{"id":9527,"date":"2026-06-18T03:47:49","date_gmt":"2026-06-18T06:47:49","guid":{"rendered":"http:\/\/laf5.publisher.highstack.com.ar\/?p=9527"},"modified":"2026-06-18T03:47:49","modified_gmt":"2026-06-18T06:47:49","slug":"berlin-celebra-espana-sobrevive-en-las-sombras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laf5.publisher.highstack.com.ar\/?p=9527","title":{"rendered":"Berl\u00edn celebra; Espa\u00f1a sobrevive en las sombras"},"content":{"rendered":"<div>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Al leer sobre los 25 a\u00f1os de la Clubcommission de Berl\u00edn (en la foto), es inevitable sentir un pellizco de sana envidia y, acto seguido, una profunda punzada de realidad al mirar lo que ocurre en nuestras propias fronteras.<\/strong><\/h4>\n<p>Texto: Fernando Fuentes<\/p>\n<p>En la capital alemana la <strong>cultura <\/strong>de<strong> club<\/strong> se sienta en las mesas de la administraci\u00f3n p\u00fablica para discutir sobre normativas urban\u00edsticas, licencias y protecci\u00f3n cultural. Y todo ello entiendo como un <strong>pilar fundamental <\/strong>de la ciudad. En <strong>Espa\u00f1a<\/strong> el clubbing sigue atrapado en un bucle eterno entre el acoso administrativo, la gentrificaci\u00f3n y la <strong>incomprensi\u00f3n institucional.<\/strong><\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong><em>\u201cEn este rinc\u00f3n del sur de Europa, la electr\u00f3nica nunca ha terminado de estar institucionalmente asentada\u201d.<\/em><\/strong><\/h4>\n<p><strong>Berl\u00edn<\/strong> entendi\u00f3 hace un cuarto de siglo, tras las redadas y cierres que asfixiaban su subcultura a finales de los 90, que los clubes no eran simples despachos de bebidas nocturnas. Eran, y son, verdaderos espacios de resistencia y dinamizaci\u00f3n cultural. Crearon una <strong>red pionera<\/strong>, una voz pol\u00edtica con cara y ojos capaz de plantarle cara al implacable <strong>desarrollo inmobiliario.<\/strong><\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong><em>\u201cAqu\u00ed no hay una Clubcommission que proteja al peque\u00f1o club de vanguardia frente al fondo buitre que decide triplicar el alquiler de la sala\u201d.<\/em><\/strong><\/h4>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 pasa en <strong>Espa\u00f1a<\/strong>? Aqu\u00ed el panorama baila a un ritmo radicalmente distinto, mucho m\u00e1s precario y desamparado. En este rinc\u00f3n del <strong>sur <\/strong>de <strong>Europa<\/strong>, la electr\u00f3nica nunca ha terminado de estar institucionalmente asentada. A pesar de contar con marcas de renombre internacional, festivales de masas que inyectan millones a la econom\u00eda y clubes que son templos mundiales, la <strong>escena espa\u00f1ola <\/strong>carece de una armadura pol\u00edtica unificada.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong><em>\u201cDejen de tratarnos como el problema para empezar a entendernos como la riqueza cultural que somos\u201d.<\/em><\/strong><\/h4>\n<p>Aqu\u00ed no hay una <strong>Clubcommission <\/strong>que proteja al peque\u00f1o club de vanguardia frente al fondo buitre que decide triplicar el alquiler de la sala. No hay un <strong>escudo legal<\/strong> que impida que un ayuntamiento clausure un basti\u00f3n cultural de la noche alegando normativas obsoletas de ruidos que jam\u00e1s se aplican con el mismo rasero a las terrazas tur\u00edsticas.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong><em>\u201cEn Espa\u00f1a, en cambio, sigue viendo el clubbing como un negocio de ocio nocturno puramente mercantil y molesto\u201d.<\/em><\/strong><\/h4>\n<p>El s\u00edntoma definitivo de esta desconexi\u00f3n y de una <strong>industria<\/strong> que a menudo parece devorarse a s\u00ed misma lo estamos viviendo este mismo verano en mecas como <strong>Ibiza<\/strong>. La proliferaci\u00f3n del clubbing clandestino de lujo -donde <strong>macroestructuras ilegales <\/strong>en mitad del campo contratan a <strong>DJs <\/strong>internacionales salt\u00e1ndose toda norma- no es m\u00e1s que el reflejo de un sistema saturado. Es el resultado de arrinconar el circuito de salas regulado bajo una presi\u00f3n fiscal y burocr\u00e1tica asfixiante, mientras el circuito comercial se masifica y el <strong>underground <\/strong>se ve forzado a mutar, a veces de forma irresponsable, en las sombras.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong><em>\u201cNos falta madurez pol\u00edtica, uni\u00f3n gremial<\/em><\/strong>\u2026\u201d.<\/h4>\n<p>La <strong>m\u00fasica electr\u00f3nica<\/strong> es cultura, es baile y es libertad. <strong>Berl\u00edn<\/strong> lo sabe y por eso celebra sus bodas de plata institucionales protegiendo sus cimientos. <strong>Espa\u00f1a<\/strong>, en cambio, sigue viendo el <strong>clubbing <\/strong>como un negocio de <strong>ocio nocturno<\/strong> puramente mercantil y molesto. Ignorando el valor social que late bajo los estrobos. Nos falta madurez pol\u00edtica, <strong>uni\u00f3n gremial<\/strong> y, por encima de todo, que dejen de tratarnos como el problema para empezar a entendernos como la <strong>riqueza cultural<\/strong> que somos.<\/p>\n<p>La <strong>m\u00fasica<\/strong> no va a parar, pero ya va siendo hora de que en este pa\u00eds empecemos a redactar nuestras propias reglas de juego antes de que las<strong> pistas<\/strong> se queden completamente a <strong>oscuras.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al leer sobre los 25 a\u00f1os de la Clubcommission de Berl\u00edn (en la foto), es inevitable sentir un pellizco de sana envidia y, acto seguido, una profunda punzada de realidad al mirar lo que ocurre en nuestras propias fronteras. 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