La pareja estuvo 17 años junta, se casó y tuvo una hija.
La modelo contó por qué la ruptura la tomó por sorpresa.
Cómo fue para Bello comenzar una nueva vida en Miami.
Estuvieron más de 15 años juntos, eran la pareja perfecta pero una crisis sorprendió a todos: la modelo recordó el final de su relación con el cantante, contó cómo atravesó la ruptura y reveló cómo logró reconstruir su vida en Miami junto a su hija Nina,
Después de 15 años de relación, una reconocida figura de la moda habló en profundidad sobre su separación y recordó uno de los momentos más difíciles de su vida. La conductora contó que el fin de la relación la tomó por sorpresa y que tuvo que comenzar una nueva etapa en otro pañis, donde ambos se habían instalado.
Con el paso de los años, la famosa dupla logró establecer una nueva dinámica a partir de la crianza de su única hija. La protagonista de la historia reconoció que los primeros momentos después de un divorcio puede ser especialmente difícil cuando existe un hijo en común. “Al principio todo es un caos. Es doloroso y triste para los tres”, explicó. Con el tiempo, ambos pudieron construir un esquema de crianza compartida con el foco puesto en el bienestar de su niña. “Cuando hay amor, realmente no hay egos”, sostuvo.
Cuál es la pareja que era reconocida en Argentina y tuvo una impactante separación
Débora Bello y Diego Torres estuvieron juntos durante 17 años, tuvieron a su hija Nina y se casaron en 2020. A fines de 2021, cuando ya vivían en Estados Unidos, decidieron ponerle fin a la relación. Ahora, varios años después, la modelo recordó cómo atravesó aquella ruptura en una entrevista con Maite Peñoñori para el podcast Paren el Mundo y habló también sobre el vínculo que mantiene actualmente con el cantante.
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Bello reconoció que una ruptura puede generar un fuerte impacto emocional y obligar a replantearse distintos aspectos de la vida. “Una separación obviamente es muy traumática. Te replanteás un montón de cosas. Vas de cero y empezás a elevarte”, contó. Sin embargo, hubo algo que hizo que el proceso fuera todavía más inesperado para ella: no esperaba que la relación llegara a su fin.
Luego de la separación, la influencer tuvo que replantearse su futuro personal y profesional. “Hay un momento en tu vida que decís: ‘Bueno, ¿y ahora qué? ¿Qué querés hacer realmente?’. Porque tenés que seguir”, explicó. La empresaria comenzó entonces una nueva etapa laboral y se vinculó con el mercado inmobiliario de Miami, mientras continuó relacionada con el mundo de la moda y la conducción.
Según relató, ese proceso significó construir una vida propia después de haber llegado a Estados Unidos como parte de un proyecto familiar. En medio de la ruptura estaba Nina. “En un momento tan vulnerable de tu vida, paralelamente tenés que ser una buena mamá. Tenés que estar entera para ella en un momento donde se te derrumba todo”, recordó.
Crece el dolor por la muerte de Oscar González Oro, que falleció el viernes a sus 74 años en Punta del Este, Uruguay. En las últimas horas, se conocieron detalles del último adiós al icónico conductor y locutor, que marcó una era en la radio AM, y en los últimos tiempos había generado preocupación al pronunciar profundas reflexión sobre el final de la vida.
En este marco, la periodista uruguaya Marcela González reveló en TN detalles sobre el velorio del periodista: “Será en Jardines del Alma, que es un cementerio parque, privado, que está en San Carlos”.
Incluso, agregó que la ceremonia familiar, e íntima , ocurrirá el lunes a las nueve de la mañana. “La decisión de la familia es despedirlo allí”, completó.
Oscar González Oro marcó una era en la radiofonía argentina.
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¿De qué murió Oscar González Oro? Las causas del fallecimiento
Si bien no se informó públicamente la causa del deceso, en los últimos años tuvo inconvenientes de salud. En 2017, González Oro sufrió una insuficiencia cardíaca que derivó en una cirugía de triple bypass. Aquella intervención duró cinco horas y, en una entrevista, aclaró que si no se sometía a la misma corría riesgo de muerte súbita.
En 2023, el Negro reveló en una nota con La Nación que había bajado 20 kilos sin conocer la causa. Ya a principios del año había publicado un mensaje que generó preocupación, cuando compartió un poema del mexicano Amado Nervo: «Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida”.
El deterioro general de la salud del Negro González Oro
El periodista Oscar González Oro falleció este viernes 25 de septiembre a los 74 años, luego de un deterioro general de su salud durante el último tiempo. El mediático tenía 74 años.
González Oro vivía en Punta del Este, en el Uruguay, hacía muchos años, adonde estaba recluído por complicaciones respiratorias graves, ya que según declaró el propio locutor podía camina apenas diez cuadras y se quedaba sin aire y sentía que requería asistencia médica inmediata. Además, había perdido la movilidad y equilibrio, por lo que la inestabilidad física le dificultaba desplazarse por sus propios medios por prevención a algún accidente doméstico.
El reconocido locutor tenía antecedentes cardíacos severos: su salud cardiovascular se encontraba comprometida desde 2017, año en el que debió ser sometido a una delicada cirugía a corazón abierto donde le colocaron tres bypass.
A simple vista parece una carretera cualquiera. Sin embargo, bajo los neumáticos de quienes circulan por la State Highway 205 de Rockwall, cerca de Dallas, hay toneladas de bolsas, botellas y otros residuos plásticos que normalmente habrían terminado en un vertedero.
Un equipo de la Universidad de Texas en Arlington (UTA), dirigido por el ingeniero Sahadat Hossain, ha construido allí un tramo experimental de asfalto modificado con plástico reciclado. El proyecto utiliza unas 4,5 toneladas de residuos en casi una milla de carretera de un solo carril y sustituye aproximadamente entre el 8% y el 10% del betún, el ligante derivado del petróleo que mantiene unido el pavimento.
La idea intenta resolver dos problemas a la vez: encontrar una salida para parte de los residuos plásticos y conseguir carreteras capaces de soportar mejor las temperaturas extremas.
El plástico no se coloca sobre la carretera: se derrite dentro del asfalto
El procedimiento comienza limpiando y triturando los residuos hasta obtener pequeñas escamas. Después se introducen en la mezcla asfáltica a alta temperatura, donde el plástico se derrite y queda integrado con el resto de los materiales.
Hossain compara su función con la del refuerzo dentro del hormigón: el objetivo es aportar flexibilidad y resistencia sin convertir la carretera en una superficie de plástico.
Las pruebas llevan varios años avanzando desde el laboratorio hasta escenarios reales. En 2023, el equipo pavimentó zonas de estacionamiento dentro del propio campus de UTA. En mayo de 2025 dio el salto a una carretera pública al construir unos 3.500 pies (algo más de un kilómetro) de pavimento modificado en la SH 205 junto al Departamento de Transporte de Texas. Y Texas es precisamente un buen lugar para ponerlo a prueba. En los días más calurosos, las temperaturas ambientales pueden superar los 100 °F (unos 38 °C), mientras el pavimento alcanza temperaturas todavía mayores.
Según UTA, los tramos experimentales de Rockwall y del campus se han mantenido intactos durante episodios por encima de los 100 °F, aunque los investigadores insisten en que todavía necesitan años de seguimiento antes de saber si realmente duran más que una carretera convencional.
Hay resultados prometedores, pero todavía falta responder una pregunta incómoda
El posible beneficio no se limita a reutilizar plástico. Al sustituir parte del betún, también disminuye la cantidad de material nuevo procedente del petróleo necesaria para pavimentar.
Además, existen indicios de que ciertas mezclas plásticas pueden mejorar algunas propiedades mecánicas del asfalto. Un estudio publicado en Scientific Reports en 2024 encontró que mezclas con polietileno de baja densidad reciclado (LDPE) aumentaban la rigidez un 171% a 25 °C y un 125% a 35 °C frente a una mezcla convencional VG30. La resistencia a la tracción indirecta mejoró alrededor de un 51%.
Las simulaciones de ese estudio también estimaron hasta un 57% más de vida frente a fatiga y un 42,33% más de resistencia frente a deformaciones permanentes en determinadas configuraciones. Eso no significa que el tramo de Texas vaya a conseguir exactamente esas cifras: son investigaciones y mezclas distintas, realizadas en condiciones diferentes.
El interrogante más evidente está en los microplásticos.
Una carretera recibe durante años abrasión de neumáticos, lluvia, calor y tráfico pesado. UTA reconoce que todavía estudia cuánto plástico podría desprenderse durante ese proceso. Los primeros trabajos sugieren que la liberación sería pequeña porque el material permanece unido al asfalto; un estudio citado por el propio equipo estimó emisiones unas 1.000 veces menores que las partículas de caucho liberadas por el desgaste de los neumáticos.
Por eso, el experimento de Rockwall todavía no es la demostración definitiva de que debamos convertir nuestras botellas en autopistas. Es algo más interesante: una carretera real, abierta al tráfico, que permitirá comprobar durante los próximos años si una parte del problema mundial del plástico puede terminar literalmente bajo nuestros pies.
Guada Antón formó parte de uno de los grandes éxitos juveniles de la televisión argentina, pero decidió alejarse de los medios tiempo después. En diálogo con C5N, reveló qué la llevó a abandonar la actuación y contó cómo es su presente, lejos de las cámaras, enfocada en la maternidad y con un nuevo proyecto profesional.
Tenía apenas 10 años cuando formó parte del elenco de Casi Ángeles, la exitosa ficción que marcó a toda una generación. Parecía que aquella experiencia marcaba el inicio de su carrera. Sin embargo, decidió alejarse de la televisión y construir una vida lejos de la exposición mediática.
Con el paso de los años, terminó el colegio, comenzó a estudiar y dejó atrás los castings. Hoy su realidad es otra: se convirtió en mamá, es psicóloga y trabaja atendiendo niños en un centro terapéutico que creó junto a su pareja. «Mi vida hoy está súper alejada de todo lo que es la televisión», reconoció.
Captura: redes sociales
Sin embargo, contó que durante su embarazo volvió a tener repercusión en las redes sociales. «No me lo imaginaba. Eso hizo que se contacten marcas conmigo y que la gente me empiece a hablar mucho más. Me empezaron a preguntar sobre el embarazo. Yo no pensé que iba a ser una bomba y lo fue», explicó.
Más allá de ese acercamiento a las redes, su vida cotidiana transcurre lejos de los medios. «Yo atiendo niños, tengo un centro terapéutico con mi pareja. Es un proyecto que nació el año pasado juntos. Estoy enfocada en eso», expresó.
La frustración que llevó a Guada Antón a alejarse de la televisión después de Casi Ángeles
A pesar de haber interpretado a Alelí en Casi Ángeles, Guada reconoció que cuando terminó de grabar la tira fue difícil volver a conseguir un papel dentro de la industria. Luego de ser parte de una de las ficciones más exitosas de esos años, comenzó a presentarse a castings sin conseguir nuevos trabajos.
«Fue una cuestión de ir a castings y no quedar. Creo que no aguanté esa frustración. Fue muy fuerte pasar de estar en el programa más exitoso en su momento a ir a castings y no quedar», recordó.
La actriz era apenas una niña y el cambio terminó influyendo en su decisión de abandonar ese mundo. «Fue duro, fue muy difícil. Creo que eso me hizo renunciar a esa vida y decir: ‘Bueno, hasta acá, basta, no quiero sufrir más’», confesó.
Guada Antón y Peter Lanzani.
Desde la perspectiva que tiene hoy, reconoce que abandonó demasiado rápido: «Creo que si me hubiese quedado y me hubiese esforzado un poco más… Me rendí muy fácil». Sin embargo, aclaró que no se arrepiente del camino que tomó: «Amo mi vida de hoy».
Además, destacó que su salida de la televisión no estuvo relacionada con una experiencia negativa durante Casi Ángeles. Por el contrario, tienen recuerdos muy especiales de aquella etapa. «La experiencia fue hermosa. Yo antes de ser madre decía que era el momento más feliz de mi vida», aseguró. Y explicó que, una vez tomada la decisión, no volvió a intentarlo: «Una vez que cerré esa puerta, la cerré. Después terminé el colegio, decidí empezar a estudiar. Una vez que tomé la decisión de ‘hasta acá’, fue hasta acá».
Guada Antón como Alelí Ordoñez en Casi Ángeles.
Su nueva vida, la maternidad y la posibilidad de volver a actuar
La maternidad también modificó su relación con la exposición. La actriz reconoció que le costaría aceptar que su hija decidiera seguir sus pasos y entrar al mundo de la televisión. «Creo que me costaría si quisiera estar en la tele, porque no sé si soportaría que hablen de ella, que alguien diga algo malo», aseguró.
Guada vía Instagram @guadalupeantonok
A pesar de sus miedos, aseguró que respetaría su decisión: «Obvio que le diría que sí, que haga lo que ella quiera. Como mamá me costaría un montón, pero 100% la acompañaría».
Aunque su presente parece definitivamente alejado de aquella etapa, reconoce que extraña actuar. «A veces extraño, sí. De hecho, muchas veces me planteé empezar teatro», reveló. Sin embargo, hizo una distinción entre regresar a la actuación y volver a exponerse públicamente.
«No sé si volvería a la televisión, a los medios, a que se hable de mí. Pero una obra de teatro sí, me encantaría. No sé si me gustaría volver a la exposición; me gustaría volver a actuar, que es algo que a mí me encanta», explicó. «Creo que iría más por el teatro que por la tele. Es como para sacarme las ganas de actuar», concluyó.
Pedirle a una computadora que produzca algo impredecible plantea una contradicción interesante. Un procesador ejecuta instrucciones definidas de antemano y, ante las mismas condiciones, debería obtener siempre el mismo resultado.
Sin embargo, la informática necesita generar números aparentemente aleatorios constantemente. Se utilizan en criptografía, simulaciones científicas, videojuegos, sorteos digitales y numerosos procesos donde conocer de antemano el siguiente valor arruinaría todo el sistema.
La pregunta es entonces inevitable: ¿puede una máquina determinista producir auténtico azar?
La mayoría de las computadoras utiliza pseudoazar
La solución habitual son los llamados generadores de números pseudoaleatorios.
Estos algoritmos comienzan con un valor inicial conocido como semilla y realizan una serie de operaciones matemáticas capaces de producir secuencias que parecen desordenadas.
El resultado puede superar numerosas pruebas estadísticas y ser suficientemente impredecible para gran cantidad de aplicaciones. Pero existe una característica fundamental: si alguien conoce el algoritmo y la semilla exacta, puede volver a generar toda la secuencia.
Por eso hablamos de pseudoazar y no de aleatoriedad absoluta. Esta propiedad también tiene ventajas. En una simulación científica, por ejemplo, utilizar la misma semilla permite repetir exactamente un experimento y comprobar los resultados.
Un mal generador puede convertirse en un problema de seguridad
La apariencia caótica no garantiza que una secuencia sea segura.
Un algoritmo mal diseñado puede producir patrones, correlaciones o ciclos que terminen siendo descubiertos. Esto resulta especialmente peligroso en criptografía, donde predecir ciertos números podría permitir reconstruir claves o comprometer comunicaciones. El matemático John von Neumann ya ironizaba sobre esta cuestión al advertir de los peligros de intentar obtener números aleatorios únicamente mediante procedimientos aritméticos.
La informática moderna ha desarrollado generadores mucho más sofisticados, pero el problema fundamental continúa siendo el mismo: un algoritmo sigue siendo una regla.
Para conseguir azar real hay que mirar al mundo físico
Una alternativa consiste en utilizar procesos externos al propio cálculo.
Los dispositivos pueden medir pequeñas fluctuaciones eléctricas, ruido térmico de componentes electrónicos, tiempos de interacción del usuario o variaciones físicas imposibles de reproducir exactamente. Estos valores pueden alimentar sistemas que generan números mucho más difíciles de anticipar.
Los generadores conocidos como TRNG, o generadores de números verdaderamente aleatorios, utilizan precisamente este tipo de fenómenos físicos.
Randomness is hard to achieve.
It is why the security of 10% of the internet is secured by a wall of lava lamps watched by a camera to generate true randomness pic.twitter.com/8RK58YzezV
— Ethan Mollick (@emollick) April 19, 2024
La física cuántica lleva la incertidumbre todavía más lejos
Algunos sistemas recurren incluso a eventos cuánticos.
Un ejemplo consiste en enviar fotones hacia dispositivos en los que existen varios resultados posibles y registrar cuál ocurre en cada caso.
Según la interpretación estándar de la mecánica cuántica, el resultado individual de determinados eventos no está simplemente oculto detrás de una variable desconocida, sino que posee una naturaleza fundamentalmente probabilística.
Por eso, los fenómenos cuánticos se consideran una de las fuentes más sólidas de aleatoriedad física disponibles actualmente.
¿Cómo sabemos que una secuencia es aleatoria?
No basta con observar varios números y comprobar que parecen desordenados.
Los investigadores utilizan grandes baterías de pruebas estadísticas para buscar repeticiones anómalas, distribuciones desiguales, correlaciones entre valores o patrones demasiado frecuentes. Pero existe una limitación importante: ninguna prueba puede demostrar definitivamente que una secuencia es completamente aleatoria.
Las pruebas pueden detectar numerosos fallos y demostrar que una secuencia no cumple ciertas propiedades esperadas del azar, pero superar todos los análisis disponibles no constituye una demostración matemática absoluta.
Por eso, la respuesta a la pregunta inicial tiene dos partes. Una computadora convencional puede generar pseudoazar extremadamente convincente mediante algoritmos. Pero cuando necesitamos una fuente de incertidumbre independiente de una fórmula, la máquina debe recurrir al mundo físico.
Paradójicamente, para ser realmente impredecible, una computadora necesita obtener parte de su azar de algo que ocurre fuera de sus propios cálculos.
Rusia no solo está recibiendo munición y soldados de Corea del Norte. La cooperación con Pionyang ha llegado también a las fábricas que alimentan uno de los pilares de su guerra contra Ucrania: la producción masiva de drones de ataque.
Un nuevo informe del Multilateral Sanctions Monitoring Team (MSMT) estima que entre 15.000 y 30.000 trabajadores norcoreanos se encontraban en Rusia a finales de 2025, frente a unos 8.000 estimados un año antes. Algunos de ellos han terminado en instalaciones vinculadas con la fabricación de drones, siderurgia, construcción naval y otras industrias estratégicas.
La cifra más llamativa llega de investigaciones recogidas por Bloomberg, Euronews y otros medios: hasta 25.000 norcoreanos podrían estar vinculados a la industria rusa de drones, incluida la enorme zona económica especial de Alabuga, en Tartaristán. Allí Rusia produce los Geran, su versión de los Shahed iraníes utilizados prácticamente a diario contra Ucrania.
Miles llegaron como estudiantes. En realidad, terminaron trabajando
El mecanismo utilizado para trasladarlos resulta especialmente revelador. Rusia concedió 36.413 visados a ciudadanos norcoreanos durante 2025. Más del 98%, exactamente 35.839, correspondían oficialmente a estudios, cuatro veces más que el año anterior. Investigaciones previas habían documentado que compañías rusas utilizan instituciones educativas y programas de formación para introducir trabajadores norcoreanos con visados estudiantiles.
El MSMT sostiene que este sistema permite ocultar una mano de obra que debería haber abandonado Rusia hace años. La resolución 2397 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas exigía que los países repatriaran antes de finales de 2019 a los trabajadores norcoreanos que obtenían ingresos en su territorio.
Hay aquí un matiz importante: el MSMT no es un organismo de Naciones Unidas. Es un grupo formado por 11 países (entre ellos Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, Reino Unido, Francia y Alemania) creado en 2024 después de que Rusia vetara la renovación del panel de expertos de la ONU encargado de vigilar las sanciones contra Corea del Norte.
Alabuga aparece especialmente señalada. Imágenes por satélite llevan años mostrando cómo este enorme complejo industrial ha ampliado sus edificios de producción y alojamiento mientras aumenta la fabricación de drones Shahed/Geran. Investigaciones citadas por el MSMT sostienen que trabajadores norcoreanos han sido destinados allí y a otros centros del complejo militar-industrial ruso.
Pionyang puede quedarse con hasta el 90% del salario
Para Corea del Norte, enviar trabajadores al extranjero es también una fuente considerable de divisas. El MSMT calcula que cada trabajador destinado en Rusia genera de media unos 7.500 dólares anuales y que sus salarios pueden ser hasta cinco veces superiores a los obtenidos por norcoreanos enviados a China. El problema es quién termina cobrando ese dinero.
Según el informe, el Estado norcoreano confisca entre el 80% y el 90% de esos ingresos. En determinados casos, las deducciones llegan a superar lo ganado por el propio trabajador, dejándolo endeudado con las autoridades. Los movimientos y contactos con personas ajenas al grupo también están fuertemente controlados para reducir las posibilidades de deserción.
En conjunto, el MSMT estima que entre 35.600 y 101.280 norcoreanos continúan trabajando en al menos 17 países y que generaron entre 450 y 800 millones de dólares durante 2025. El grupo sostiene que esos ingresos contribuyen a financiar los programas nuclear y de misiles de Pionyang. Corea del Norte rechaza esas conclusiones y ha calificado al MSMT de ilegítimo, defendiendo sus programas laborales en el extranjero como relaciones económicas legales.
Rusia necesita cada vez más drones. Y también trabajadores
La llegada de esta mano de obra coincide con una expansión acelerada de Alabuga. El complejo de Tartaristán se ha convertido en uno de los centros fundamentales de la campaña rusa de drones contra Ucrania. Allí se fabrican fuselajes, motores y componentes electrónicos y se ensamblan los Geran-2, derivados del Shahed-136 iraní. Estimaciones citadas por Euronews sitúan ya la producción por encima de 100 unidades diarias, con planes para continuar aumentando la capacidad.
Para Moscú, los trabajadores norcoreanos ayudan además a aliviar una escasez de mano de obra agravada por la guerra y la movilización. Para Pionyang, significan ingresos y una relación cada vez más estrecha con Rusia.
El resultado es una cooperación que ya no pasa únicamente por proyectiles, misiles o tropas. También llega hasta la misma cadena de montaje de las armas que Rusia utiliza cada noche sobre Ucrania.
A veces no hace falta presentar un avión nuevo para conseguir que todo el mundo hable de él. Basta con mostrar su sombra.
Eso es prácticamente lo que hizo Jared Isaacman, administrador de la NASA, durante su intervención en el All-In Summit de Los Ángeles. Mientras explicaba los planes de la agencia para recuperar su programa de aviones experimentales, apareció detrás de él una diapositiva titulada “Rebuilding our X-plane portfolio”. En el fondo podía distinguirse la silueta oscura de una aeronave con un aspecto muy familiar.
La comparación apareció inmediatamente: parecía un SR-71 Blackbird. Cuando Chamath Palihapitiya, uno de los anfitriones del evento, se refirió directamente a la imagen como un Blackbird, Isaacman no confirmó nada. Su respuesta fue bastante más sugerente: preguntó si estaba seguro de que aquello era un SR-71 y recordó que la NASA quiere regresar al negocio de “volar alto y rápido”.
Por ahora, eso es todo lo que sabemos. NASA no ha confirmado que exista un sucesor del Blackbird ni que la silueta corresponda siquiera a un avión actualmente en desarrollo.
Lo que sí está confirmado es que NASA quiere revitalizar su histórica familia de X-planes. Isaacman explicó durante el evento que el X-59, el avión supersónico silencioso desarrollado junto con Lockheed Martin, representa únicamente el comienzo. La agencia quiere recuperar las pruebas de vuelo y trabajar con la industria en nuevas configuraciones aerodinámicas y sistemas de propulsión capaces de llevar sus aeronaves mucho más lejos.
La diferencia es importante. El X-59 está diseñado para estudiar cómo reducir el estampido sónico y facilitar algún día vuelos supersónicos comerciales sobre tierra. No pretende competir con las cifras extremas que convirtió al Blackbird en una leyenda.
El SR-71 podía superar Mach 3 y operar a altitudes superiores a los 80.000 pies. Fue diseñado por Skunk Works durante la Guerra Fría para realizar misiones de reconocimiento estratégico y su combinación de velocidad y altitud hacía extraordinariamente difícil interceptarlo. NASA terminó utilizando varios ejemplares como laboratorios volantes para investigación aeronáutica hasta 1999.
Es precisamente ese pasado lo que hace tan sugerente la imagen elegida por Isaacman.
NASA quiere volver a volar como no lo hace desde hace décadas
La agencia lleva meses dejando bastante claro que pretende recuperar capacidades experimentales. En mayo, Isaacman ya había planteado construir más X-planes, incluyendo proyectos centrados en nuevos diseños de fuselaje y motores que pudieran servir tanto a la aviación civil y comercial como a necesidades de seguridad nacional.
Su mensaje de septiembre fue aún más explícito: NASA quiere volar más alto y más rápido de lo que lo ha hecho en décadas. Un portavoz de la agencia reiteró posteriormente que su intención es desarrollar aeronaves experimentales capaces de ampliar esos límites. Eso no convierte automáticamente la misteriosa sombra en el sucesor del SR-71.
Lockheed Martin lleva años mostrando conceptos como el SR-72, pensado alrededor de velocidades hipersónicas, y buena parte de los programas estadounidenses de aviación avanzada se desarrollan bajo fuertes niveles de secretismo. Pero NASA no ha relacionado públicamente su diapositiva con ese proyecto ni ha identificado la aeronave representada.
Por eso, la parte más interesante de la presentación quizá no sea descubrir qué avión había detrás de Isaacman. Es que la silueta encaja perfectamente con el mensaje que estaba pronunciando.
Durante años, el X-59 ha sido prácticamente la cara visible de la aviación experimental tripulada de NASA. Ahora su administrador dice que es “solo el comienzo”, promete nuevos diseños y habla abiertamente de recuperar velocidades y altitudes que la agencia no explora desde hace décadas. Puede que aquella sombra fuese simplemente un guiño al Blackbird. O puede que estuviera adelantando algo más. NASA, por ahora, parece encantada de dejar esa pregunta en el aire.
Sony patentó una nueva función para su PlayStation que permitiría que el jugador solo tenga que apoyar su tarjeta de crédito en el control para poder comprar.
La patente se publicó la semana pasada como “transferencia de información por control de videojuego” e involucra “técnicas relativas a la mejora de la performance del sistema de videojuegos”.
Son mejoras que tienen que ver con que sea cada vez más fácil gastar tu dinero. Como sucede con toda documentación de patentes, el texto es un tanto difícil de leer porque está lleno de advertencias, liberación de responsabilidades y demás, y en este caso para ser sinceros todo se ve casi como cocinado a medias. Hay errores de gramática y ortografía, los subtítulos se mezclan con el párrafo anterior y todo da la impresión de que se armó muy rápido.
Lo gracioso es que se presenta mostrando que Sony amablemente accede a los deseos y exigencias de los jugadores: “Los que juegan videojuegos indican que sería deseable que la información de método de pago y de cuenta se almacenen, como la información de tarjeta de crédito, cuenta de banco, gift card, billetera digital, billetera cripto y credenciales, todo en sus cuentas para facilitar la administración de compras de videojuegos, créditos, compras por la app y demás”.
Es lógico que Sony no pierde nada al hacer que te sea posible comprar videojuegos, por ejemplo. Solo está haciendo lo que quieren los jugadores (una novedad para quien preferiría copias físicas de los juegos).
La aplicación suele decirnos que las tareas como ingresar a la cuenta, configurar preferencias y administrar detalles de pago requieren de muchos pasos, que pueden “afectar el rendimiento de la consola de videojuegos y una o más operaciones de la consola”. El documento se ocupa particularmente de la necesidad de uso de varios dispositivos para comprar, y presenta varias situaciones en que el usuario tendría que usar el controlador, seleccionar una opción, y luego escanear un código QR para confirmar su decisión.
El control podría convertirse en un lector de tarjeta
No suena a un diseño especial pero el documento insiste en que para obviar esos obstáculos lo mejor es que el control asuma la función que hoy cumpliría un teléfono u otro dispositivo. Describe las formas en que funcionaría en todo detalle, pero lo que importa es que el control incorporaría “uno o más procesadores y uno o más medios para almacenar las instrucciones”, lo que haría que actúe como un lector híbrido de tarjetas/RFID.
El documento de la patente además libera de responsabilidades pero no indica si la función lo convertirá en controlador de la vida real, etc.
Imagina un mundo en que solo tienes que apoyar tu tarjeta de crédito en el controlador para pagar por otra microtransacción. Sí, sería muy cómodo, pero también podría tener desventajas como en el caso de North West, que gasta el dinero de su padre comprando por apps en la tablet.
Durante siete años fue una ciudad que existía solo en renders, fiestas en Nueva York y presentaciones para inversores. Pasó por la costa mediterránea, por Groenlandia y por las inmediaciones de una base militar en California. Ahora, por primera vez, tiene coordenadas concretas: la orilla uruguaya del Río de la Plata, a pocos minutos en ferry de Buenos Aires.
Praxis, la organización que se presenta como “la primera nación digital del mundo”, anunció que su primer asentamiento físico estará en Colonia del Sacramento, dentro del megadesarrollo urbano +Colonia. El plan contempla movilizar unos US$ 1.000 millones en los próximos tres años y recibir a los primeros residentes a mediados de 2027. “La gira mundial ha concluido: hemos elegido Uruguay”, escribió en X su cofundador y director ejecutivo, Dryden Brown.
Una ciudad diseñada para un mundo donde la IA hace el trabajo
La premisa del proyecto es tan ambiciosa como especulativa. De acuerdo con el comunicado oficial de Praxis, difundido el 22 de septiembre, la comunidad se construye “para un futuro en el que la inteligencia artificial general pueda realizar gran parte del trabajo económicamente productivo actual”. Si el empleo deja de estar atado a un lugar, razona la organización, la gente elegirá dónde vivir por la arquitectura, la vida cultural y la calidad de la comunidad.
“La AGI podría crear riqueza a una escala que el mundo nunca ha visto. Queremos convertir parte de esa riqueza en lugares e instituciones que estén a su altura”, afirmó Brown. La compañía incluso recurre a una analogía histórica: así como la banca y el comercio financiaron el Renacimiento en Florencia hace cinco siglos, la riqueza generada por la IA podría sostener hoy a artistas, arquitectos e investigadores.
El componente tecnológico más llamativo es de gobernanza. Praxis dice estar desarrollando herramientas para que los residentes propongan proyectos compartidos, expresen preferencias y coordinen el financiamiento comunitario. En documentos previos, la organización fue más lejos y habló de avanzar hacia una “entidad política autónoma” donde sistemas de IA releven las preferencias de sus integrantes, ordenen prioridades y ayuden a ejecutar propuestas bajo supervisión humana. En el anuncio uruguayo, sin embargo, el tono es otro: las instituciones de la comunidad operarán “plenamente dentro del marco constitucional, legal y democrático de Uruguay”.
+Colonia es un desarrollo impulsado por el empresario argentino Eduardo Bastitta, quien fue asesor del gobierno de Javier Milei. El predio abarca unas 515 hectáreas sobre casi 8 kilómetros de costa, a unos 800 metros del puerto que conecta con Buenos Aires, y se promociona como una “smart city rioplatense” orientada a trabajadores del sector tecnológico. Según su fundador, el emprendimiento ya reúne unos US$ 290 millones comprometidos y cientos de departamentos vendidos.
El sector asignado a Praxis representaría algo más del 20% de toda la urbanización: unos 350.000 metros cuadrados edificables. Bastitta también mencionó que 30 startups firmaron un compromiso para co-crear la ciudad junto a la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU) y el instituto alemán Fraunhofer IAO.
La letra chica, sin embargo, pesa. La compra de esas tierras todavía no se concretó porque falta fraccionarlas, y la adquisición de las parcelas propias de Praxis está prevista recién para fines de 2027. El acuerdo firmado entre ambas partes es, en gran medida, no vinculante. Eso implica que los primeros “praxianos” probablemente vivirán en edificios de +Colonia antes de que exista algo que pueda llamarse, estrictamente, una ciudad de Praxis.
150.000 miembros en internet, 2.700 dispuestos a mudarse
Praxis asegura reunir a más de 150.000 miembros en todo el mundo. De ese total, unos 2.700 manifestaron formalmente su intención de mudarse e invertir en Uruguay, según precisó Bastitta. La distancia entre ambas cifras no es menor, y tiene antecedentes: en 2023, cuando Brown hablaba de una lista de espera de 50.000 personas, un registro interno de la compañía revisado por la prensa estadounidense mostraba apenas 431 miembros.
Algo similar ocurre con el dinero. En 2024 la organización anunció compromisos de financiamiento por US$ 525 millones, pero buena parte estaba condicionada a hitos, entre ellos colocar un token de criptomoneda en un mercado público. Los US$ 1.000 millones anunciados ahora son una meta de inversión a movilizar, no capital ya desembolsado.
De Bluebook Cities al Río de la Plata
La empresa fue fundada en 2019 por Dryden Brown y Charlie Callinan bajo el nombre Bluebook Cities. Entre sus primeros inversores figura Pronomos Capital, un fondo dedicado a nuevas ciudades y vinculado a la red de Peter Thiel. Su visión se inscribe en el movimiento de los “network states”, un concepto popularizado por el exdirector de tecnología de Coinbase, Balaji Srinivasan: comunidades que nacen en internet, comparten una identidad y luego buscan un territorio físico donde establecerse.
El recorrido geográfico del proyecto fue errático. Primero se exploró África; después, posibles sedes en Italia, Marruecos y Montenegro. En 2025, Brown viajó a Groenlandia para promover una “ciudad de la libertad” con regulación mínima y, ese mismo año, presentó Atlas, una ciudad enfocada en defensa y tecnología espacial cerca de la base de Vandenberg, en California. Ninguna de esas iniciativas pasó de la etapa de anuncio.
La estética también es parte del paquete. Brown ha descrito su ideal arquitectónico como una fusión de elementos góticos y futurismo espacial, con referencias constantes a la Grecia y la Roma clásicas. Antiguos empleados le atribuyeron además posturas autoritarias, algo que el empresario rechazó en su momento al afirmar que algunas personas mentían sobre la organización.
Por qué Uruguay, y qué dice el precedente de Honduras
Praxis justificó su elección por la “belleza natural, la estabilidad política y económica y las sólidas instituciones democráticas” del país. Bastitta agregó otro factor: la distancia de Sudamérica respecto de los principales focos de conflicto global, aunque aclaró que la idea de un refugio ante una eventual Tercera Guerra Mundial es “el tercer elemento y el menos relevante”, detrás de la revolución tecnológica y la búsqueda de comunidad física. Brown prevé mudarse a Uruguay en diciembre y tenía prevista una reunión con el presidente Yamandú Orsi en Nueva York, durante la Asamblea General de la ONU.
Para América Latina, el caso tiene un antecedente incómodo. Próspera, la ciudad privada instalada en la isla hondureña de Roatán bajo el régimen de Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE), entró en conflicto con el Estado cuando Honduras derogó esa figura en 2022. Sus inversores respondieron con una demanda ante el CIADI por unos US$ 10.700 millones, una cifra equivalente a cerca de un tercio del PIB hondureño.
La diferencia, al menos por ahora, es que Praxis no reclama soberanía ni un régimen legal especial en Uruguay: se presenta como una comunidad residencial y cultural dentro de un desarrollo inmobiliario privado. Lo que queda por ver es si, tras siete años de promesas, la primera ciudad pensada para convivir con la inteligencia artificial general logra pasar del render al ladrillo.
Durante décadas, investigar un ciberataque implicaba buscar a una persona detrás del teclado. La llegada de los agentes autónomos de inteligencia artificial está empezando a romper esa lógica: varios sistemas experimentales han accedido a redes y servicios externos sin que sus desarrolladores les hubieran ordenado hacerlo. Y eso abre una pregunta para la que las leyes estadounidenses todavía no tienen una respuesta evidente: si una IA hackea una empresa por su cuenta, ¿quién es responsable?
El debate ha ganado fuerza después de los incidentes reconocidos en los últimos meses por laboratorios como OpenAI y de episodios similares relacionados con modelos de Anthropic, Meta y Google. En el caso más conocido, modelos de OpenAI consiguieron superar las barreras de un entorno de evaluación, conectarse a Internet y comprometer sistemas de Hugging Face durante unas pruebas internas de ciberseguridad.
OpenAI asegura que las acciones no formaban parte del objetivo que se les había asignado. Los agentes explotaron vulnerabilidades, utilizaron canales no autorizados y llegaron a acceder a sistemas de terceros mientras intentaban completar sus tareas.
El problema no es demostrar el hackeo, sino demostrar la intención
Estados Unidos ya dispone de una herramienta creada precisamente para perseguir accesos informáticos ilegales: la Computer Fraud and Abuse Act (CFAA), una ley federal aprobada originalmente en la década de 1980.
El problema aparece en una de sus palabras fundamentales: intención. La norma contempla delitos relacionados con acceder deliberadamente y sin autorización a determinados sistemas informáticos. Eso resulta relativamente sencillo de analizar cuando hay una persona que decide robar unas credenciales y entrar en un servidor. Con un agente autónomo, la cadena es bastante más complicada.
Una empresa puede haber creado el modelo y haberle proporcionado herramientas para realizar una prueba de seguridad sin haberle ordenado nunca entrar en una red externa. El sistema, sin embargo, puede encontrar esa estrategia mientras persigue el objetivo que recibió.
Kiran Raj, antiguo funcionario del Departamento de Justicia especializado en ciberseguridad, explicó a Associated Press que trasladar la intención del agente directamente a la compañía que lo creó sería jurídicamente difícil si no existen indicios de que la empresa buscaba provocar esa intrusión.
Eso no elimina otras posibles vías de responsabilidad. Jack Nelson, responsable de seguridad y asesor jurídico de Ivanti, planteó a AP una analogía: tener un animal peligroso y no cerrar correctamente su jaula puede generar responsabilidad aunque su dueño nunca le haya ordenado atacar a nadie.
La discusión podría terminar girando así alrededor de cuestiones diferentes: qué riesgos conocía una compañía, qué controles instaló y si tomó precauciones razonables antes de conectar un sistema extremadamente capaz con infraestructura real.
El FBI ya habla de una “nueva frontera”
La cuestión también ha llegado al Congreso estadounidense. El director del FBI, Kash Patel, describió estos incidentes como una “nueva frontera” durante una audiencia, aunque señaló que una investigación penal tendría que distinguir entre modelos creados expresamente con propósitos criminales y sistemas legítimos que posteriormente desarrollan comportamientos imprevistos.
En paralelo, distintos responsables del sector tecnológico están reclamando nuevas reglas de seguridad. Esta misma semana, Sam Altman y Dario Amodei comparecieron ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para advertir sobre los riesgos asociados al incremento de autonomía y capacidad de los modelos. Amodei aseguró que Anthropic está dispuesta a ralentizar determinados desarrollos si considera insuficientes las medidas de seguridad.
La Casa Blanca mantiene una posición diferente respecto a la creación de nuevos marcos internacionales. Funcionarios de la administración Trump han defendido evitar estructuras regulatorias que, a su juicio, puedan frenar el desarrollo estadounidense de IA, mientras el Gobierno mantiene conversaciones con China sobre mecanismos para comunicar incidentes graves relacionados con estos sistemas.
Las leyes fueron escritas pensando en hackers humanos
El caso de Hugging Face muestra por qué el problema ha dejado de ser puramente teórico. OpenAI reconoció que sus agentes ejecutaron código en decenas de servidores, obtuvieron acceso completo a uno de ellos y consiguieron determinados datos privados y credenciales. La compañía respondió aislando el modelo principalmente responsable, reforzando sus entornos de seguridad y retrasando parte de sus trabajos de entrenamiento.
También ha descubierto durante la investigación otros casos en los que modelos localizaron y utilizaron credenciales que estaban expuestas públicamente en Internet.
Hasta ahora, el derecho informático había partido de una premisa bastante cómoda: detrás de cada acción existe una persona cuya intención puede investigarse. Los agentes autónomos introducen algo distinto. Un desarrollador puede definir el objetivo, una empresa puede proporcionar los recursos y el modelo puede decidir el camino. Y cuando ese camino atraviesa una red que nadie le había dado permiso para tocar, determinar quién cruzó realmente la línea deja de ser una cuestión tecnológica para convertirse también en una cuestión legal.