque estuviera de paso.
Una década después, aquella idea dejó de estar limitada a una pista de baile. Mantra evolucionó hacia un ecosistema que actualmente reúne club, sello discográfico, contenidos y desarrollo de nuevos artistas, con la intención de trasladar una misma identidad musical a distintos formatos.
Esa filosofía también atraviesa la carrera de Valentinø como productor. Su sonido se mueve entre grooves hipnóticos, percusión directa, melodías oscuras y ritmos de alta intensidad, con cruces entre techno y psy-trance. Su catálogo incluye música publicada en sellos como Materia, Etruria Beat, Suara y Second State, además de su llegada a ARTCORE Records, el sello de Indira Paganotto, con el EP Baba Baby en 2024.
En paralelo al crecimiento de Mantra, su nombre comenzó a circular cada vez más fuera de Italia.
Durante los últimos años, Valentinø pasó por cabinas como Fabrik Madrid, Khidi Tbilisi, Cocoricò y Amnesia Ibiza, además de sumar su presencia en Tomorrowland Belgium y otros puntos del circuito europeo. En 2026 también incorporó una residencia en Bolgia Club y avanzó con Enigma, su propio proyecto de festival.
Pero quizás lo más interesante de su momento actual no esté solamente en la cantidad de escenarios.
Después de años desarrollando su carrera desde Génova, Valentinø parece estar llevando al exterior la misma identidad que construyó puertas adentro de Mantra. Su idea es que el club, el sello y su música funcionen como partes de un mismo lenguaje, en lugar de proyectos independientes.
“Ya no se trata solo de gestionar un espacio, sino de exportar una estética musical”, explicó recientemente al hablar sobre la evolución de Mantra y su intención de convertir el proyecto en una plataforma con alcance global.
Es también una buena síntesis del lugar que ocupa hoy.
Entre el estudio, las cabinas internacionales y una estructura que lleva diez años creciendo desde el underground italiano, Valentinø entra en una nueva etapa con algo que no siempre acompaña a los artistas en ascenso: una identidad construida mucho antes de que llegaran los grandes escenarios.























