{"id":7690,"date":"2026-05-27T04:24:24","date_gmt":"2026-05-27T07:24:24","guid":{"rendered":"http:\/\/laf5.publisher.highstack.com.ar\/?p=7690"},"modified":"2026-05-27T04:24:24","modified_gmt":"2026-05-27T07:24:24","slug":"venga-no-me-jodas-solomun-manotazos-en-la-pista-de-cristal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laf5.publisher.highstack.com.ar\/?p=7690","title":{"rendered":"Venga no me jodas, Solomun (manotazos en la pista de cristal)"},"content":{"rendered":"<div>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>El reciente y viral incidente en Pacha Ibiza, donde Solomun arrebat\u00f3 el m\u00f3vil a un asistente obsesionado con capturar el primer plano de su deificado rostro, ha reabierto la en\u00e9sima e hip\u00f3crita batalla por el alma de la cultura club.<\/strong><\/h4>\n<p>Texto: Fernando Fuentes<\/p>\n<p>Para algunos, el gesto del<strong> bosnio-alem\u00e1n <\/strong>ha sido una <strong>heroica defensa<\/strong> de la m\u00edstica perdida; para otros, una <strong>grosera salida <\/strong>de<strong> tono. <\/strong>Lo verdaderamente fascinante es la ceguera de una escena incapaz de ver que el <strong>monstruo <\/strong>de las <strong>pantallas<\/strong> lo alimentamos, antes que nadie, los propios habitantes de la cabina.<\/p>\n<p>Llevamos a\u00f1os analizando la metamorfosis del <strong>dancefloor<\/strong>. El diagn\u00f3stico siempre es el mismo: hemos cambiado la catarsis colectiva por el <strong>soliloquio digital.<\/strong> El club ha dejado de ser ese santuario contracultural, oscuro y an\u00f3nimo, para convertirse en un <strong>plat\u00f3 <\/strong>de<strong> televisi\u00f3n<\/strong> iluminado a golpe de flash de \u00faltima generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La <strong>pista<\/strong> ya no baila mirando al de al lado; posa mirando al objetivo. Queremos validar que estuvimos all\u00ed, que fuimos felices en <strong>alta definici\u00f3n<\/strong>, aunque para ello tengamos que sacrificar el mism\u00edsimo presente.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u201cHemos cambiado la catarsis colectiva por el soliloquio digital\u201d.<\/strong><\/h4>\n<p>La paradoja roza el absurdo en la figura de <strong>Solomun<\/strong>. Hablamos de un <strong>DJ <\/strong>cuyo imparable ascenso global y estatus de <strong>mes\u00edas <\/strong>de la<strong> electr\u00f3nica<\/strong> se ha aupado, adem\u00e1s de lo estrictamente musical, sobre los cimientos del postureo m\u00e1s <strong>VIP<\/strong>. Sus Boiler Room virales, sus cabinas rodeadas de influencers de dise\u00f1o y sus fiestas en <strong>Ibiza <\/strong>han consentido, fomentado y rentabilizado la tiran\u00eda de la imagen. Que ahora el <strong>artista<\/strong> se indigne porque un fan enajenado rompa la distancia de seguridad con un smartphone es, cuando menos, un ejercicio de<strong> cinismo ilustrado<\/strong>. Es quejarse de la lluvia tras haber invocado la tormenta.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u201cSolomun se ha aupado sobre los cimientos del postureo m\u00e1s VIP\u201d.<\/strong><\/h4>\n<p>La soluci\u00f3n de la escena no puede pasar por los arrebatos de ira de <strong>DJs millonarios<\/strong> que muerden la mano digital que los alimenta. La batalla entre vivir la <strong>m\u00fasica<\/strong> o retransmitirla por streaming es real, pero no se ganar\u00e1 con manotazos. Se ganar\u00e1 cuando <strong>clubs<\/strong> y <strong>promotores <\/strong>entiendan que el verdadero lujo hoy en d\u00eda ya no es una <strong>zona VIP<\/strong>, sino el derecho a la desconexi\u00f3n, al misterio y a la maravillosa libertad de perderse en la sombra.<\/p>\n<p>Mientras tanto, la escena seguir\u00e1 atrapada en su <strong>propio bucle<\/strong>: indign\u00e1ndose por un v\u00eddeo de <strong>Instagram<\/strong>, grabado por otro <strong>m\u00f3vil<\/strong>, que todos terminaremos devorando en nuestras propias <strong>pantallas. <\/strong>Venga, no me jodas<strong> Solomun.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El reciente y viral incidente en Pacha Ibiza, donde Solomun arrebat\u00f3 el m\u00f3vil a un asistente obsesionado con capturar el primer plano de su deificado rostro, ha reabierto la en\u00e9sima e hip\u00f3crita batalla por el alma de la cultura club. 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