{"id":15893,"date":"2026-08-20T04:10:20","date_gmt":"2026-08-20T07:10:20","guid":{"rendered":"http:\/\/laf5.publisher.highstack.com.ar\/?p=15893"},"modified":"2026-08-20T04:10:20","modified_gmt":"2026-08-20T07:10:20","slug":"la-velocidad-del-vinilo-y-el-bostezo-del-algoritmo-a-proposito-de-jeff-mills","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laf5.publisher.highstack.com.ar\/?p=15893","title":{"rendered":"La velocidad del vinilo y el bostezo del algoritmo (a prop\u00f3sito de Jeff Mills)"},"content":{"rendered":"<div>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Hubo un ayer en que el techno no se bailaba con los brazos en alto buscando la pantalla del IPhone, sino con los ojos entornados, intuyendo el futuro entre el humo de un s\u00f3tano industrial. Viene esto a cuento de la \u00faltima y l\u00facida bofetada de realidad que nos ha pegado Jeff Mills.<\/strong><\/h4>\n<p>Texto: Fernando Fuentes<\/p>\n<p>El de <strong>Detroit,<\/strong> que a sus <strong>63 a\u00f1os<\/strong> mantiene la misma mirada felina y el rigor geom\u00e9trico de quien esculpi\u00f3 el sonido del ma\u00f1ana, ha vuelto a proyectar aquel m\u00edtico directo del <strong><em>Liquid Room<\/em> <\/strong>de<strong> Tokio (1995<\/strong>). Y todo ello para recordarnos algo crucial: el <strong>techno<\/strong> no es una etiqueta, ni un BPM enfurecido para consumo r\u00e1pido de festival masificado. Era, y debe seguir siendo, un <strong>lenguaje extraterrestre<\/strong> nacido del riesgo.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong><em>\u201cEl techno, como concepto y herramienta de vanguardia, parece atrapado en un bucle predecible\u201d.<\/em><\/strong><\/h4>\n<p>Ver al <strong>Mills<\/strong> de treinta y pocos a\u00f1os en esa cinta -sudando la gota gorda, pele\u00e1ndose con tres platos, doblando el espinazo para rebuscar en la <strong>maleta <\/strong>de <strong>discos <\/strong>con una velocidad casi violenta- es asistir al nacimiento de una m\u00edstica. Una <strong>m\u00edstica<\/strong> que hoy cotiza a la baja en una <strong>escena electr\u00f3nica<\/strong> que a menudo confunde la salud cultural con la salud financiera.<\/p>\n<p>S\u00ed, el negocio del <strong><em>clubbing<\/em> <\/strong>vive una era dorada de recintos llenos y cach\u00e9s astron\u00f3micos, pero el <strong>techno<\/strong>, como concepto y herramienta de vanguardia, parece atrapado en un bucle predecible. Nos hemos aburguesado. El algoritmo ha sustituido a la intuici\u00f3n y la pose ha devorado a la propuesta.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong><em>\u201cEl techno de verdad nunca fue m\u00fasica de evasi\u00f3n, sino de confrontaci\u00f3n y de exploraci\u00f3n espacial y mental\u201d.<\/em><\/strong><\/h4>\n<p>Frente a este panorama de parques tem\u00e1ticos musicales, surge un necesario bloque de resistencia. Una <strong>guerrilla <\/strong>de<strong> productores contempor\u00e1neos<\/strong> que se niega a pasar por el aro de la comercializaci\u00f3n y mantiene viva la trinchera de la experimentaci\u00f3n profunda.<\/p>\n<p>En esta primera l\u00ednea de combate la representaci\u00f3n nacional ruge con fuerza inusitada. <strong>Espa\u00f1a <\/strong>aporta pilares indiscutibles de coherencia oscura y mental como <strong>Oscar Mulero<\/strong>, <strong>Reeko<\/strong> o <strong>Pushmann,<\/strong> guardianes del techno m\u00e1s quir\u00fargico e implacable. A ellos se suman la rebeld\u00eda industrial de <strong>H\u00e9ctor Oaks<\/strong>, la crudeza hipn\u00f3tica de <strong>Psyk<\/strong> y la siempre vanguardista visi\u00f3n de <strong>Cora Novoa<\/strong>, demostrando que en nuestra pen\u00ednsula sabemos muy bien c\u00f3mo golpear el ment\u00f3n del sistema comercial.<\/p>\n<p>En la misma barricada internacional resisten la precisi\u00f3n psicod\u00e9lica del japon\u00e9s <strong>Wata Igarashi<\/strong>, la electr\u00f3nica f\u00edsica de <strong>Rrose<\/strong>, las propuestas multidisciplinares de <strong>Dasha Rush<\/strong> y el misticismo anal\u00f3gico de <strong>Setaoc Mass<\/strong>. Ellos son la prueba de que el pulso del ma\u00f1ana no se ha extinguido.<\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong><em>\u201cEl techno era, y debe seguir siendo, un lenguaje extraterrestre nacido del riesgo\u201d.<\/em><\/strong><\/h4>\n<p>Dice<strong> Mills<\/strong> con el aplomo de los sabios que \u201c<strong>hay trabajo por hacer\u201d<\/strong> y que el techno \u201c<strong>intenta ense\u00f1arnos algo que vamos a necesitar\u201d.<\/strong> Tiene toda la raz\u00f3n. El <strong>techno<\/strong> de verdad nunca fue m\u00fasica de evasi\u00f3n, sino de confrontaci\u00f3n y de exploraci\u00f3n espacial y mental. Cuando la m\u00fasica se vuelve demasiado c\u00f3moda, pierde su <strong>alma.<\/strong><\/p>\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong><em>\u201cMenos luces de estadio, menos postureo y m\u00e1s sudor, riesgo y vinilo\u201d.<\/em><\/strong><\/h4>\n<p>La vigencia de este arte no se mide en los <em>likes<\/em> de un <strong>DJ<\/strong> de moda, sino en la capacidad de seguir sonando peligroso e inaccesible para la mente cuadriculada del mercado. Menos luces de estadio, menos postureo y m\u00e1s sudor, riesgo y <strong>vinilo<\/strong>. Esa es la tarea pendiente si no queremos que el <strong>futuro<\/strong> termine convirti\u00e9ndose en un aburrido eco del <strong>pasado.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hubo un ayer en que el techno no se bailaba con los brazos en alto buscando la pantalla del IPhone, sino con los ojos entornados, intuyendo el futuro entre el humo de un s\u00f3tano industrial. 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