{"id":5425,"date":"2026-04-22T14:14:09","date_gmt":"2026-04-22T17:14:09","guid":{"rendered":"http:\/\/laf5.publisher.highstack.com.ar\/?p=5425"},"modified":"2026-04-22T14:14:09","modified_gmt":"2026-04-22T17:14:09","slug":"la-cabina-vacia-o-lo-que-tardas-en-pedir-otra-copa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laf5.publisher.highstack.com.ar\/?p=5425","title":{"rendered":"La cabina vac\u00eda (o lo que tardas en pedir otra copa)"},"content":{"rendered":"<div>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Nuestro periodista Fernando Fuentes opina sobre DJs-influencers-celebritys y otras subespecies de la fauna y flora del clubbing actual, en su particular anatom\u00eda de una profanaci\u00f3n.<\/strong><\/h4>\n<p>Texto: Fernando Fuentes<\/p>\n<p>Hay algo de funeral de lujo en la figura del <strong>DJ<\/strong> actual. Lo que antes era un tipo escondido en la penumbra, una especie de m\u00e9dium que nos le\u00eda el alma sin mirarnos a la cara, se ha convertido en un busto que saluda a c\u00e1mara. La <strong>m\u00fasica<\/strong>, que antes era el fin, ahora es el atrezo de una <strong>marca personal.<\/strong> El <strong>selector<\/strong> ya no nos descubre un mundo; se limita a ense\u00f1arnos su perfil bueno mientras nosotros, desde la pista, en lugar de bailar, grabamos con el<strong> m\u00f3vil <\/strong>para certificar que estuvimos all\u00ed, aunque en realidad no estemos en ninguna parte.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><em><strong>\u201cLa m\u00fasica, que antes era el fin, ahora es el atrezo de una marca personal\u201d.<\/strong><\/em><\/h4>\n<p>Hubo un tiempo, all\u00e1 por los <strong>2000<\/strong>, en el que el <strong>DJ<\/strong> era un <strong>cham\u00e1n invisible<\/strong>. Su poder no resid\u00eda en el n\u00famero de seguidores, sino en esa intuici\u00f3n casi animal para saber qu\u00e9 necesitaba la noche justo antes de que la noche lo supiera. No buscaba el foco; s\u00ed el trance. Pero el capitalismo, que tiene un olfato infalible para detectar d\u00f3nde hay algo puro y convertirlo en un producto de estanter\u00eda, ha decidido que la electr\u00f3nica ya no es un refugio, sino un <strong>escaparate.<\/strong><\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong><em>\u201cHemos pasado de la resistencia al postureo sin despeinarnos\u201d.<\/em><\/strong><\/h4>\n<p><strong>Detroit<\/strong> y<strong> Chicago <\/strong>no eran nombres en una lista de reproducci\u00f3n; <strong>eran trincheras.<\/strong> Lugares donde los que no encajaban \u2014los raros, los disidentes, los expulsados\u2014 encontraban un lugar donde existir a trav\u00e9s del ruido. Ahora, todo ese sudor y toda esa pol\u00edtica se han blanqueado con un filtro de Instagram. Hemos pasado de la resistencia al<strong> postureo <\/strong>sin despeinarnos.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>El intrusismo de la sonrisa<\/strong><\/h4>\n<p>Lo de hoy no es <strong>intrusismo,<\/strong> es otra cosa m\u00e1s triste: es el desplazamiento por pura l\u00f3gica de mercado. Ver a determinadas elementos frente a una mesa de mezclas no es una anomal\u00eda, es el s\u00edntoma de que el oficio de <strong>DJ<\/strong> se ha convertido en un <strong>complemento aspiracional, <\/strong>como quien se compra un bolso de LV o se pone unas gafas de pasta para parecer m\u00e1s culto. Antes de ellas, otros ya abrieron camino: gente que ven\u00eda de la moda o de los realitys y que decidi\u00f3 que pinchar era el nuevo accesorio de temporada.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>El problema no es qui\u00e9n sube a la cabina, sino el vac\u00edo que dejan los que se quedan fuera<\/strong><\/h4>\n<p>Cuando el algoritmo se convierte en el jefe de sala, el talento es lo de menos. Lo que importa es el engagement, esa palabra tan fea que sirve para decir que vendes m\u00e1s tickets porque sonr\u00edes mejor en los stories. La <strong>tecnolog\u00eda<\/strong> lo ha hecho todo tan f\u00e1cil que cualquiera puede simular un set, pero nadie puede simular la cultura. El <strong>algoritmo<\/strong> no sabe de noches rotas ni de amaneceres compartidos; solo sabe de impactos.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>El baile frente al espejo<\/strong><\/h4>\n<p>La <strong>pista <\/strong>de<strong> baile<\/strong>, que sol\u00eda ser el \u00faltimo espacio de libertad y anonimato, se ha transformado en un set de rodaje.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>El DJ ya no mira a la pista; sonr\u00ede al objetivo de la c\u00e1mara del Iphone<\/strong><\/h4>\n<p>Y nosotros, el <strong>p\u00fablico<\/strong>, hemos pasado de ser una comunidad a ser extras de un videoclip ajeno. Incluso formatos como<strong> Boiler Room, <\/strong>que nacieron para difundir la verdad del club, han terminado creando una est\u00e9tica de la nada: gente que baila para que la vean bailar detr\u00e1s de una pantalla.<\/p>\n<p>Al final, nos queda una escena colonizada por el impacto inmediato, donde el arte ha sido sustituido por el tr\u00e1fico de datos. Cada vez que una <strong>celebrity<\/strong> ocupa un slot en un festival por su capacidad de arrastre, muere un poquito de esa magia que nos hizo amar el<strong> clubbing. <\/strong><\/p>\n<p>La pregunta que queda, mientras se encienden las luces y el <strong>DJ-influencer <\/strong>se hace el \u00faltimo selfie, es si todav\u00eda queda alguien ah\u00ed fuera dispuesto a bailar por el simple placer de perderse, y no para que lo encuentren.<\/p>\n<p>\u00bfVamos a permitir que conviertan <strong>nuestra cultura<\/strong> en un centro comercial o vamos a recuperar el ritual? Porque entre el puto algoritmo y el dancefloor se libra hoy una <strong>guerra,<\/strong> y de momento, los mercaderes est\u00e1n ganando por <strong>goleada.<\/strong> Est\u00e1 pasando.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestro periodista Fernando Fuentes opina sobre DJs-influencers-celebritys y otras subespecies de la fauna y flora del clubbing actual, en su particular anatom\u00eda de una profanaci\u00f3n. Texto: Fernando Fuentes Hay algo de funeral de lujo en la figura del DJ actual. 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