{"id":6504,"date":"2026-05-11T13:54:34","date_gmt":"2026-05-11T16:54:34","guid":{"rendered":"http:\/\/laf5.publisher.highstack.com.ar\/?p=6504"},"modified":"2026-05-11T13:54:34","modified_gmt":"2026-05-11T16:54:34","slug":"por-la-noche-ya-no-salgo-yo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laf5.publisher.highstack.com.ar\/?p=6504","title":{"rendered":"Por la noche ya no salgo yo"},"content":{"rendered":"<div>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>El mundo est\u00e1 cambiando y, con \u00e9l, la forma en que quemamos la noche. Olvidemos las largas filas bajo el fr\u00edo, el rigor del dress code y el calvario de encontrar un taxi a las cuatro de la ma\u00f1ana. Hoy, la fiesta no tiene direcci\u00f3n f\u00edsica; tiene direcci\u00f3n IP.<\/strong><\/h4>\n<p>Texto: Fernando Fuentes<\/p>\n<p>Hubo un tiempo en que la <strong>noche <\/strong>era un lugar peligroso, es decir, un espacio vivo. Uno sal\u00eda de casa con el pelo engominado y la incertidumbre de no saber en qu\u00e9 cama \u2014o en qu\u00e9 portal\u2014 iba a terminar el lunes. Sal\u00edamos a buscar algo que no sab\u00edamos qu\u00e9 era, pero que siempre estaba al fondo de una barra, entre el ruido de los vasos rotos y el olor a tabaco fr\u00edo que se te pegaba al abrigo como un pecado.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u201cHoy la fiesta tiene IP, tiene p\u00edxeles y se puede disfrutar en pijama\u201d.<\/strong><\/h4>\n<p>Ahora la <strong>noche <\/strong>est\u00e1 en transici\u00f3n. Lo dice con la frialdad de los datos, advirtiendo que el <strong>ocio<\/strong> se est\u00e1 mudando a la pantalla. Hemos descubierto que se puede estar de <strong>fiesta <\/strong>sin pasar fr\u00edo en la cola de un club, sin que un portero te mire los zapatos con desprecio y sin el drama de mendigar un taxi a las cinco de la ma\u00f1ana. Hoy la <strong>fiesta<\/strong> tiene IP, tiene p\u00edxeles y se puede disfrutar en pijama.<\/p>\n<p>Dicen los expertos que es por la \u201c<strong>flexibilidad\u201d<\/strong> y la \u201c<strong>accesibilidad\u201d.<\/strong> Palabras modernas para decir que nos hemos vuelto c\u00f3modos o que, quiz\u00e1s, nos da miedo la mirada del otro. Los<strong> j\u00f3venes<\/strong> ya no quieren el sudor compartido, prefieren la adrenalina limpia de un videojuego o el simulacro de un concierto en streaming. Es una noche higi\u00e9nica. Una velada a la carta, sin imprevistos, donde no existe \u201cc\u00f3digo de vestimenta\u201d y el \u00fanico derecho de admisi\u00f3n lo pone tu conexi\u00f3n a fibra \u00f3ptica.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u201cLa noche sigue viva, pero ahora, se enciende con un clic\u201d.<\/strong><\/h4>\n<p>No es que los<strong> clubes<\/strong> vayan a morir, nos dicen para que no lloremos. Es solo que el concepto de <strong>\u201csalir\u201d <\/strong>se ha ensanchado tanto que ya no hace falta cruzar el umbral de la puerta de casa. Dicen que se puede brindar con un monitor de por medio, enviando un emoji de una copa en lugar de chocar el cristal.<\/p>\n<p>Est\u00e1 muy bien la tecnolog\u00eda, de verdad. Es c\u00f3moda, es barata y es eficiente. Pero me pregunto si dentro de veinte a\u00f1os alguien recordar\u00e1 con nostalgia el d\u00eda que conoci\u00f3 al amor de su vida a trav\u00e9s de un chat de <strong>Twitch<\/strong> mientras sonaba un <strong>DJ<\/strong> online.<\/p>\n<p>Supongo que la <strong>noche<\/strong> sigue viva, pero se est\u00e1 quedando un poco p\u00e1lida, con esa luz azulada de las pantallas que te ilumina la cara mientras el mundo, ah\u00ed fuera, se queda a <strong>oscuras.<\/strong><\/p>\n<p>PD: Que lejos qued\u00f3 aquello de \u201c<strong>Por el d\u00eda sale el sol y por la noche salgo yo\u201d.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El mundo est\u00e1 cambiando y, con \u00e9l, la forma en que quemamos la noche. Olvidemos las largas filas bajo el fr\u00edo, el rigor del dress code y el calvario de encontrar un taxi a las cuatro de la ma\u00f1ana. Hoy, la fiesta no tiene direcci\u00f3n f\u00edsica; tiene direcci\u00f3n IP. 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