La serie documental El depredador de Sevilla se posicionó rápidamente entre lo más visto de Netflix, impactando al público con un relato crudo sobre uno de los casos criminales más estremecedores de España. A través de testimonios y material de archivo, la producción reconstruye la historia de un criminal que logró evadir a la justicia durante años, generando miedo e incertidumbre en toda una comunidad. La serie no solo se enfoca en los delitos, sino también en las fallas del sistema y en el impacto que el caso dejó en las víctimas.
A lo largo de los episodios, la docuserie detalla la investigación policial y muestra cómo se llevó adelante la búsqueda del responsable, con grabaciones, entrevistas e información que permite entender la complejidad del caso. La reconstrucción de los hechos mantiene una tensión constante, similar a la de un thriller, pero con el peso de tratarse de una historia real.
Uno de los puntos más destacados del documental es que pone el foco en las víctimas y sus familias, dándoles un lugar central en el relato. Lejos del sensacionalismo, la serie propone una mirada más humana sobre las consecuencias del crimen y abre una reflexión sobre la justicia, la seguridad y el impacto del trauma, lo que la convirtió en una de las producciones más comentadas de la plataforma.
El depredador de Sevilla
Con un enfoque más humano que sensacionalista, la producción invita a reflexionar sobre la justicia, la memoria y las fallas del sistema, consolidándose como una de las propuestas más impactantes del género true crime dentro de la plataforma.
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Sinopsis de El depredador de Sevilla, la serie documental tendencia en Netflix
La serie documental El depredador de Sevilla se adentra en uno de los casos criminales más oscuros de la crónica policial española y se convirtió en una de las producciones más comentadas de Netflix. La historia reconstruye la trayectoria de un agresor que durante años mantuvo en vilo a la ciudad, generando miedo e incertidumbre en distintos barrios de Sevilla, donde se desarrollaron los hechos que marcaron a toda una comunidad.
La narrativa se apoya en material de archivo policial, testimonios de investigadores y reconstrucciones que muestran los giros de una investigación compleja, atravesada por pistas falsas, presión mediática y la urgencia por detener al responsable. A lo largo de los episodios, la serie revela cómo el agresor logró ocultar su vida criminal detrás de una apariencia de normalidad, lo que dificultó su identificación y captura durante mucho tiempo.
Más allá del caso policial, la docuserie pone el foco en las víctimas y en el impacto psicológico que los crímenes dejaron en sus vidas. Con un enfoque más humano que sensacionalista, la producción invita a reflexionar sobre la justicia, la memoria y las fallas del sistema, consolidándose como una de las propuestas más impactantes del género true crime dentro de la plataforma.
Tráiler de El depredador de Sevilla
Embed – El Depredador De Sevilla (2026) HD Trailer Oficial Subtitulado Español – Documental – España
Reparto de El depredador de Sevilla
Manuel González González (El sujeto de la investigación)
Tini Stoessel se subió a los escenarios en Tucumán para mostrar su show en medio de su gira con Futttura, pero por primera vez se hizo eco del conflicto que la involucra con Emilia Mernes y dejó miles de conjeturas sobre la ruptura de la amistad de años.
Sus palabras llegaron en el show que dio en el hipódromo del norte del país y se hizo una pequeña pausa para dirigirse a sus fans donde se la vio muy emocionada que terminó siendo replicada en las redes sociales. “Quiero que sepan que es un tema muy delicado que no tiene que ver con un embarazo que perdí el año pasado, no tiene que ver con la depresión«.
«Necesito que entiendan que cada uno tiene sus tiempos y sus procesos para entenderse y asimilar ciertas cosas que pasaron en la vida”, se la escucha pronunciar a la cantante con una voz entrecortada. Si bien dejó en claro que quiero “dejarlo acá”, también hizo la aclaración que le pareció “un tanto injusto todos estos días y horas que se esté llevando para un lugar que no es”. “Por ahora, prefiero dejarlo acá”, aclaró.
Sin embargo, tras un segundo de pauso agregó: “Las personas involucradas saben perfectamente lo que pasó. Les estoy abriendo mi corazón, mucho, y les estoy contando que es algo muy delicado”.
“Así que, por favor si pueden dejar de intentar saber qué pasó… por ahora, yo elijo el silencio. Los amo. Gracias”, concluyó de manera categórica.
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Se REAVIVÓ el ‘EMILIA MERNES GATE’
TINI STOESSEL rompió el silencio tras semanas de especulaciones sobre qué pasó entre ELLA, MARÍA BECERRA y EMILIA MERNES
Como TODOS SABEMOS, se instaló que EMILIA habría traicionado a TINI al contar un SECRETO ÍNTIMO
Martín Cirio aseguró que la pelea de Tini Stoessel y María Becerra contra Emilia Mernes no fue por bailarines
En línea con las primeras declaraciones de Tini Stoessel, el youtuber Martín Ciriose metió en la polémica de María Becerra y la ex – Violetta contra Emilia Mernes para desmentir algunas de las teorías que circulan en redes sociales respecto al motivo de la pelea, pero dejó un mensaje claro: “Me contactaron del entorno y lo que pasó realmente es muy fuerte”.
Una de las hipótesis más resonantes que hay respecto a la pelea tiene que ver con una disputa de bailarines. La teoría indica que, en el momento en el que Tini se alejó de la música le dejó una parte de su equipo a Emilia a modo de préstamo, pero cuando regresó a los escenarios, quería a su equipo.
Sin embargo, la entrerriana se lo habría negado. Pero esta versión no parece ser cierta, según explicó el influencer. “No voy a contar lo que pasó, no lo voy a decir porque es algo que no me corresponde, pero es muy fuerte”, expresó.
La música es el elemento central, pero no el único: a su alrededor se articulan textos, imágenes y conceptos que expanden lo que sucede en la sala
Hay proyectos que nacen para ocupar un lugar concreto, como una sala, una noche, un momento, y otros que, con el tiempo, terminan desbordándolo. Desde Granada, MORDISCO CLUB pertenece claramente a esta segunda categoría. Tras quince años de recorrido, su historia no se puede explicar únicamente en términos de música electrónica o programación de club.
Desde sus inicios, a comienzos de la década de 2010, MORDISCO se planteó como una experiencia abierta, en la que la pista de baile funcionara como punto de encuentro entre distintos lenguajes. La música es el elemento central, pero no el único: a su alrededor se articulan textos, imágenes y conceptos que expanden lo que sucede en la sala.
Cada sesión se construye en torno a una temática, como el lenguaje, la verdad o el amor, que atraviesa la experiencia de principio a fin. Las frases y versos seleccionados, conocidos como “dardos”, ocupan físicamente el espacio y acompañan al público durante la noche, mientras que las proyecciones visuales de Francis López, grafista, productor audiovisual y docente, introducen una lectura paralela que dialoga con lo sonoro. De este modo, el club deja de ser únicamente un lugar de consumo musical para convertirse en un entorno donde lo sensorial y lo reflexivo se entrelazan.
Este planteamiento ha ido tomando forma a lo largo de quince años de actividad continuada. Con varias sesiones por temporada y un aforo en torno a las 400 personas, MORDISCO ha consolidado una comunidad diversa y estable, capaz de sostener el proyecto en el tiempo. En su evolución más reciente, el paso hacia el formato de “club de tarde”, entre las 17:00 y la medianoche, refleja también una adaptación a nuevas formas de relación con la música y el ocio.
Una sala a medio camino entre el club y otras prácticas culturales
Lejos de mantenerse como una propuesta cerrada, MORDISCO ha ido ampliando su alcance mediante la colaboración con otros agentes culturales. La participación del comisario Jesús Alcaide ha sido clave en el desarrollo de su dimensión conceptual, a la que se han sumado intervenciones de artistas como Miguel Benlloch. Estas colaboraciones han contribuido a situar el proyecto en un terreno híbrido, a medio camino entre el club y otras prácticas culturales contemporáneas.
Bajo la dirección de Hugo Carretero, profesor de la Universidad de Granada y también activo como Cobertizo, este trabajo ha generado, además, nuevas líneas de desarrollo. Entre ellas, el festival RIT/MO, que traslada esta misma filosofía a un entorno natural, combinando música electrónica con arte contemporáneo; y el sello LATIDO, que explora las conexiones entre la música de baile y otras disciplinas, estableciendo vínculos con figuras como José Val del Omar o la artista Dora García.
Este ecosistema ha encontrado también su lugar en el ámbito institucional. La colaboración con La Madraza – Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada, ha dado lugar a propuestas como “Sudar la noche, políticas del baile”, en las que el lenguaje del club se introduce en el espacio académico sin perder su lógica original.
El verdadero valor de Mordisco reside en su continuidad
El reciente 15 aniversario de MORDISCO CLUB ha servido para condensar este recorrido en una serie de cuatro celebraciones especiales, con la participación de artistas como Mr. Ho, Ciel, John Talabot y Manfredas. Una programación que refleja tanto la evolución del proyecto como su conexión con la escena electrónica internacional.
Sin embargo, más allá de estas citas puntuales, el verdadero valor de MORDISCO CLUB reside en su continuidad. En haber mantenido, durante tres lustros, una forma de hacer y de pensar el club que no se agota en lo inmediato.
Porque si algo ha demostrado MORDISCO en estos quince años es que la pista de baile puede ser también un lugar donde suceden otras cosas. Donde se cruzan cuerpos, sonidos e ideas. Y donde, a veces, el tiempo se mide de otra manera.
La Elektron Tonverk es un sampler de performance polifónico diseñado para producción electrónica y live sets, combinando la potencia del secuenciador de Elektron con herramientas avanzadas de manipulación de samples.
Cuenta con 8 pistas estéreo que pueden funcionar como audio o MIDI, lo que permite secuenciar hardware externo o trabajar con samples dentro del propio dispositivo. Entre sus motores destacan el reproductor de samples, multisampling, subtracks y un potente motor granular (Grainer) para transformar sonidos en nuevas texturas.
El workflow se apoya en el clásico secuenciador Elektron de hasta 256 pasos, con microtiming, parameter locks, condiciones de trig y arpegiador por pista, lo que permite crear patrones complejos con gran control creativo.
Entre sus especificaciones clave encontramos almacenamiento de samples de 5 GB, pantalla OLED, tarjeta SD de 64 GB incluida, múltiples LFOs y filtros por pista, además de conectividad MIDI In/Out/Thru, entradas y salidas jack de 6,3 mm y USB-C.
Fabricada por la reconocida marca escandinava Elektron, responsable de máquinas icónicas dentro de la música electrónica, la Tonverk está pensada para productores que buscan experimentación, diseño sonoro y performance en directo.
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Ni prohibir ni dejar hacer: ordenar el caos sin apagarlo
Mientras muchas ciudades siguen tratando la cultura nocturna como un problema, Montréal parece haber decidido hacer algo más inteligente: tomársela en serio.
El nuevo programa Nuits Montréal no es solo otra iniciativa institucional con nombre bonito. Es la consolidación de una idea que lleva tiempo gestándose: que la noche no es un exceso, sino un ecosistema cultural que necesita estructura, protección y margen de crecimiento.
Después de varios proyectos piloto iniciados en 2024, la ciudad canadiense da un paso firme con un sistema que permite a ciertos espacios operar más allá del límite tradicional de las 3 AM, siempre bajo una condición clara: profesionalizar la fiesta.
Aquí entra el nuevo concepto: “establecimientos nocturnos cualificados”. Clubs y salas que, para obtener esta certificación, deben demostrar algo que hasta hace poco casi nadie pedía de forma formal: gestión responsable del sonido, del público, del consumo y de la seguridad.
No es censura. Es filtro.
Y los nombres que ya han pasado ese filtro dibujan bien el mapa: Stereo, Société des arts technologiques (SAT), Datcha, Salon Daomé o Système, entre otros. Espacios que llevan años definiendo la identidad electrónica de la ciudad y que ahora reciben algo más que permisos: legitimidad institucional.
El cambio clave no está solo en el horario —que ahora puede extenderse incluso hasta formatos de 24 horas sin interrupción, como ya ha ocurrido en eventos recientes en la SAT—, sino en el enfoque: cada evento se evalúa individualmente.
Flexibilidad a cambio de responsabilidad.
Porque si algo deja claro el discurso del ayuntamiento es que esto no va solo de fiesta. Va de convivencia. De encontrar ese equilibrio siempre tenso entre la vitalidad cultural y el descanso vecinal.
Y aun así, dentro de la escena, la lectura es clara: esto era necesario.
Promotores, artistas y gestores llevan años señalando que los horarios restrictivos no reflejan cómo funciona realmente la noche contemporánea. Ahora, con este nuevo marco, cambia también la narrativa: la pista ya no tiene que vaciarse a las 3, puede transformarse.
Gente que se va. Gente que llega. Energías que mutan.
La noche como organismo vivo, no como evento con hora de caducidad.
Pero no todo es romanticismo. En paralelo, sigue pesando una realidad más cruda: la sostenibilidad económica. Con alquileres disparados en los últimos años, muchos espacios siguen operando al límite. Por eso, el programa llega acompañado de ayudas económicas —subvenciones de hasta 5.000 dólares— para facilitar la adaptación a estas nuevas exigencias.
Una inversión pequeña, pero simbólica.
Porque lo que realmente está en juego aquí es otra cosa: redefinir qué significa la noche para una ciudad.
Durante décadas, la industria nocturna ha sido estigmatizada, reducida a ruido, excesos y problemas. Con iniciativas como Nuits Montréal, el relato empieza a cambiar: la noche también puede ser cultura, economía y comunidad.
Y quizás lo más interesante de todo esto no es que Montréal permita alargar la fiesta.
Es que, por fin, parece haber entendido por qué merece la pena hacerlo.
Una memoria USB, una gasolinera y una colección entera de temas inéditos perdida en tránsito
Hay pesadillas que cualquier artista electrónico conoce demasiado bien. Y luego está esta: perder de golpe todo tu material inédito en mitad de una gira internacional.
Eso es exactamente lo que le ha ocurrido a BLOND:ISH, quien ha revelado que ha extraviado una USB con “toda una colección de canciones no publicadas” en una gasolinera de Miami. Sí, una gasolinera.
El incidente tuvo lugar durante su paso por la ciudad con motivo de la Miami Music Week, uno de los epicentros globales de la industria electrónica, donde la DJ canadiense venía de actuar en Wynwood Studios. Horas después, ese mismo dispositivo —que probablemente contenía meses (o años) de trabajo— simplemente desapareció.
Sin copia. Sin backup confirmado. Sin rastro.
La artista compartió la noticia a través de redes el 1 de abril, dejando una mezcla de incredulidad y desesperación que rápidamente resonó en toda la comunidad. Porque esto no va solo de un USB: va de ideas, procesos, versiones nunca escuchadas y futuros releases que ahora quedan en el limbo.
Y mientras tanto, la gira no se detiene.
Tras el episodio en Miami, BLOND:ISH voló directamente a Madrid, donde actuó en Fabrik, dando inicio a su nueva serie de fechas europeas. La paradoja es evidente: seguir pinchando mientras parte de tu propio universo creativo puede haberse perdido para siempre.
Este tipo de historias, que antes sonaban anecdóticas, hoy golpean distinto. En una era donde todo es digital pero no necesariamente seguro, la fragilidad del proceso creativo vuelve a quedar expuesta.
Porque en la cultura electrónica, donde el archivo lo es todo, perder una USB no es un descuido. Es casi un borrado existencial.
Y ahora la pregunta flota en el aire: ¿aparecerá ese USB… o se convertirá en mito?
Más de dos décadas después, el largo formato vuelve a tener sentido
En una escena dominada por el consumo rápido, los loops infinitos y la dictadura del single, Speedy J decide ir en dirección contraria. Y no es un gesto nostálgico: es casi un acto de resistencia.
El veterano productor holandés —nombre real Jochem Paap— ha anunciado su primer álbum en solitario en más de 20 años. Un movimiento que, en pleno 2026, suena casi radical.
Titulado Walkman, el proyecto no solo marca su regreso al formato largo, sino también una declaración de intenciones: recuperar la escucha consciente en una era diseñada para la distracción. Lejos de la lógica del algoritmo, el álbum se plantea como una experiencia continua, un viaje de 90 minutos que exige tiempo, atención y, sobre todo, desconexión del ruido digital.
Porque aquí no hay “tracks para playlist”. Hay narrativa.
Construido a partir de sesiones de estudio realizadas en 2025, el disco se mueve entre techno, ambient y experimentación sin pedir permiso ni dar explicaciones. Fragmentos cortos, estructuras abiertas y momentos de pura abstracción conviven en un formato que se acerca más a un collage sonoro que a un álbum convencional.
Y eso encaja perfectamente con la evolución de Speedy J en los últimos años, especialmente a través de su plataforma STOOR, donde la improvisación y el proceso han pesado más que el resultado final.
Pero aquí está la clave: este no es un regreso cualquiera.
Durante años, el propio artista había cuestionado el sentido del álbum en la cultura contemporánea, relegándolo frente a formatos más fluidos y efímeros. Ahora, sin embargo, parece haber encontrado un nuevo contexto donde el LP vuelve a tener peso: no como producto, sino como experiencia física y mental.
El guiño al “walkman” no es casual. Es una invitación.
Salir a caminar. Escuchar sin interrupciones. Volver a una relación más íntima con el sonido en un momento donde todo compite por nuestra atención.
En un ecosistema saturado de contenido, Speedy J no intenta destacar haciendo más ruido. Hace lo contrario: baja la velocidad, estira el tiempo y obliga a escuchar.
Y en ese gesto, casi silencioso, hay algo profundamente subversivo.
La censura digital vuelve a la pista de baile, pero Berlín responde
El pulso entre la cultura clubbing y las grandes plataformas tecnológicas suma un nuevo capítulo —y esta vez, con giro inesperado. El icónico KitKatClub de Berlín ha recuperado su cuenta de Instagram tras haber sido eliminada sin previo aviso por Meta, en un movimiento que muchos dentro de la escena ya habían señalado como otro caso de censura sistemática hacia espacios sex-positive.
La desaparición no fue un caso aislado. En los últimos días, varios clubes y colectivos vinculados a la cultura queer y hedonista —como Insomnia o Gegen— también vieron cómo sus perfiles se evaporaban del mapa digital. Sin explicación clara, sin advertencias, sin contexto. Solo silencio corporativo.
Y ese silencio, en una escena que históricamente ha luchado por existir, pesa.
Durante años, el ecosistema nocturno berlinés ha sido mucho más que fiesta: ha sido refugio, política, identidad y resistencia. Pero en el entorno digital, esa misma identidad parece chocar con los algoritmos y las políticas ambiguas de plataformas como Instagram, donde la línea entre “contenido inapropiado” y expresión cultural sigue siendo peligrosamente difusa.
La restitución de la cuenta del KitKatClub llega tras una intervención directa con Meta. Una victoria, sí, pero con sabor a advertencia. Porque el problema de fondo sigue intacto: nadie sabe exactamente por qué ocurrió el borrado en primer lugar.
En paralelo, desde la comunidad ya se habla abiertamente de “censura digital”. No como teoría conspirativa, sino como una realidad cada vez más tangible para colectivos que operan fuera de los estándares normativos dominantes.
Ante la incertidumbre, el club ha reforzado sus canales propios —como newsletters—, una estrategia que cada vez gana más peso en la escena underground: menos dependencia de plataformas, más control sobre la comunicación.
Porque si algo deja claro este episodio es que la cultura clubbing no solo se libra en la pista. También se juega en servidores, algoritmos y decisiones opacas tomadas a miles de kilómetros de distancia.
La cuenta ha vuelto. Pero la pregunta sigue en el aire: ¿quién decide qué cultura puede existir online?
A estas alturas, el phygital ya no necesita presentarse como una rareza híbrida entre deporte y videojuego. Después de varios años de expansión, torneos oficiales y eventos como los Games of the Future, la conversación empezó a moverse hacia otro lugar: no tanto qué es, sino en qué se está convirtiendo.
En charla con Gizmodo, Dan Merkley, presidente y director general de la World Phygital Community, sostiene que el formato ya dejó atrás la fase de experimento y ha entrado en una etapa donde la verdadera prueba ya no es llamar la atención, sino demostrar que puede consolidarse como una disciplina con estructura, proyección y peso propio.
Durante sus primeros años, el phygital se movió en un terreno ambiguo: lo bastante llamativo como para captar atención, pero todavía demasiado nuevo como para ser leído con las mismas categorías que el deporte tradicional o los esports. Hoy, según Dan Merkley, esa etapa empieza a quedar atrás.
“El phygital ya no se comporta como una simple curiosidad entre el gaming competitivo y la actividad física”, viene a sostener el dirigente de la World Phygital Community, que en los últimos meses ha visto cómo el ecosistema ampliaba su red hasta 119 miembros en 115 países, una señal de que el formato está entrando en una fase más estructurada y menos experimental.
Para Merkley, el crecimiento no se explica solo por una cuestión organizativa o de calendario, sino por algo más profundo: la capacidad del formato para conectar con una generación que ya no vive el espacio digital y el físico como compartimentos separados. “El deporte phygital conecta el gaming competitivo con la actividad física de una forma que resulta natural para la generación actual, que ya se mueve con fluidez entre los espacios digitales y físicos”, explica.
La idea es importante porque marca una diferencia clave. El phygital no intenta simplemente “mezclar” dos mundos que antes estaban separados, sino responder a una lógica cultural que ya existe. En ese sentido, no aparece tanto como una anomalía dentro del deporte contemporáneo, sino como una consecuencia bastante coherente de cómo cambió la competencia en la era digital.
Desde esa mirada, el verdadero salto no está solo en el número de torneos o en la visibilidad creciente del formato, sino en el hecho de que ya empieza a pensarse con vocabulario de ecosistema: reglas, estructuras, clasificación, desarrollo territorial y una narrativa competitiva que va mucho más allá de la exhibición. “Nuestra misión es promover el phygital en todo el mundo, impulsar la innovación y definir las reglas de la competición”, resume Merkley.
Ese cambio de escala también se apoya en eventos que ya dejaron de funcionar solo como vitrina. En esa línea, Merkley destaca el impacto de los Games of the Future Abu Dhabi 2025, que reunieron a más de 850 participantes de más de 60 países y superaron los 460 millones de visualizaciones globales. Más que una cifra de audiencia, para la organización fue una prueba de otra cosa: que el phygital ya puede mostrarse a gran escala sin parecer un experimento en beta.
España empieza a jugar un papel más importante de lo que parece
Si el crecimiento global del phygital marca una tendencia, lo que empieza a verse en España ayuda a entender cómo esa expansión puede traducirse en estructura real. Los torneos celebrados en Valencia, con disciplinas como Phygital Football, Basketball, Shooter y Dancing, no funcionaron solo como exhibición, sino como una señal de que el formato empieza a encontrar espacios donde desarrollarse con cierta continuidad.
Para Dan Merkley, lo más relevante no fue únicamente la organización del evento, sino la actitud del ecosistema local. “Lo que más me llamó la atención fue la ambición por adoptar lo que viene. Se percibía no solo en los jugadores y organizadores, sino en todo el entorno”, explica.
Esa sensación de ecosistema en construcción es lo que diferencia este tipo de iniciativas de los primeros eventos phygital, más cercanos a la demostración que a la competencia consolidada. En el caso de Valencia, además, se sumaron dos factores que para la World Phygital Community son especialmente estratégicos: infraestructura deportiva de alto nivel y conexión directa con el ámbito educativo.
“La ciudad, con espacios como la Ciutat del Basket o el nuevo Roig Arena, muestra hasta qué punto se está apostando por el deporte. Pero al mismo tiempo, el hecho de que el evento se celebrara en la Universitat Politècnica de València indica algo igual de importante: el vínculo con la educación”, señala Merkley.
Ese cruce entre deporte e institución educativa no es menor. De hecho, forma parte del modelo que la WPC está intentando impulsar a nivel global, donde el phygital no solo se desarrolla en circuitos competitivos, sino también en entornos formativos que funcionan como puerta de entrada al ecosistema.
Uno de los momentos más significativos del evento en España fue la participación del primer equipo femenino de Phygital Basketball en un torneo rankeado, un hito que, más allá del resultado deportivo, marca una línea de desarrollo clara. “Es una señal importante de inclusión y de las oportunidades que este formato puede generar”, apunta Merkley.
El propio rendimiento del equipo refuerza esa idea. Según explica, las jugadoras identificaron rápidamente su punto débil (la fase digital), trabajaron sobre ello y lograron incluso imponerse en una de esas instancias. “Eso es lo que hace interesante al phygital. Los competidores llegan con perfiles distintos, pero cuando entienden el equilibrio que exige el formato, se implican de verdad”.
En conjunto, lo que deja el caso español es una conclusión bastante clara: el país no está simplemente sumándose a una tendencia, sino participando activamente en su construcción. “España no solo está participando en el crecimiento del phygital, está ayudando a darle forma”, resume Merkley.
El atleta phygital ya no encaja en las categorías tradicionales
Uno de los puntos más interesantes del crecimiento del phygital no está solo en los torneos, las audiencias o la expansión geográfica, sino en el tipo de competidor que empieza a producir. Porque, en la práctica, este formato está obligando a revisar una distinción que durante años pareció bastante estable: la que separaba al atleta del jugador competitivo.
Para Merkley, lo que está emergiendo no es simplemente una suma entre ambas figuras, sino un perfil distinto. “Un atleta phygital representa una nueva categoría de competidor: alguien capaz de rendir a alto nivel tanto en pantalla como en la arena física”, explica.
La frase no es menor, porque sugiere que el phygital no funciona solo como una alternancia entre dos fases distintas de competición, sino como una lógica de rendimiento completamente integrada. Ya no se trata de tener habilidad digital por un lado y capacidad física por otro, sino de combinar ambas bajo presión, dentro de una misma lectura competitiva.
Eso obliga a desarrollar un repertorio mucho más amplio que el que suele exigir un deporte tradicional o un esport por separado. “Estamos viendo el surgimiento de un atleta más versátil y adaptable, alguien que puede tomar decisiones en fracciones de segundo en un entorno digital y, al mismo tiempo, responder físicamente en una situación de competición real”, resume Merkley.
En otras palabras, el atleta phygital ya no encaja del todo en ninguna categoría clásica. No es únicamente un gamer que también corre, ni un deportista que además juega. Lo que el formato empieza a exigir es otra cosa: una combinación entre lectura táctica, coordinación, reflejos, resistencia, control mental y capacidad de adaptación que obliga a pensar el rendimiento desde un lugar mucho más híbrido.
Y ahí es donde el phygital empieza a resultar especialmente interesante como fenómeno cultural. Porque más allá del espectáculo o de la novedad, refleja un cambio generacional más profundo: el hecho de que la competencia, para muchos jóvenes, ya no está dividida entre lo “virtual” y lo “real”, sino que ocurre de forma continua entre ambos planos.
“En última instancia, el phygital está moldeando una generación de competidores que piensa el deporte de otra manera”, dice Merkley. “Las fronteras entre lo físico y lo digital ya no son tan claras: forman parte de una misma experiencia competitiva”.
Esa idea probablemente sea una de las más importantes de todo el fenómeno. Porque si el phygital logra consolidarse, no será solo porque haya encontrado un formato atractivo, sino porque está dando forma a un tipo de atleta que hace apenas una década prácticamente no tenía lugar dentro de las categorías deportivas convencionales.
La inclusión y las universidades pueden definir su verdadero crecimiento
Si el phygital quiere consolidarse de verdad, no le alcanzará con grandes escenarios, millones en premios o eventos capaces de generar titulares. Como cualquier disciplina que aspire a durar, su crecimiento real dependerá de algo menos espectacular, pero mucho más decisivo: la base.
Y ahí es donde entran dos factores que Dan Merkley considera fundamentales para el futuro del ecosistema: la inclusión y el trabajo en universidades, escuelas e iniciativas grassroots.
“Una de las cosas que más buscamos promover en el phygital es la inclusión y la igualdad de oportunidades”, explica. “A partir de los 16 años, cualquiera puede participar, sin importar su procedencia. No hacemos distinciones: si estás listo para agarrar el mando y luego entrar en la arena, tienes un lugar”.
Esa idea de acceso abierto no elimina la exigencia competitiva, pero sí modifica algo importante: quién puede sentirse interpelado por el formato. En muchos deportes tradicionales, las barreras de entrada suelen estar marcadas por años de especialización, estructuras rígidas o contextos muy determinados. El phygital, en cambio, todavía está en una etapa donde puede diseñar su cultura competitiva con otra lógica.
Para Merkley, uno de los ejemplos más claros de ese potencial se vio justamente en Valencia, con la participación del primer equipo femenino de Phygital Basketball en un torneo rankeado. “Fue una gran señal. Llegaron sabiendo que la fase digital era su punto más débil, trabajaron para mejorarla y terminaron ofreciendo un gran rendimiento, incluso ganando una de las fases digitales”, cuenta.
Ese tipo de experiencias no solo refuerza la idea de inclusión, sino que ayuda a entender por qué el phygital puede resultar especialmente atractivo para perfiles competitivos que quizá no habrían encontrado encaje tan fácilmente en estructuras más tradicionales. “Eso es lo que lo hace tan interesante”, dice Merkley. “La gente entra por razones distintas, pero cuando experimenta el equilibrio que exige el formato, entiende el desafío y se engancha”.
Pero el otro gran frente está fuera de la competición profesional: el ámbito educativo.
Para la World Phygital Community, las universidades y escuelas no son solo una herramienta de difusión, sino uno de los pilares sobre los que puede construirse un ecosistema duradero. “Estas iniciativas son increíblemente importantes para nosotros. Demuestran que el phygital no es solo para atletas de élite, sino un espacio donde cualquiera puede participar, desarrollar habilidades y formar parte de una comunidad en crecimiento”, afirma.
España vuelve a aparecer aquí como un caso especialmente relevante. Esta temporada, más de 200 estudiantes participaron en iniciativas vinculadas al phygital en la Universitat Politècnica de València (UPV), y según Merkley, el impacto fue casi inmediato: varios equipos universitarios terminaron compitiendo poco después en torneos Phygital Rivals.
Y el fenómeno no se limita al contexto español. La WPC asegura estar viendo desarrollos similares en países como Brasil, Serbia, Guatemala y Colombia, donde ya se están impulsando torneos escolares, competiciones juveniles y programas universitarios orientados a introducir el formato desde etapas tempranas.
Lo importante, en cualquier caso, va más allá de detectar talento. “Lo que construyen estas iniciativas no son solo futuros atletas”, resume Merkley. “También forman entrenadores, árbitros, organizadores y especialistas técnicos. En otras palabras, ayudan a crear el ecosistema completo”.
Y probablemente ahí esté una de las claves más serias del phygital: no solo en si logra producir estrellas o eventos virales, sino en si consigue desarrollar una estructura capaz de sostenerse cuando pase el efecto novedad.
Si el crecimiento del phygital empieza a ser visible en torneos locales y circuitos en expansión, los Games of the Future 2026, que se celebrarán en Astana (Kazajistán) del 29 de julio al 9 de agosto, funcionarán como algo más que un gran evento: serán una prueba de escala.
Según adelanta Dan Merkley, la próxima edición reunirá a unos 900 participantes y desplegará un programa que combina disciplinas phygital (como Football, Basketball, Dancing, Shooter y Fighting) con competiciones de esports como MOBA en PC y móvil y Battle Royale. El premio total alcanzará los 4,75 millones de dólares, con torneos como el de Dota 2 en PC concentrando por sí solos un millón.
Pero más allá de las cifras, lo que está en juego es otra cosa: comprobar hasta qué punto el phygital puede sostener un nivel competitivo cada vez más alto y, al mismo tiempo, seguir ampliando su base internacional. “El progreso es claro”, sostiene Merkley. “Cada vez más países están entrando en los procesos de clasificación en múltiples disciplinas, lo que hace que el campo competitivo sea más diverso y representativo a nivel global”.
Ese crecimiento no solo se mide en cantidad de participantes, sino también en experiencia acumulada. A diferencia de las primeras ediciones, donde muchas selecciones llegaban desde cero, ahora empiezan a aparecer equipos con varias temporadas dentro del ecosistema phygital, algo que eleva el nivel de juego y cambia la dinámica competitiva. “Estamos viendo una combinación interesante entre equipos con experiencia y nuevos competidores, lo que introduce un grado de imprevisibilidad que hace la competición más atractiva”, explica.
Astana también marcará un cambio en la forma de presentar el evento. Lejos de concentrarse en una única sede, la competición se repartirá en cinco espacios distintos de la ciudad, con la intención de construir una experiencia más cercana a un festival que a un torneo tradicional. “Queremos crear algo que combine competición de élite con entretenimiento y participación del público”, señala Merkley.
En ese contexto, la presencia de países como España en los procesos de clasificación refuerza la idea de que el phygital ya no se articula en torno a unos pocos actores, sino que empieza a funcionar como un sistema competitivo más amplio, con múltiples niveles de entrada y progresión.
Y ahí es donde eventos como los Games of the Future dejan de ser únicamente una vitrina. Se convierten, más bien, en el espacio donde se mide si todo lo que se viene construyendo (desde universidades hasta torneos nacionales) realmente puede sostenerse cuando el nivel, la presión y la visibilidad aumentan.
Lo que está en juego no es solo un formato, sino una nueva categoría deportiva
A esta altura, la discusión sobre el phygital ya no pasa por si funciona como espectáculo. Eso, en buena medida, ya quedó demostrado. La cuestión es otra: si puede sostenerse como algo más que una combinación atractiva entre deporte y videojuego.
Para Dan Merkley, la respuesta no es excluyente. “Creo que es ambas cosas”, explica. “El phygital es una evolución del deporte, pero también se está consolidando como una nueva categoría en sí misma”. La clave, según plantea, está en que el formato no intenta forzar un cambio, sino reflejar uno que ya ocurrió. “Responde a la forma en que las nuevas generaciones entienden la competencia y el entretenimiento, moviéndose de manera natural entre lo digital y lo físico”.
Ese punto es importante porque desplaza la discusión. El phygital no aparece como una ruptura radical con el deporte tradicional, sino como una extensión lógica de un contexto cultural donde las fronteras entre ambos mundos son cada vez menos claras.
De cara a los próximos años, la apuesta de la World Phygital Community no parece centrarse únicamente en crecer, sino en profundizar. “La próxima década va a ser sobre integración y desarrollo en profundidad”, señala Merkley. Eso implica más países construyendo estructuras propias, más conexión entre escuelas, universidades y competición profesional, y una base de atletas cada vez más diversa, con mayor representación y presencia de equipos mixtos.
En ese escenario, la pregunta sobre si el phygital llegará a convertirse en una categoría deportiva reconocida empieza a perder peso. “La pregunta ya no es si se convertirá en una nueva categoría; en muchos sentidos, ya lo es”, afirma.
Lo que queda por delante no es tanto su legitimación interna, sino su reconocimiento externo. Es decir, si el resto del ecosistema deportivo (instituciones, audiencias, estructuras tradicionales) termina por asumir que esa nueva forma de competir ya está en marcha.
Y ahí es donde el phygital entra en una fase más exigente. Porque dejar de ser una promesa no depende solo de crecer, sino de sostenerse cuando la novedad desaparece.
Si quieres leer la entrevista completa con Dan Merkley en formato pregunta y respuesta, puedes hacerlo aquí.
La actriz Florencia Peña relató una historia singular durante el ciclo que conduce junto a Marley por la plataforma LUZU. Allí, compartió una anécdota de su pasado que captó la atención de los espectadores de manera veloz.
Con su estilo habitual, la conductora confesó un encuentro sexual múltiple de hace varios años. «Hubo una época en la que yo era muy curiosa y tuvimos una situación muy íntima con… mucha gente», expresó, sin revelar de forma directa la identidad de quienes estuvieron presentes.
El asombro del público aumentó al saber que una de las personas involucradas formó parte de un programa de televisión muy popular tiempo después. «Cuando me enteré, casi me descompenso», admitió la comediante sobre el impacto por aquella coincidencia inesperada.
Durante la charla, Peña explicó su temor ante la posible exposición pública del hecho. «Porque en un momento le preguntaron: ‘¿Vos estuviste con famosas?’, y yo lo primero que pensé es: ‘Lo mato’», relató. Ante esto, Marley consultó: «Pero… ¿esto se lo preguntaron en el aire?». Ella replicó: «Yo estaba casi desmayada. Porque llegaba a contar lo que estaba pasando… yo me iba, no te digo del país, sino del continente».
En el desarrollo del relato, la figura televisiva confirmó la presencia de otra mujer en esa misma cita. «Claro, hablábamos por teléfono. Ella también es famosísima», detalló sobre sus conversaciones de aquel momento, y rememoró su advertencia a la otra celebridad: «¿Vos te das cuenta de lo que está a punto de pasar?».
Para finalizar, la actriz afirmó que el sujeto quedó «muy mal parado» frente a ellas por el pánico a un escándalo. El alivio mutuo ocurrió gracias a un viaje definitivo: «Cuando él se fue a vivir al exterior, dijimos: ‘Bueno, ya está, se olvida’». Tras la difusión del material, los usuarios de las redes sociales y programas de espectáculos señalaron a Santiago Almeyda, exintegrante de Gran Hermano, como el presunto tercer protagonista.