Autor: configuroweb

  • La IA necesita centros de datos cada vez más grandes, pero algunos vecinos ya conocen su costo más incómodo: un zumbido que no se apaga nunca

    La IA necesita centros de datos cada vez más grandes, pero algunos vecinos ya conocen su costo más incómodo: un zumbido que no se apaga nunca

    El sonido de la inteligencia artificial también llega a los barrios

    La inteligencia artificial suele imaginarse como algo limpio, intangible y silencioso. Modelos que responden preguntas, generan imágenes o procesan datos en algún lugar remoto de internet. Pero detrás de esa aparente inmaterialidad hay edificios enormes llenos de servidores, sistemas de refrigeración, ventiladores industriales, generadores y una demanda energética que no deja de crecer.

    En distintas ciudades de Estados Unidos, algunos vecinos están descubriendo esa parte física de la revolución digital de la peor manera: escuchándola todas las noches. En lugares como Vineland, Dowagiac y Lowell, la expansión de centros de datos abrió un conflicto que va mucho más allá de la tecnología. Residentes denuncian un zumbido constante, vibraciones de baja frecuencia y una sensación de presión que se vuelve especialmente insoportable cuando intentan dormir.

    Las empresas suelen responder que cumplen con los límites legales de ruido y con las reglas de zonificación. Pero ahí aparece el problema central: muchas normas fueron pensadas para ruidos puntuales, como obras, tránsito, fiestas o maquinaria temporal. No para instalaciones que funcionan las 24 horas, todos los días, con una intensidad casi idéntica de día y de noche.

    La IA necesita centros de datos cada vez más grandes, pero algunos vecinos ya conocen su costo más incómodo: un zumbido que no se apaga nunca
    © Magnific

    El ruido que no siempre se oye, pero se siente

    El reclamo vecinal no se limita a “se escucha fuerte”. En varios casos, los residentes describen vibraciones persistentes, dolores de cabeza, insomnio, ansiedad y una sensación física difícil de ignorar. Parte del conflicto tiene que ver con las bajas frecuencias: sonidos o vibraciones que no siempre se perciben como ruido convencional, pero que pueden sentirse en el cuerpo.

    Ese detalle complica la regulación. Muchas mediciones municipales utilizan escalas de decibelios pensadas para aproximarse a lo que oye el oído humano promedio. El problema es que los zumbidos graves y las vibraciones pueden quedar subrepresentados en esas mediciones, aunque afecten de forma real a quienes viven cerca.

    Por eso los vecinos sostienen que el cumplimiento formal de la ley no alcanza. Una instalación puede estar dentro de los límites legales y, aun así, alterar la vida cotidiana de una comunidad si el ruido es continuo, nocturno y difícil de bloquear dentro de las viviendas.

    El crecimiento de los centros de datos se está moviendo hacia nuevas comunidades

    Estados Unidos ya cuenta con miles de centros de datos en funcionamiento y tiene muchos más en desarrollo. La demanda viene impulsada por la nube, el streaming, los servicios digitales y, sobre todo, la inteligencia artificial. Cada nuevo modelo necesita más capacidad de cálculo, y esa capacidad se traduce en infraestructura física.

    Durante años, muchos centros de datos se concentraron cerca de grandes zonas urbanas o corredores tecnológicos. Ahora, una parte importante del crecimiento se está moviendo hacia áreas rurales o comunidades más pequeñas, donde hay más suelo disponible, menos densidad y, en algunos casos, mejores condiciones para conseguir energía.

    Para los municipios, estos proyectos pueden resultar atractivos: prometen inversión, impuestos, empleo y modernización. Pero para los vecinos que quedan cerca, la experiencia puede ser muy distinta. El beneficio económico se distribuye de una manera; el ruido, el tráfico, la presión sobre la red eléctrica y la pérdida de tranquilidad se sienten de otra.

    La regulación llega tarde a una infraestructura que crece rápido

    El conflicto muestra una brecha cada vez más evidente entre la velocidad de la industria tecnológica y la lentitud de las reglas locales. Los centros de datos no son fábricas tradicionales, pero tampoco son oficinas silenciosas. Son infraestructuras industriales al servicio de la vida digital.

    Eso obliga a repensar dónde se instalan, cómo se mide su impacto y qué derechos tienen las comunidades antes de que el proyecto ya esté construido. No basta con evaluar metros cuadrados, potencia eléctrica y límites promedio de decibelios. También importa la frecuencia del sonido, la actividad nocturna, la distancia a las viviendas y la acumulación de efectos sobre la salud y el descanso.

    Algunas empresas exploran soluciones como refrigeración líquida, barreras acústicas, rediseño de ventiladores o compra de propiedades cercanas. Pero esas medidas suelen llegar después de los reclamos, cuando el conflicto ya está instalado.

    La inteligencia artificial necesita una infraestructura gigantesca para funcionar. El problema es que esa infraestructura no vive en una nube abstracta: ocupa suelo, consume energía, genera calor y produce ruido. Y mientras más crezca, más comunidades se preguntarán algo incómodo: cuánto silencio están dispuestas a perder para sostener el futuro digital de otros.

     

     

    Fuente: Infobae.

  • Yanina Latorre fulminó a una ex Gran Hermano: «Lo engrampaste»

    Yanina Latorre fulminó a una ex Gran Hermano: «Lo engrampaste»

    El tan esperado Mundial 2026 ya está disputándose y logró el cruce menos esperado: Yanina Latorre fulminó a la ex – Gran Hermano, Daniela Celis, por una insólita reflexión que hizo la exparticipante del reality. ¿Qué pasó?

    Luego del debut de la Selección argentina, Pestañela recurrió a sus redes sociales para hablar con sus seguidores y entre gritos y ganas de llorar, indicó: “Hace ocho años, literalmente hace ocho años que no vivimos un Mundial en la calle nosotros. El último fue encerrados en una casa hace cuatro años, que salimos campeones del mundo”.

    “Veíamos el Mundial en una televisión con los otros chicos y se terminaba el partido, la televisión se apagaba y seguíamos nuestra vida real limpiando la casa o haciendo lo que hacíamos en el juego. Se terminaba el festejo”, agregó en su descargo.

    En esa línea, la conductora no la perdonó y se quejó por sus dichos y la trató como “la boluda del día”. “¿De qué habla? ¿Es para esto? Aparte no se le cae una lágrima, no se le corre el rimel”, indicó durante su programa de stream en El Observador.

    “Gracias al reality te hiciste conocida y estás acá diciendo estas pelotudeces. Dejate de joder. Es una boluda. No se le caía ninguna lágrima. Se quieren viralizar”, lanzó y enojada indicó: “Otra cosa, estabas en la casa de Gran Hermano, te engrampaste al tipo, es el padre de tus hijas, sos famosa, tenés un programa de streaming, te quieren las marcas…no es para llorar. Es una reflexión muy pelotuda”.

    Se separó una pareja muy querida de Gran Hermano a meses de blanquear la relación

    Daniela Celis anunció su separación de Nick Sicaro, uno de los participantes de la última edición de Gran Hermano, luego de haber blanqueado la relación hace poco más de cuatro meses.

    La noticia sorprendió a sus seguidores, ya que la pareja se mostraba feliz y no había indicios de una crisis. “¡Hola! Como ustedes fueron parte de todo esto, queríamos compartirles que con Nico somos amigos, ya no estamos más juntos”, comenzó diciendo en su historia de Instagram.

    Luego aclaró que la separación se dio en buenos términos y que no existió un conflicto o terceros en discordia. “Agradecemos a todos por el respeto y la buena energía siempre. Los queremos”, escribió.

  • Jeff Bezos quiere llevar la industria contaminante al espacio: suena a ciencia ficción, pero revela hacia dónde miran los multimillonarios

    Jeff Bezos quiere llevar la industria contaminante al espacio: suena a ciencia ficción, pero revela hacia dónde miran los multimillonarios

    Bezos imagina una Tierra sin fábricas contaminantes

    Jeff Bezos no habla del espacio solo como un lugar para turistas, cohetes o misiones científicas. Su visión es mucho más grande: convertirlo en una extensión industrial de la economía humana. Durante su participación en VivaTech, el fundador de Amazon y Blue Origin volvió a plantear que, si los viajes espaciales se vuelven lo bastante baratos y fiables, una parte de la industria más contaminante podría trasladarse fuera de la Tierra.

    La frase es poderosa: devolver al planeta a un estado parecido al previo a la Revolución Industrial. En su visión, la Tierra quedaría reservada para vivir, con ciudades más verdes, menos contaminación y más espacios naturales. Las fábricas, los centros de datos y otras infraestructuras pesadas podrían moverse al espacio, donde habría energía solar abundante y acceso a recursos lunares o de asteroides.

    Sobre el papel, la idea tiene una lógica seductora. Si la Tierra es el único lugar realmente habitable que conocemos, quizá tenga sentido sacar de ella las actividades que más la degradan. Pero el problema es que entre imaginarlo en un escenario tecnológico y hacerlo realidad hay una distancia enorme.

    Los centros de datos son el nuevo símbolo del problema

    La discusión no aparece en el vacío. La explosión de la inteligencia artificial está disparando la demanda de centros de datos, energía, refrigeración y suelo. Cada nuevo modelo necesita más capacidad de cómputo, y esa capacidad se traduce en edificios gigantes llenos de servidores que consumen electricidad y agua.

    Por eso algunas empresas tecnológicas empiezan a mirar al espacio como una posibilidad. Allí, al menos en teoría, habría energía solar constante y menos problemas de refrigeración. Un centro de datos orbital podría recibir energía del Sol y enviar resultados de vuelta a la Tierra. La idea no es imposible desde el punto de vista físico; el gran obstáculo es económico, logístico y operativo.

    Lanzar infraestructura al espacio sigue siendo caro. Mantenerla, repararla, reemplazarla y evitar que se convierta en basura orbital también lo es. Además, llenar la órbita baja de satélites, centros de datos o plataformas industriales puede generar nuevos problemas: contaminación lumínica, riesgos para la astronomía, congestión orbital y más chatarra espacial.

    La contradicción ambiental es difícil de ignorar

    La propuesta de Bezos tiene un costado esperanzador y otro incómodo. Es cierto que mover industrias contaminantes fuera de la Tierra podría reducir ciertos impactos locales. Pero también es cierto que muchas de las empresas que hoy impulsan estas ideas forman parte del problema que dicen querer resolver.

    Amazon, la inteligencia artificial, el comercio global, los centros de datos, la logística acelerada, los viajes privados y la expansión constante del consumo tienen una huella ambiental enorme. Pensar que la solución pasa únicamente por mover la infraestructura fuera del planeta puede sonar menos como una estrategia climática y más como una forma de evitar cambios profundos en el modelo económico.

    También hay una cuestión de acceso. El espacio no es infinito en términos prácticos. Las mejores órbitas, los recursos lunares y las primeras infraestructuras serán ocupadas por quienes lleguen antes y tengan más dinero. Si esa nueva economía espacial queda en manos de unas pocas empresas y potencias, el problema ambiental podría mezclarse con una nueva forma de concentración de poder.

    No se trata solo de salvar la Tierra, sino de decidir quién controla el futuro

    Bezos lleva años defendiendo que la humanidad necesita construir infraestructura espacial para crecer sin destruir su planeta de origen. Esa visión tiene algo de fascinante: imaginar una Tierra más verde, con industrias pesadas lejos de la biosfera, mientras la economía se expande hacia la Luna, los asteroides y la órbita.

    Pero también exige una lectura crítica. No basta con decir que la contaminación puede enviarse al espacio. Hay que preguntarse qué contaminación, quién la enviará, cuánto costará, quién pagará el impacto y qué nuevas consecuencias generará.

    La idea de sacar las fábricas de la Tierra puede parecer una solución elegante al problema ambiental. Pero también puede convertirse en una excusa para no reducir consumo, no cambiar la matriz energética y no regular a las compañías que hoy concentran buena parte del poder tecnológico.

    El sueño de Bezos es una Tierra convertida en jardín. La pregunta es si ese jardín será para todos o si, como tantas veces en la historia, la promesa de futuro terminará beneficiando primero a quienes ya tienen los cohetes, los datos y el dinero para llegar antes.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • China lanzó 12 satélites con IA a bordo y aprobó un centro de innovación estatal para construir centros de datos en órbita antes de que SpaceX lo haga

    China lanzó 12 satélites con IA a bordo y aprobó un centro de innovación estatal para construir centros de datos en órbita antes de que SpaceX lo haga

    El 8 de junio de 2026, Elon Musk presentó el AI1, el satélite orbital de SpaceX diseñado para ejecutar cargas de inteligencia artificial fuera de la red eléctrica terrestre: 70 metros de envergadura desplegada, 150 kilovatios de potencia de cómputo en picos, y un diseño modular compatible con chips de distintos proveedores. El anuncio generó titulares en todo el mundo. Lo que casi nadie notó es que, una semana antes, Pekín ya se había movido.

    El 1 de junio, el gobierno de Pekín aprobó la creación del Space Computing Industry Innovation Center, liderado por la Universidad de Correos y Telecomunicaciones de Pekín (BUPT) y articulado en torno a seis áreas de investigación: chips de IA resistentes a la radiación, plataformas satelitales de cómputo de alto rendimiento, grandes modelos de IA capaces de operar con restricciones energéticas en órbita, redes integradas tierra-nube-espacio, y nuevos modelos de explotación comercial de potencia de cómputo espacial. Según recogió Tom’s Hardware, que rastreó el movimiento, China lo hizo «sin apenas fanfarria» pero con una semana de ventaja sobre el anuncio de Musk.

    China ya tiene satélites procesando IA en órbita

    Lo que distingue el movimiento chino de una mera declaración de intenciones es que sus empresas llevan meses con hardware real en el espacio. En mayo de 2025, ADA Space y el Laboratorio de Zhejiang lanzaron los primeros 12 satélites de la constelación Three-Body Computing a bordo de un cohete Long March 2D. El conjunto entrega 5 peta-operaciones por segundo y 30 terabytes de almacenamiento a bordo, procesando datos directamente en órbita sin retransmitirlos al suelo. Dos de los satélites llevan modelos de IA de 8.000 millones de parámetros —uno para teledetección, otro para análisis astronómico— entre los más grandes que operan actualmente fuera de la atmósfera.

    En enero de 2026, ADA Space dio un paso adicional: desplegó el modelo de lenguaje Qwen3 de Alibaba sobre esos satélites, convirtiéndolo en el primer modelo de IA de propósito general en ejecutarse íntegramente en órbita. En marzo, en colaboración con el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información, lanzó Prometheus, la primera plataforma de computación espacial en la nube orientada a clientes empresariales comerciales, según detalló el análisis de SpaceNews sobre el sector.

    Por qué el espacio se está convirtiendo en la próxima frontera del cómputo

    La motivación de fondo es la misma para China, SpaceX y Blue Origin: los centros de datos terrestres se han convertido en un cuello de botella. La IA requiere cantidades crecientes de energía, refrigeración, suelo, permisos y agua. Según la Agencia Internacional de la Energía, los centros de datos emitieron unos 182 millones de toneladas de CO₂ en 2024. El espacio ofrece una alternativa parcial: energía solar continua sin dependencia de la red eléctrica, y disipación de calor por radiación infrarroja hacia el vacío, sin necesidad de sistemas de refrigeración por agua.

    El matiz técnico es que esta disipación por radiación obliga a instalar enormes radiadores físicos. El propio AI1 de SpaceX contempla hasta 110 metros cuadrados de radiadores líquidos desplegables. China enfrenta el mismo problema, además del reto de desarrollar chips de IA endurecidos contra la radiación espacial a escala comercial, algo que ningún país ha resuelto todavía.

    Integración vertical contra coalición estatal: dos modelos enfrentados

    La diferencia estratégica entre ambos enfoques es tan relevante como la tecnológica. SpaceX apuesta por la integración vertical más agresiva del sector: controla el vehículo de lanzamiento, el bus satelital, la hoja de ruta de chips a través de su empresa conjunta Terafab con Tesla, y las cargas de trabajo de IA a través de la fusión con xAI. Blue Origin, por su parte, ha propuesto el proyecto Sunrise, una red de hasta 51.600 satélites en órbitas heliosíncronas.

    China está construyendo algo diferente: una coalición coordinada por el Estado. El Space Computing Innovation Center integra fabricantes de satélites, empresas de chips, universidades y compañías tecnológicas como Tencent y Alibaba en el lado de las aplicaciones. La startup Orbital Chenguang, respaldada por bancos estatales con líneas de crédito de 57.700 millones de yuanes (unos 8.400 millones de dólares) según SpaceNews, aspira a una infraestructura de centros de datos orbitales a escala de gigavatio para 2035.

    Si la integración vertical de SpaceX es difícil de replicar, la coalición china tiene su propia ventaja: ya tiene hardware funcionando en órbita mientras sus competidores americanos siguen presentando planes. La carrera por el cómputo espacial acaba de empezar, pero China llegó antes de que nadie pusiera el cronómetro en marcha.

  • Noruega lleva 150 años soñando con perforar una montaña para que pasen barcos: ahora por fin va a construir el primer túnel marítimo del mundo

    Noruega lleva 150 años soñando con perforar una montaña para que pasen barcos: ahora por fin va a construir el primer túnel marítimo del mundo

    Un túnel para evitar uno de los mares más difíciles de Noruega

    La costa noruega está llena de fiordos, islas y rutas marítimas espectaculares, pero también tiene puntos especialmente peligrosos. Uno de ellos es la península de Stad, en el oeste del país, una zona expuesta al mar abierto donde las tormentas, las corrientes y el oleaje pueden complicar seriamente la navegación.

    Para los barcos que pasan por allí, el problema no es menor. Pesqueros, cargueros, ferrys y embarcaciones de pasajeros pueden verse obligados a esperar durante horas o días hasta que el clima permita navegar con seguridad. En una economía donde el transporte marítimo y la exportación de productos perecederos son fundamentales, cada retraso tiene un coste.

    La solución que Noruega lleva imaginando desde el siglo XIX parece salida de una novela de ingeniería: atravesar la montaña. El Stad Ship Tunnel permitirá que los barcos crucen la parte más estrecha de la península en lugar de rodear el mar de Stadhavet, considerado uno de los tramos más duros de la costa noruega.

    Noruega lleva 150 años soñando con perforar una montaña para que pasen barcos: ahora por fin va a construir el primer túnel marítimo del mundo
    © MegaEstructura – Youtube.

    Una idea de 1874 que recién ahora puede hacerse realidad

    El proyecto no es nuevo. Las primeras propuestas para abrir un paso marítimo por Stad se remontan a 1874, pero durante mucho tiempo la idea fue técnicamente difícil, económicamente costosa o políticamente inviable. Durante décadas apareció, desapareció, volvió a estudiarse y volvió a quedar atrapada entre presupuestos, dudas y prioridades nacionales.

    Ahora, el proyecto vuelve a tomar impulso. La Administración Costera Noruega asegura que está preparada para avanzar con los contratos y facilitar el inicio de las obras a comienzos de 2027. Si el calendario se mantiene, el túnel podría estar operativo alrededor de 2032.

    La infraestructura tendrá unos 1,7 kilómetros de largo, aunque el proyecto completo alcanza más distancia si se incluyen las zonas de acceso. Medirá 36 metros de ancho y 50 metros de alto, con espacio suficiente para que pasen embarcaciones de gran tamaño, incluidos barcos de la ruta costera Hurtigruten.

    La obra será tan espectacular como cara

    El Stad Ship Tunnel no será un canal pequeño ni una galería para embarcaciones recreativas. Será el primer túnel marítimo de escala completa diseñado para navegación oceánica. Existen túneles para barcos en canales interiores desde hace siglos, pero ninguno pensado para resolver un problema de tráfico marítimo costero de este tamaño.

    La construcción exigirá retirar millones de metros cúbicos de roca y tierra. También requerirá accesos, obras auxiliares, sistemas de seguridad, señalización marítima y una coordinación precisa para que el túnel funcione como una ruta segura y previsible.

    El coste ha sido justamente el gran obstáculo. Las estimaciones fueron creciendo con los años hasta convertir el proyecto en un debate nacional. En distintos momentos se habló de cancelarlo por considerarlo demasiado caro, pero la presión de sectores marítimos, pesqueros, industriales y regionales terminó manteniéndolo con vida.

    Más que una rareza: una apuesta por seguridad y logística

    Aunque parezca una extravagancia, Noruega no lo plantea como una atracción turística, sino como infraestructura crítica. El túnel busca reducir riesgos, evitar esperas por mal tiempo y dar más previsibilidad al transporte marítimo. Para ciertas rutas, ahorrar tiempo no significa simplemente llegar antes: significa proteger cargas sensibles, evitar desvíos y reducir incertidumbre.

    También puede tener efectos ambientales y económicos. Si los barcos evitan rodeos largos o días de espera con motores encendidos, el consumo de combustible podría bajar. Además, una ruta más confiable puede favorecer el traslado de carga por mar en lugar de depender de alternativas terrestres más saturadas.

    El Stad Ship Tunnel resume muy bien la relación de Noruega con su geografía. El país no intenta escapar de sus montañas y fiordos: los convierte en parte de su infraestructura. Después de 150 años de espera, la idea de abrir una montaña para que naveguen barcos deja de ser una fantasía. Y si todo avanza según lo previsto, en pocos años Noruega tendrá una obra que ningún otro país ha construido todavía.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • La IA ya no solo está cambiando el trabajo: también está partiendo en dos el mercado de la vivienda en Estados Unidos

    La IA ya no solo está cambiando el trabajo: también está partiendo en dos el mercado de la vivienda en Estados Unidos

    Dos mercados inmobiliarios dentro del mismo país

    Comprar una casa en Estados Unidos se está convirtiendo en una experiencia muy distinta según el lugar que se ocupe en la economía. Para muchos hogares, el mercado parece congelado: los precios siguen altos, las hipotecas pesan demasiado y la posibilidad de comprar una primera vivienda se aleja. Pero en el segmento de lujo ocurre algo muy diferente.

    Según datos recientes de Redfin, el precio medio de las viviendas de lujo en Estados Unidos volvió a subir con más fuerza que el resto del mercado. La diferencia no es solo estadística. Refleja una fractura cada vez más visible: mientras los compradores medios se frenan, los compradores de alto poder adquisitivo siguen comprando, muchas veces sin depender de una hipoteca.

    El fenómeno encaja con lo que algunos economistas llaman una economía en K. Una parte de la población crece, invierte, compra activos y se beneficia del auge bursátil. La otra queda estancada o pierde capacidad de compra frente a la inflación, los salarios insuficientes y el coste del crédito. En la vivienda, esa separación se vuelve especialmente evidente.

    El dinero de la IA ya llegó al ladrillo

    San Francisco es el ejemplo más claro. La ciudad, epicentro de buena parte del boom de inteligencia artificial, está viendo cómo el dinero generado por acciones, bonus y compensaciones de empresas tecnológicas se traslada al mercado inmobiliario de lujo.

    Empleados e inversores vinculados a compañías de IA están acumulando patrimonio a gran velocidad. Algunos tienen acciones de empresas que se dispararon por la expectativa alrededor de esta tecnología. Otros trabajan en startups o laboratorios donde los salarios y paquetes de compensación son mucho más altos que la media. Ese capital, tarde o temprano, busca destino.

    Y uno de esos destinos es la vivienda de alta gama. Casas de varios millones de dólares, barrios exclusivos y operaciones al contado vuelven a ganar fuerza en zonas donde el mercado había estado más lento durante los años de pandemia, teletrabajo e incertidumbre. La IA no solo está inflando valoraciones empresariales: también está reactivando la demanda de propiedades premium.

    Los ricos compran distinto

    La gran diferencia entre el comprador de lujo y el comprador medio es la sensibilidad al crédito. Para una familia que necesita financiar la mayor parte de una vivienda, una tasa hipotecaria alta puede cambiar por completo la decisión. Puede hacer que una casa deje de ser accesible de un mes a otro.

    En cambio, muchos compradores de lujo dependen menos de la hipoteca. Pueden pagar en efectivo, vender acciones, usar patrimonio acumulado o asumir tipos más altos sin que eso destruya su capacidad de compra. Por eso, en momentos de incertidumbre, el mercado premium puede comportarse de manera mucho más resistente.

    Esto no significa que todos los compradores ricos ignoren el contexto económico, pero sí que tienen más margen. Si la bolsa sube por el entusiasmo en torno a la IA, su riqueza puede crecer más rápido que el coste de la vivienda. Para el comprador medio, en cambio, el sueldo no suele acompañar al mismo ritmo.

    La IA ya no solo está cambiando el trabajo: también está partiendo en dos el mercado de la vivienda en Estados Unidos
    © AlphaTradeZone – Pixabay

    La vivienda como espejo de una desigualdad más profunda

    El dato inmobiliario importa porque la vivienda no es un lujo cualquiera. Es uno de los principales mecanismos de acumulación de patrimonio. Quien compra en el momento adecuado puede beneficiarse de la revalorización del suelo, del crecimiento urbano y de la escasez de oferta. Quien queda fuera, ve cómo esa brecha se agranda con los años.

    Por eso el auge de las viviendas de lujo impulsado por la IA no es solo una curiosidad de mercado. Es una señal de cómo una nueva ola tecnológica puede concentrar riqueza en ciertos grupos y territorios, mientras el acceso a la vivienda se vuelve más difícil para el resto.

    La paradoja es fuerte: la inteligencia artificial promete transformar la productividad, automatizar tareas y crear nuevas oportunidades económicas. Pero, al menos por ahora, una de sus consecuencias más visibles es que algunos compradores pueden pagar millones por una casa mientras otros no consiguen entrar al mercado.

    La nueva fiebre tecnológica también tiene dirección postal

    No es la primera vez que una revolución tecnológica cambia el mapa inmobiliario. Ocurrió con el boom puntocom, con la expansión de Silicon Valley y con la llegada masiva de capital a determinadas ciudades. La diferencia es que la IA está concentrando expectativas y riqueza a una velocidad enorme, y eso se refleja rápidamente en los barrios más codiciados.

    El riesgo es que el mercado termine funcionando cada vez más para quienes ya tienen activos, acciones o acceso a empleos muy bien pagados. Mientras tanto, los compradores comunes siguen esperando una bajada de precios, una mejora salarial o una hipoteca menos asfixiante.

    La vivienda de lujo en Estados Unidos se está vendiendo bien no porque todo el país esté mejor, sino porque una parte muy concreta del país está ganando mucho dinero. Y esa es la verdadera noticia: la IA no solo está cambiando empresas y trabajos. También está empezando a decidir quién puede comprar casa, dónde y a qué precio.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • Se filtró qué famosos del mundo del deporte coinciden en un hotel del Mundial 2026: ¿fueron pareja?

    Se filtró qué famosos del mundo del deporte coinciden en un hotel del Mundial 2026: ¿fueron pareja?

    • La revelación surgió durante una emisión de LAM.
    • Los protagonistas coinciden en un hotel durante el Mundial 2026.
    • La historia involucra a una figura del fútbol, su esposa y una reconocida periodista deportiva.
    • El supuesto vínculo sentimental entre dos de ellos había generado rumores años atrás.
    • La situación despertó repercusión en redes sociales y medios de espectáculos.

    Se filtró qué famosos del mundo del deporte coinciden en un hotel del Mundial 2026: un inesperado dato revelado en televisión volvió a poner en el centro de la escena a tres figuras vinculadas a la esfera deportiva y los medios. ¿fueron pareja?

    La información generó repercusión durante la cobertura del Mundial 2026 luego de que se conociera que comparten alojamiento en un mismo hotel de Estados Unidos.

    Además, la situación despertó todo tipo de especulaciones porque involucra a personas que años atrás protagonizaron rumores y versiones sobre una relación sentimental que acaparó la atención pública.

    El encuentro secreto de un famoso y una modelo: infidelidad y pasión

    El encuentro secreto de un famoso y una modelo: infidelidad y pasión

    Cuáles son los famosos que coincidieron en un hotel del Mundial 2026

    Según contó Ángel de Brito en su programa, las tres personas que coinciden en el mismo hotel son Marcelo Gallardo, su esposa Geraldine La Rosa y la periodista deportiva Alina Moine.

    El conductor recordó que años atrás circularon versiones sobre una relación entre el exentrenador de River Plate y la conductora deportiva. Aunque ninguno de los involucrados profundizó públicamente sobre el tema, la historia volvió a tomar relevancia por esta coincidencia durante la Copa del Mundo.

    Actualmente, el director técnico forma parte de la cobertura periodística del Mundial 2026 como comentarista y analista deportivo. Por su parte, la figura de ESPN integra uno de los equipos de conducción de la cobertura televisiva del certamen.

    La coincidencia de ambos en el mismo hotel llamó la atención de los panelistas y rápidamente se convirtió en tema de conversación en redes sociales, donde los usuarios recordaron los rumores que surgieron años atrás. De acuerdo con lo relatado por el conductor de chimentos, la historia se remonta a finales de 2018 y comienzos de 2019, cuando comenzaron a circular versiones sobre un vínculo entre Gallardo y Moine durante un período en el que el exfutbolista se encontraba distanciado de su pareja.

    Con el paso del tiempo, el histórico DT de River y Geraldine La Rosa recompusieron su relación y continuaron juntos. Sin embargo, la coincidencia de los tres protagonistas en el mismo hotel durante el Mundial 2026 volvió a despertar la curiosidad de los seguidores del mundo del espectáculo y el deporte.

  • China aplica una reestructuración educativa al eliminar 12.200 carreras universitarias en cinco años y reemplazarlas con IA, robótica e inteligencia encarnada

    China aplica una reestructuración educativa al eliminar 12.200 carreras universitarias en cinco años y reemplazarlas con IA, robótica e inteligencia encarnada

    En algún momento entre 2021 y 2025, una carrera universitaria dejó de existir en China cada pocas horas. No por falta de alumnos ni por escándalos académicos, sino por decisión de Estado. El Ministerio de Educación chino decidió que esos programas ya no encajaban en el mundo que se aproxima y los eliminó. El resultado, confirmado por datos oficiales citados por la agencia estatal Xinhua, es que 12.200 programas de grado fueron revocados o suspendidos en cinco años, mientras 10.200 nuevos tomaban su lugar.

    Más del 30% del mapa universitario chino fue reconfigurado en un lustro. No hay precedente reciente de una intervención educativa de esta magnitud en ningún país del mundo.

    Qué se fue y qué llegó

    Artista
    © tabitha turner – Unsplash

    Los programas eliminados se concentran en artes, humanidades, lenguas extranjeras y administración de empresas: disciplinas que el gobierno clasifica como saturadas o desconectadas de las necesidades del mercado laboral. Relaciones públicas, literatura clásica, idiomas de uso limitado, contabilidad convencional: todo aquello que las autoridades consideraron prescindible en una economía cada vez más automatizada.

    En su lugar aparecieron carreras en inteligencia artificial, robótica, semiconductores, computación avanzada, redes inteligentes, equipos marítimos inteligentes y tecnologías de neutralidad carbónica. Uno de los campos más llamativos es el de la inteligencia encarnada (embodied intelligence), una disciplina que integra IA avanzada en sistemas físicos —robots, sensores, dispositivos— para que perciban, razonen y actúen en el mundo real. Nueve universidades chinas ya ofrecen títulos en esta área, que como disciplina académica formal no existía hace cinco años.

    El problema que la reforma intenta resolver

    Detrás de la reestructuración hay una crisis concreta: el desempleo juvenil en China superó el 21% en 2023 y se ha mantenido elevado desde entonces, con más de 12,7 millones de graduados universitarios esperados en el mercado laboral solo en 2026, el mayor número de la historia del país. Una parte significativa de esos graduados provenía de carreras cuyos empleos estaban desapareciendo antes de que terminaran de estudiar.

    Chu Zhaohui, investigador senior del Instituto Nacional de Ciencias de la Educación, ha señalado que las estructuras académicas rígidas no pueden seguir el ritmo de industrias transformadas por la IA y la automatización, y ha llamado a crear modelos más flexibles que permitan a los estudiantes desarrollar competencias en múltiples disciplinas. El padre que le aconsejó a su hija estudiar estadística y gobernanza de datos en lugar de su carrera soñada resume el cambio de mentalidad: «El camino antiguo —estudiar una carrera, encontrar un trabajo perfecto y mantenerlo toda la vida— simplemente ya no existe».

    Una apuesta que otros países observan con atención

    Sudeste Asiatico
    © Z – Unsplash

    La reforma china no ocurre en el vacío. India, los Emiratos Árabes Unidos, Kazajistán, Vietnam e Indonesia han puesto en marcha revisiones de sus planes de estudio universitarios con mandatos explícitos para incorporar contenidos de IA. Pero ninguno ha llegado a la escala ni a la velocidad de China, que optó por la eliminación directa en lugar de la actualización gradual.

    El debate que abre esta decisión es el más profundo de todos: ¿qué tipo de graduado necesita una economía donde la IA hace el trabajo operativo y rutinario? El gobierno chino apostó por la especialización tecnológica masiva. Algunos economistas advierten que esa apuesta concentra riesgos: si los empleos en inteligencia encarnada o diseño de chips no se crean al ritmo proyectado, los graduados en esas carreras tendrán menos herramientas adaptables que alguien formado en pensamiento crítico o escritura.

    Lo que está claro es que Beijing decidió que el costo de no actuar es mayor que el de la disrupción. Doce mil carreras eliminadas en cinco años son la evidencia más concreta de esa convicción. El resto del mundo observa, y algunos ya toman nota.

  • China encontró una forma silenciosa de presionar a la IA de Estados Unidos: controlar los materiales que hacen posibles sus centros de datos

    China encontró una forma silenciosa de presionar a la IA de Estados Unidos: controlar los materiales que hacen posibles sus centros de datos

    La guerra tecnológica también se gana con materiales que casi nadie conoce

    Cuando se habla de la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, la atención suele ir hacia los chips avanzados, Nvidia, Huawei, las restricciones comerciales o la inteligencia artificial. Pero debajo de esa pelea hay otra capa mucho menos visible: la de los materiales críticos.

    Uno de los nombres que empieza a ganar importancia es el fosfuro de indio. No es tan famoso como el litio, el silicio o las tierras raras, pero puede convertirse en una pieza clave para los centros de datos de nueva generación. Su valor está en la fotónica, una tecnología que permite transmitir información mediante luz en lugar de depender únicamente de conexiones eléctricas tradicionales.

    El problema es que China controla una parte enorme de la producción mundial de indio, el material base necesario para fabricar fosfuro de indio. Y desde 2025, Pekín endureció los controles sobre su exportación. No hace falta cerrar completamente el grifo para generar presión: alcanza con ralentizar licencias, pedir más información sobre usuarios finales y volver más incierto el suministro.

    China encontró una forma silenciosa de presionar a la IA de Estados Unidos: controlar los materiales que hacen posibles sus centros de datos
    © El Universal – Youtube.

    La IA necesita luz para seguir creciendo

    Los centros de datos de inteligencia artificial están llegando a un límite físico. Miles de chips deben comunicarse entre sí a velocidades enormes, con baja latencia y un consumo energético cada vez más difícil de sostener. El cobre, que durante años fue suficiente para muchas conexiones internas, empieza a quedarse corto en los sistemas más exigentes.

    Ahí entran las conexiones ópticas. En lugar de mover datos solo con señales eléctricas, la fotónica usa luz para aumentar velocidad, ancho de banda y eficiencia. Nvidia lo sabe bien: por eso anunció inversiones multimillonarias en empresas como Coherent y Lumentum, especializadas en componentes ópticos para infraestructura de IA.

    La paradoja es evidente. Estados Unidos tiene a las grandes tecnológicas, los modelos de inteligencia artificial más influyentes y empresas líderes en chips. Pero para escalar la infraestructura que necesita esa IA, depende de una cadena de suministro donde China conserva palancas muy poderosas.

    China no bloquea: administra el cuello de botella

    La estrategia china no siempre consiste en prohibir de forma directa. Muchas veces el poder está en administrar el ritmo. Si una empresa necesita más fosfuro de indio para fabricar componentes ópticos, pero las licencias tardan, los pedidos se demoran y los costes suben, todo el calendario industrial se vuelve más frágil.

    Ese es el punto central de esta guerra a dos velocidades. Estados Unidos intenta acelerar su independencia tecnológica con fábricas, subsidios, inversiones y alianzas. China, en cambio, puede responder desde una posición más silenciosa: controlando materiales, refinado y exportaciones estratégicas.

    El efecto dominó puede ser enorme. Si faltan materiales, las empresas de fotónica no escalan producción. Si no escalan producción, los centros de datos tardan más en incorporar conexiones ópticas. Si eso ocurre, la expansión de la IA se vuelve más cara, más lenta y más dependiente de proveedores externos.

    La próxima carrera no será solo por fabricar chips

    Durante años, la conversación tecnológica se concentró en quién podía fabricar los semiconductores más avanzados. Pero la nueva etapa muestra que eso no alcanza. También importan los materiales que permiten producirlos, conectarlos, enfriarlos y hacerlos funcionar dentro de infraestructuras gigantescas.

    China entiende esa cadena completa. No necesita dominar todos los chips más avanzados para tener influencia. Le basta con controlar piezas críticas que otros necesitan desesperadamente. Y eso convierte materiales como el fosfuro de indio en herramientas geopolíticas.

    Estados Unidos intenta responder construyendo capacidad local y buscando proveedores alternativos, pero esa transición lleva años. Mientras tanto, China puede usar su posición para ganar tiempo, proteger su industria y presionar en las negociaciones comerciales.

    La batalla por la inteligencia artificial no se libra solo en laboratorios ni en servidores. También se libra en minas, plantas de refinado, licencias de exportación y materiales con nombres poco conocidos. El futuro de los centros de datos puede depender de algo tan pequeño como un compuesto semiconductor. Y China acaba de recordar que, en esa parte de la cadena, todavía tiene una ventaja difícil de ignorar.

     

     

    Fuente: Xataka.

  • Cambio radical: como fue la impactante transformación de la actriz Joan Cusack

    Cambio radical: como fue la impactante transformación de la actriz Joan Cusack

    • Joan Cusack reapareció en Hollywood con una transformación física que sorprendió a fanáticos y medios.
    • Su regreso está ligado a su participación en Toy Story 5, donde volverá a dar voz a Jessie.
    • La actriz explicó que se alejó seis años de la industria para llevar una vida más tranquila en Chicago.
    • Prioriza su familia y bienestar personal junto a su esposo e hijos, lejos de la exposición de Hollywood.

    El regreso de Joan Cusack al cine de Hollywood llegó acompañado de una imagen que sorprendió a más de uno. La actriz, doblemente nominada al Oscar por sus recordados trabajos en Working Girl e In & Out, reapareció ante el público con una apariencia notablemente distinta a la que conservaba en sus años de mayor exposición en la industria. Como suele suceder en este tipo de regresos, su transformación física se convirtió rápidamente en tema de conversación entre fanáticos y medios, generando debate en redes sociales.

    Más allá de las especulaciones sobre su rostro y su fisonomía, su retorno también puso el foco en la vida que construyó lejos de los reflectores durante los últimos años. En el marco de su regreso actoral para dar voz a Jessie en Toy Story 5, la actriz repasó en diálogo con la revista Variety los motivos de su pausa de seis años en la industria y cómo optó por una rutina más tranquila en Chicago, priorizando su bienestar personal y la vida cotidiana por sobre el ritmo de Hollywood.

    Este cambio de vida le permitió construir una rutina más simple y enfocarse de lleno en su rol como madre y en su matrimonio con Richard Burke.

    Este cambio de vida le permitió construir una rutina más simple y enfocarse de lleno en su rol como madre y en su matrimonio con Richard Burke.

    Getty Images

    Lejos de las exigencias y la exposición constante de Los Ángeles, Cusack decidió concentrarse en su rol familiar junto a su esposo, Richard Burke, y sus dos hijos. Esa elección le permitió mantenerse alejada del circuito mediático y enfocarse en una vida más estable y privada. Su vuelta a la pantalla grande no solo marca el regreso de una intérprete reconocida, sino también el de una artista que regresa con una mirada más serena y bajo sus propios términos.

    Así fue la increíble transformación de Joan Cusack

    A lo largo de su exitosa trayectoria en Hollywood, Joan Cusack se consolidó como una de las actrices secundarias más queridas y respetadas de la industria, gracias a su carisma inconfundible y a una serie de personajes memorables que le valieron dos nominaciones al premio Oscar. Sin embargo, su reciente reaparición pública de cara a su esperado regreso en Toy Story 5 dejó a más de uno completamente descolocado. Tanto fanáticos como medios del espectáculo no tardaron en advertir una notable transformación física en su rostro y su fisonomía, lo que rápidamente convirtió su nueva imagen en tema central de debate en redes sociales.

    Pese al revuelo generado por estos cambios estéticos, la verdadera transformación de Joan Cusack no estaría vinculada a cirugías ni a las exigencias de la alfombra roja, sino a un profundo giro en su estilo de vida.

    Pese al revuelo generado por estos cambios estéticos, la verdadera transformación de Joan Cusack no estaría vinculada a cirugías ni a las exigencias de la alfombra roja, sino a un profundo giro en su estilo de vida.

    Getty Images

    Pese al revuelo generado por estos cambios estéticos, la verdadera transformación de Joan Cusack no estaría vinculada a cirugías ni a las exigencias de la alfombra roja, sino a un profundo giro en su estilo de vida. En una reciente entrevista con la revista Variety, la actriz habló sobre la pausa de seis años que se tomó de la pantalla grande y explicó que decidió alejarse del ritmo frenético y las presiones de Los Ángeles para instalarse en la tranquilidad de Chicago, priorizando su bienestar personal y su salud mental lejos del circuito mediático.

    Este cambio de vida le permitió construir una rutina más simple y enfocarse de lleno en su rol como madre y en su matrimonio con Richard Burke. Al optar por una vida más privada y alejada de la exposición constante, Cusack evidenció una transformación que va mucho más allá de lo físico. Su regreso a la actuación para volver a dar voz a Jessie en la saga Toy Story no solo marca la vuelta de una intérprete consagrada, sino también la de una mujer que regresa a la industria bajo sus propios términos y con una mirada más serena de su carrera.