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  • Chile quiso tender un cable directo a China para no depender de Estados Unidos: terminó atrapado en una tormenta geopolítica

    Chile quiso tender un cable directo a China para no depender de Estados Unidos: terminó atrapado en una tormenta geopolítica

    Un cable submarino puede parecer infraestructura, pero también es poder

    Durante años, Chile intentó convertirse en un puente digital entre Sudamérica y Asia. La idea tiene lógica: el país mira al Pacífico, comercia intensamente con China y quiere dejar de depender de rutas de datos que pasan por Norteamérica o por infraestructuras dominadas por grandes tecnológicas estadounidenses.

    En ese contexto apareció el proyecto Chile-China Express, una propuesta para tender un cable submarino de fibra óptica entre la costa chilena y Hong Kong. Sobre el papel, era una obra de conectividad: más velocidad, más redundancia y una ruta directa hacia Asia. En la práctica, se convirtió en una pieza más de la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China.

    El problema es que los cables submarinos ya no se ven solo como tubos invisibles por donde viaja internet. Son infraestructura crítica. Transportan datos comerciales, financieros, gubernamentales y personales. Quien controla rutas, estaciones de amarre, mantenimiento y equipos de red puede tener influencia sobre una parte estratégica de la economía digital.

    Washington vio una amenaza donde Chile veía diversificación

    Desde la perspectiva chilena, buscar una ruta directa hacia Asia tenía sentido. Casi toda la conectividad internacional de América Latina ha estado históricamente condicionada por Estados Unidos, ya sea por territorio, empresas, nube, centros de datos o acuerdos de infraestructura.

    China Mobile ofrecía una alternativa. Pero para Washington, que lleva años tratando de limitar la presencia china en redes 5G, cables submarinos, puertos y centros de datos, el proyecto encendió alarmas inmediatas. El temor no era solo comercial, sino de seguridad: que una empresa estatal china participara en una ruta de datos estratégica desde Sudamérica hacia Asia.

    La tensión escaló cuando Estados Unidos revocó visas a funcionarios chilenos vinculados al proceso. La medida fue interpretada en Chile como una presión directa sobre una decisión soberana. Para Washington, en cambio, era una respuesta a un proyecto que podía comprometer la seguridad regional.

    El cambio de gobierno dejó el problema envenenado

    El episodio llegó en un momento especialmente delicado: la transición entre el gobierno de Gabriel Boric y la llegada de José Antonio Kast a la presidencia. Boric quedó asociado a la tramitación del proyecto, mientras Kast heredó una decisión incómoda: cómo mantener la relación con China, principal socio comercial de Chile, sin romper con Estados Unidos, su principal inversor extranjero y aliado estratégico.

    El cable Humboldt, impulsado junto a Google para conectar Chile con Australia, apareció como una salida más aceptable para Washington. Pero esa alternativa no resuelve completamente la pregunta de fondo. Si el objetivo chileno era reducir la dependencia de rutas bajo influencia estadounidense, un cable asociado a una empresa norteamericana y con destino en un país aliado de Estados Unidos deja parte del problema intacto.

    Por eso la discusión sigue abierta. No se trata solo de elegir un cable u otro, sino de decidir qué tipo de autonomía digital quiere construir Chile.

    América Latina entra en la guerra invisible de los datos

    El caso chileno muestra una tendencia más amplia. China lleva años expandiendo su presencia tecnológica en América Latina mediante telecomunicaciones, nube, redes 5G, centros de datos y empresas como Huawei, ZTE, China Telecom o Alibaba Cloud. Estados Unidos, por su parte, observa esa expansión como una amenaza directa a su influencia histórica en la región.

    En ese tablero, los países latinoamericanos quedan ante una decisión difícil. Elegir a China puede traer inversión, infraestructura y una ruta alternativa. Elegir a Estados Unidos puede reducir tensiones diplomáticas y garantizar acceso a socios tecnológicos consolidados. Pero depender demasiado de cualquiera de los dos implica perder margen de maniobra.

    La verdadera salida quizá no sea elegir entre Washington y Pekín, sino construir más capacidad propia: regulación, conocimiento técnico, infraestructura regional y criterios transparentes para evaluar proyectos críticos.

    El cable Chile-China Express no es solo una disputa por fibra óptica bajo el océano. Es una señal de cómo será la próxima etapa de la geopolítica digital. Ya no se trata únicamente de quién fabrica chips o quién domina la nube. También importa por dónde viajan los datos, quién puede vigilarlos y quién tiene el poder de cortar, aprobar o bloquear las rutas invisibles que sostienen internet.

     

    Fuente: Xataka.

  • Está muy claro: quién se va de Gran Hermano este lunes 22 de junio, según la encuesta más precisa

    Está muy claro: quién se va de Gran Hermano este lunes 22 de junio, según la encuesta más precisa

    La gala de eliminación de Gran Hermano Generación Dorada de este lunes 22 de junio llega con una placa de siete nominados y una tendencia que ya empieza a marcarse en las encuestas de redes sociales. Según los sondeos más consultados entre los seguidores del programa, Sol Abraham es la participante con mayores chances de abandonar la casa esta semana.

    La semana 17 del reality estuvo cargada de movimientos estratégicos que modificaron el panorama de la nominación. Matías Hanssen, líder de la semana, utilizó uno de sus beneficios para quitarles el voto a cuatro jugadores y luego salvó a una de las nominadas, dejando una placa final de siete participantes en riesgo. Santiago del Moro lo confirmó al aire: «Son siete en placa».

    Las encuestas no tienen carácter oficial ni definen el resultado, pero históricamente funcionan como un termómetro del humor de los fanáticos que dejan su voto por las distintas vías que tienen disponibles para hacerlo. Aún así, en esta edición, los fandoms lograron cambiar algunas tendencias, especialmente cuando las placas son numerosas y las diferencias entre candidatos son ajustadas.

    Quién se va de Gran Hermano este lunes 22 de junio, según las encuestas

    La placa definitiva de esta semana quedó conformada por Catalina «Titi» Tcherkaski, Steffany «Campanita» Pereira, Cinzia Francischiello, Manuel «Manu» Ibero, Tamara Paganini, Emanuel Di Gioia y Solange «Sol» Abraham. Nenu López, quien también había quedado nominada, fue salvada por el líder Hanssen antes de que cerrara la votación.

    Según los sondeos publicados por la una de las cuentas en X que suele generar encuestas, uno de los relevamientos con mayor repercusión entre los seguidores del programa, Sol Abraham encabeza la tendencia de voto negativo y aparece como la principal candidata a salir el lunes. Detrás de ella se ubica Titi Tcherkaski, que también concentra una cantidad importante de votos en contra y permanecen entre las participantes más comprometidas de cara a la definición.

    La diferencia entre las primeras posiciones no parece definitiva, por lo que cualquier movimiento de los fandoms en las horas previas a la gala podría modificar el resultado. La votación sigue abierta y el lunes 22 de junio se conocerá el nombre del nuevo eliminado o eliminada de la casa más famosa del país.

  • Estados Unidos intentó apagar una de sus redes oceánicas más importantes, pero la presión científica obligó a frenar el desmantelamiento

    Estados Unidos intentó apagar una de sus redes oceánicas más importantes, pero la presión científica obligó a frenar el desmantelamiento

    La red que mira el océano cuando nadie puede hacerlo

    El océano parece inmenso, pero para la ciencia sigue lleno de zonas ciegas. Medir qué ocurre bajo la superficie, durante años y en tiempo real, requiere una infraestructura enorme: sensores, boyas, cables submarinos, vehículos autónomos, estaciones de monitoreo y equipos capaces de resistir condiciones extremas.

    Eso es justamente lo que hace la Ocean Observatories Initiative, conocida como OOI. Financiada por la National Science Foundation de Estados Unidos, esta red fue diseñada para observar variables físicas, químicas, geológicas y biológicas del océano durante décadas. Sus datos ayudan a estudiar desde olas de calor marinas hasta acidificación, circulación oceánica, ecosistemas profundos y cambios asociados al clima.

    Por eso la alarma fue tan grande cuando, en mayo de 2026, se anunció el inicio de un proceso para reducir drásticamente la red. El plan contemplaba retirar infraestructura en varias de sus matrices principales, incluidas estaciones en el Atlántico Norte, el Pacífico y zonas costeras de Estados Unidos. Solo una parte del sistema quedaría operativa.

    Estados Unidos intentó apagar una de sus redes oceánicas más importantes, pero la presión científica obligó a frenar el desmantelamiento
    © Ocean Observatories Initiative – Youtube.

    Por qué apagar sensores oceánicos no es una decisión menor

    El océano no es solo agua. Es uno de los grandes reguladores del clima terrestre. Absorbe calor, almacena carbono, mueve energía entre regiones y modula fenómenos que afectan lluvias, tormentas, costas, pesca y temperaturas.

    Una de las piezas más vigiladas por los científicos es la AMOC, la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico. Este sistema funciona como una enorme cinta transportadora que mueve agua cálida y fría entre distintas regiones del planeta. Si cambia de forma brusca, puede alterar patrones climáticos en Europa, América del Norte y otras zonas.

    Para estudiar procesos así no alcanzan mediciones aisladas. Hace falta continuidad.Un sensor que transmite durante diez años no ofrece solo datos: ofrece historia. Permite detectar tendencias, anomalías y señales débiles qu e se perderían si la observación se interrumpe. Por eso desmontar una red como la OOI no equivale a apagar una cámara cualquiera. Significa cortar una serie temporal que la ciencia tardó años en construir.

    El plan generó una reacción inmediata

    El intento de desmantelamiento provocó una fuerte reacción entre científicos, legisladores y comunidades que dependen de información oceánica. La crítica principal fue que la decisión parecía tomada sin una evaluación científica suficiente y en medio de un contexto más amplio de recortes a la investigación climática y ambiental.

    La presión surtió efecto. El 18 de junio, la National Science Foundation frenó el plan, anunció que dejaría de retirar o desactivar equipamiento y que revisaría el futuro de la red con participación de expertos. También se habló de volver a desplegar instrumentos que ya hubieran sido recuperados.

    La marcha atrás fue recibida como una victoria, pero también dejó una advertencia: una infraestructura científica de décadas puede quedar en riesgo rápidamente si cambia la prioridad política o presupuestaria. Y en el caso del océano, perder capacidad de observación puede tener consecuencias que no se corrigen simplemente volviendo a comprar equipos.

    La ciencia climática necesita continuidad, no interrupciones

    El valor de la OOI no está solo en sus sensores, sino en la continuidad de sus datos. Los cambios oceánicos suelen ser lentos, acumulativos y difíciles de interpretar sin series largas. Interrumpirlas puede dejar huecos justo en un momento en que el calentamiento marino, la acidificación y los eventos extremos están acelerándose.

    La red también tiene un valor práctico. Sus datos pueden servir para entender riesgos costeros, cambios en ecosistemas marinos, variaciones en pesquerías y fenómenos que terminan afectando economías locales. No es una herramienta abstracta para laboratorios: es parte de la infraestructura que permite anticipar impactos reales.

    La polémica muestra una tensión más profunda. La ciencia climática necesita décadas para construir certezas, pero las decisiones políticas pueden desarmar capacidades en semanas. En un planeta que se calienta, observar el océano no es un lujo académico. Es una forma de seguridad.

    Estados Unidos evitó, por ahora, apagar una de sus redes oceánicas más valiosas. Pero el episodio deja una pregunta incómoda: si incluso los instrumentos que nos ayudan a entender el clima pueden quedar a merced de un recorte, ¿qué tan preparados estamos para ver venir los cambios que ya están ocurriendo bajo la superficie?

     

     

    Fuente: Meteored.

  • Uno de los trabajos del futuro en China consiste en ponerse unas gafas y convertirse en robot. Cada movimiento humano sirve para entrenar a los humanoides que llegarán a las fábricas

    Uno de los trabajos del futuro en China consiste en ponerse unas gafas y convertirse en robot. Cada movimiento humano sirve para entrenar a los humanoides que llegarán a las fábricas

    La escena parece sacada de Ready Player One, pero no ocurre dentro de un videojuego. Un trabajador se coloca unas gafas de realidad virtual, agarra dos mandos y empieza a mover los brazos. A pocos metros, un robot humanoide repite cada gesto mientras intenta sacar una camisa de una percha, extenderla y doblarla dentro de una réplica de un apartamento.

    No lo hace solo. Al menos, todavía no.

    La persona que está detrás del visor observa el entorno a través de las cámaras instaladas en la cabeza del robot y controla sus movimientos casi como si estuviera dentro de su cuerpo. Cada intento, cada corrección y cada objeto recogido genera datos que posteriormente pueden utilizarse para enseñar a la máquina a realizar la misma tarea con una intervención humana cada vez menor.

    Así funciona parte del trabajo que está desarrollando IO-AI Tech, una startup instalada al norte de Shenzhen, una de las grandes capitales tecnológicas y manufactureras de China. Según pudo comprobar WIRED durante una visita a sus instalaciones, la compañía emplea gafas de realidad virtual, dispositivos portátiles y sensores de captura de movimiento para controlar diferentes modelos de robots en fábricas, comercios y entornos domésticos simulados.

    La tecnología abre una frontera laboral bastante peculiar. El empleo consiste, en la práctica, en prestarle temporalmente el cuerpo a un robot para que algún día ya no necesite utilizarlo.

    Antes de trabajar solos, los robots necesitan copiar a los humanos

    Uno de los trabajos del futuro en China consiste en ponerse unas gafas y convertirse en robot. Cada movimiento humano sirve para entrenar a los humanoides que llegarán a las fábricas
    © Centro de prensa del distrito de Shijingshan / Pekín.

    Uno de los principales problemas de los robots humanoides actuales no es caminar, dar volteretas o bailar frente a una cámara. Es hacer de forma fiable cosas aparentemente sencillas para una persona: agarrar una caja sin aplastarla, distinguir una prenda arrugada, colocar un producto en una estantería o adaptarse cuando un objeto aparece unos centímetros más lejos de lo previsto.

    El mundo físico está lleno de pequeñas variaciones que resultan difíciles de anticipar mediante instrucciones programadas manualmente. Una camisa no siempre cae igual, dos cajas pueden pesar diferente y una mano robótica no tiene necesariamente las mismas proporciones, fuerza o movilidad que la mano de quien la controla.

    IO-AI Tech intenta resolver esa diferencia mediante un sistema que traduce los movimientos humanos para distintos tipos de robots. No se limita a copiar la posición de brazos y dedos: sus algoritmos deben ajustar esos gestos a máquinas con tamaños, pesos y centros de gravedad diferentes. Sin ese nivel de autonomía intermedia, un humanoide podría perder el equilibrio al intentar imitar literalmente al operador.

    La documentación oficial de su plataforma TeleXperience muestra que el sistema permite seleccionar distintos robots, activar la captura de movimiento, iniciar la teleoperación y grabar las trayectorias ejecutadas. También puede incorporar datos de las manos, la parte inferior del cuerpo y las cámaras del robot, convirtiendo cada sesión de control en material reutilizable para entrenamiento.

    No es simplemente manejar una marioneta mecánica. Es producir demostraciones que la inteligencia artificial pueda estudiar.

    Un trabajador puede mover cincuenta dedos robóticos a la vez

    Durante la demostración de IO-AI Tech, el periodista de WIRED utilizó un guante de seguimiento para controlar simultáneamente diez manos robóticas fabricadas por compañías diferentes. Los movimientos de sus diez dedos fueron transferidos prácticamente al instante a cincuenta dedos mecánicos.

    El sistema también funcionaba en sentido contrario. Cuando alguien colocó una pelota en una de las manos electrónicas, el operador pudo sentirla mediante la respuesta háptica del dispositivo. Esa combinación de control y sensación resulta especialmente importante para tareas en las que no basta con conocer la posición de un objeto: también hay que entender cuánta fuerza se está ejerciendo sobre él.

    En otro ensayo, unas gafas de realidad virtual y un par de pinzas permitían controlar un robot que recogía cajas de medicamentos y las colocaba en una estantería. La solución ya está siendo probada por una cadena china de tiendas de conveniencia, según la empresa.

    Al principio existe una ligera desconexión entre lo que hace la persona y lo que ve desde los ojos del robot. Sin embargo, tras un periodo breve de adaptación, el operador puede empezar a trabajar dentro de ese cuerpo ajeno con cierta naturalidad.

    Esa es una de las razones por las que el oficio puede enseñarse fuera de los laboratorios de investigación. Si Chin, cofundadora de IO-AI Tech, asegura que la teleoperación robótica ya está despertando interés en algunas escuelas de formación profesional de China.

    China está construyendo auténticas escuelas para robots

    El caso de Shenzhen forma parte de un movimiento mucho mayor. En varias provincias chinas han comenzado a aparecer centros en los que decenas de humanoides practican durante horas cómo transportar bandejas, recoger botellas, clasificar productos o doblar prendas.

    Según informó China Daily, estas “escuelas de robots” se están extendiendo por regiones como Anhui, Zhejiang y Shandong. Uno de los centros gestionados por Leju en Jinan reproduce 11 tipos de escenarios, desde líneas industriales hasta espacios de atención doméstica, para que las máquinas aprendan a percibir y adaptarse a diferentes entornos.

    El entrenamiento necesita una gran cantidad de repeticiones. Una persona puede entender después de uno o dos intentos cómo agarrar una taza nueva. Un robot necesita observar movimientos, fuerzas, imágenes y errores suficientes como para distinguir qué partes de esa acción son esenciales y cuáles cambian dependiendo del objeto.

    La investigación en teleoperación lleva tiempo avanzando en esa dirección. El proyecto académico Open Teach, por ejemplo, empleó gafas Meta Quest 3 para controlar distintas manos y brazos robóticos en 38 tareas. Sus responsables demostraron que los datos recopilados mediante control humano podían utilizarse posteriormente para entrenar políticas de manipulación en acciones que requerían contacto y precisión.

    China posee una ventaja evidente para trasladar esa idea a gran escala: dispone al mismo tiempo de fabricantes de robots, cadenas industriales, trabajadores, proveedores de componentes y espacios reales donde recopilar datos.

    Doblar una camisa puede valer más que hacer una voltereta

    Uno de los trabajos del futuro en China consiste en ponerse unas gafas y convertirse en robot. Cada movimiento humano sirve para entrenar a los humanoides que llegarán a las fábricas
    © Centro de prensa del distrito de Shijingshan / Pekín.

    Los vídeos virales suelen mostrar a robots corriendo, boxeando o ejecutando coreografías. Sin embargo, ninguna de esas habilidades garantiza que puedan completar una jornada de trabajo en un entorno donde los objetos se mueven, las personas interfieren y cada tarea presenta pequeñas diferencias.

    Doblar una camisa puede ser menos espectacular que una patada giratoria, pero probablemente sea mucho más relevante para demostrar que un humanoide puede integrarse en la economía real.

    IO-AI Tech ya colabora con Jack Sewing Machines, un fabricante chino de maquinaria para la industria textil. El objetivo es entrenar robots de dos brazos para realizar tareas como planchar camisas y, eventualmente, introducirlos en líneas de producción donde esas operaciones todavía dependen del trabajo manual.

    El enfoque es gradual. Los robots pueden comenzar siendo controlados casi por completo por una persona, pasar después a compartir el control y terminar ejecutando de manera autónoma las partes de la tarea que ya dominan. Chin compara este proceso con la evolución de los automóviles autónomos, cuya independencia se ha ampliado poco a poco y en contextos delimitados.

    La diferencia es que los datos necesarios no se encuentran principalmente en internet. Para que una IA aprenda a redactar, existen bibliotecas enteras de texto. Para que aprenda a manipular una caja, abrir un cajón o planchar una manga, alguien tiene que registrar esa interacción en el mundo físico.

    El nuevo trabajo que existe para hacer desaparecer otros trabajos

    La gran paradoja de esta industria es difícil de ignorar. China está creando empleos dedicados a recopilar los datos que podrían permitir automatizar otros empleos en el futuro.

    Rest of World ha documentado cómo las compañías chinas están movilizando trabajadores dentro de hogares, fábricas, granjas y centros de cuidados para grabar enormes cantidades de movimientos humanos. JD.com, por ejemplo, planea reunir diez millones de horas de datos robóticos en dos años mediante un programa que podría involucrar a empleados, colaboradores externos y residentes que registren sus tareas cotidianas.

    El resultado es un nuevo tipo de trabajador manual que no manipula directamente la mercancía, la ropa o las herramientas. Controla a la máquina que lo hace y convierte su propia experiencia corporal en datos. Puede que los robots humanoides terminen aprendiendo a reponer estanterías sin ayuda. Antes de llegar a ese punto, sin embargo, necesitarán miles o millones de ejemplos generados por personas capaces de mostrarles cómo funciona realmente el mundo.

    El futuro automatizado, al menos durante sus primeros años, tendrá a un ser humano escondido detrás de unas gafas de realidad virtual.

  • La IA parece vivir en la nube, pero su huella ya se mide como la de un país: energía, agua y tierra para sostener cada respuesta

    La IA parece vivir en la nube, pero su huella ya se mide como la de un país: energía, agua y tierra para sostener cada respuesta

    La inteligencia artificial no flota en el aire

    La inteligencia artificial suele presentarse como algo limpio, liviano y casi mágico. Escribimos una pregunta, pedimos una imagen, generamos código o resumimos un documento, y la respuesta aparece en segundos. Pero esa velocidad esconde una realidad mucho menos intangible: servidores, cables, chips, sistemas de refrigeración, redes eléctricas, agua, minerales y enormes edificios funcionando sin pausa.

    Un nuevo informe de la Universidad de las Naciones Unidas advierte que la huella ambiental de la IA ya no puede medirse solo por las emisiones de carbono. La infraestructura que la sostiene consume electricidad a una escala comparable con la de países enteros, pero también arrastra impactos sobre el agua, el suelo, la extracción de minerales y los residuos electrónicos.

    Según el estudio, los centros de datos consumieron alrededor de 448 teravatios-hora de electricidad en 2025. Si fueran un país, estarían entre los mayores consumidores eléctricos del planeta. Y el crecimiento de la IA puede llevar esa cifra a unos 945 teravatios-hora en 2030, casi el 3 % del consumo eléctrico mundial proyectado.

    El problema no es solo el CO₂

    Durante años, la discusión ambiental sobre tecnología se concentró en las emisiones. Pero el informe insiste en que mirar solo el carbono puede llevar a conclusiones incompletas. Cada kilovatio-hora que alimenta un centro de datos también puede implicar uso de agua, ocupación de suelo, presión sobre redes eléctricas y demanda de materiales críticos.

    El agua es uno de los puntos más sensibles. Muchos centros de datos necesitan refrigeración constante para evitar que los servidores se sobrecalienten. Esa refrigeración puede depender de grandes volúmenes de agua, especialmente en regiones donde las temperaturas son altas o la infraestructura eléctrica está bajo presión.

    La Universidad de las Naciones Unidas estima que, hacia 2030, la huella hídrica asociada a los centros de datos podría alcanzar los 9,3 billones de litros. La cifra es difícil de imaginar, pero resume el problema: una tecnología que parece digital puede competir por recursos físicos muy concretos, incluso en zonas donde el agua ya es escasa.

    Usar la IA todos los días también consume

    Una de las ideas más importantes del informe es que el gran gasto energético no está solo en entrenar modelos gigantescos. Una vez que esos modelos se lanzan al público, el uso cotidiano empieza a pesar mucho más. Cada consulta, cada imagen generada, cada video y cada interacción se suma a una demanda constante.

    Los investigadores estiman que la inferencia, es decir, el funcionamiento diario de los modelos ya desplegados, representa entre el 80 % y el 90 % del consumo energético total de la IA. Eso cambia el foco del debate: no alcanza con preguntar cuánto costó entrenar un modelo, también hay que mirar cuántas veces se usa, para qué tareas y con qué nivel de complejidad.

    No todas las consultas cuestan lo mismo. Una pregunta de texto simple no tiene el mismo impacto que generar una imagen de alta resolución o producir video con IA. Cuanto más pesada es la tarea, más servidores trabajan, más energía se consume y más presión se traslada a la infraestructura.

    La huella de la IA no se reparte de forma justa

    El informe también plantea una cuestión de desigualdad. La inteligencia artificial se usa en todo el mundo, pero su infraestructura está concentrada en pocos países. Estados Unidos y China concentran la mayor parte de la capacidad informática especializada, mientras que más de 150 países tienen poca o ninguna infraestructura propia dedicada a IA.

    Eso significa que los beneficios y los costos no siempre aparecen en los mismos lugares. Una empresa puede ofrecer servicios globales, pero el consumo de agua, el uso de suelo, la presión sobre la red eléctrica o la acumulación de residuos pueden concentrarse en comunidades específicas.

    A eso se suma la cadena de suministro. Los chips y servidores requieren minerales críticos, muchos de ellos extraídos en regiones con regulaciones ambientales más débiles o con comunidades que no reciben los beneficios de la economía digital. Al final del ciclo, también aparece otro problema: millones de toneladas de residuos electrónicos asociados a la renovación constante de hardware.

    La IA puede ser útil, pero no puede seguir siendo invisible

    El informe no plantea frenar la inteligencia artificial ni negar su potencial. La IA puede ayudar en medicina, ciencia, energía, educación y clima. Pero su crecimiento necesita reglas más claras, mediciones transparentes y decisiones de diseño que contemplen su impacto completo.

    Eso incluye exigir a las empresas datos comparables sobre energía, agua y emisiones; elegir ubicaciones de centros de datos teniendo en cuenta recursos locales; mejorar la eficiencia de los modelos; reducir tareas innecesariamente pesadas; reciclar equipos y diseñar sistemas que usen la menor cantidad de recursos posible para cada objetivo.

    La gran lección es simple: la IA no vive en una nube abstracta. Vive en edificios, consume electricidad, necesita refrigeración, ocupa territorio y deja residuos. Cada respuesta que parece instantánea forma parte de una infraestructura que ya está modificando redes eléctricas, recursos hídricos y decisiones ambientales.

    La pregunta no es si debemos usar inteligencia artificial. La pregunta es si vamos a seguir tratándola como si fuera invisible. Porque cuanto más central se vuelva en la vida cotidiana, más urgente será mirar lo que ocurre detrás de la pantalla.

     

     

    Fuente: Meteored.

  • AI Watchdog es la nueva herramienta que defiende a los músicos frente a la IA

    AI Watchdog es la nueva herramienta que defiende a los músicos frente a la IA

    Les ayuda a descubrir si la inteligencia artificial entrenó con sus canciones.

    El panorama de la música electrónica y el sector independiente se enfrentan a una nueva realidad tecnológica. El investigador Alex Reisner, en colaboración con el medio estadounidense The Atlantic, ha lanzado una expansión de la herramienta AI Watchdog. Este sistema web permite a los artistas verificar si sus obras musicales han sido incluidas sin su consentimiento explícito en las bases de datos masivas que se utilizan para entrenar modelos de Inteligencia Artificial (IA).

    Su última actualización añade millones de pistas musicales

    La plataforma nació originalmente en 2025 enfocada en la detección de libros, artículos de investigación y material audiovisual protegidos por derechos de autor. Sin embargo, su última actualización añade millones de pistas musicales, respondiendo a una investigación profunda sobre las prácticas de recopilación de datos de la industria tecnológica.

    Millones de canciones expuestas en la red

    El funcionamiento de AI Watchdog se basa en el rastreo y análisis de cuatro de los mayores conjuntos de datos musicales que circulan de forma abierta en los foros de desarrolladores de IA. El volumen de información es masivo. La mayor de estas bases de datos contiene 12 millones de canciones, la segunda almacena 9 millones, y las dos restantes superan los 100.000 temas cada una.

    El espectro de artistas afectados es amplio. La herramienta revela que los catálogos expuestos abarcan desde grandes superestrellas globales de la música dance hasta productores independientes y subterráneos (underground).

    Descargas automatizadas y falta de transparencia

    La investigación pone el foco en la ética de la recolección de estos archivos. En tres de las bases de datos analizadas, las canciones se obtuvieron mediante enlaces directos a plataformas como YouTube y Spotify.

    Un diagnóstico útil, pero con limitaciones

    Los creadores de la iniciativa advierten que AI Watchdog no es una prueba jurídica infalible. Que un tema aparezca en el buscador no significa al 100% que una IA específica lo esté reproduciendo en sus respuestas actuales. Del mismo modo, el hecho de que una canción no figure en el registro no garantiza que esté a salvo, ya que existen cientos de bases de datos privadas e industriales que permanecen completamente ocultas al público.

  • El cementerio tecnológico que todos tenemos en casa: por qué guardamos celulares viejos aunque ya no los usemos

    El cementerio tecnológico que todos tenemos en casa: por qué guardamos celulares viejos aunque ya no los usemos

    El cajón donde van a morir los celulares

    Casi todos tenemos uno. Un cajón, una caja o una repisa donde terminan los celulares viejos, cargadores que ya no sirven, tablets olvidadas y algún dispositivo que en su momento parecía indispensable. No los usamos, pero tampoco los vendemos, donamos ni reciclamos. Simplemente quedan ahí, detenidos entre el pasado y la decisión pendiente.

    A primera vista parece un gesto menor. Un teléfono viejo no ocupa demasiado lugar y siempre existe la excusa de que “por las dudas” puede servir algún día. Pero cuando esa conducta se multiplica por millones de hogares, el resultado es enorme: una cantidad gigantesca de dispositivos fuera de circulación, con materiales valiosos que no se recuperan y datos personales que siguen guardados en aparatos abandonados.

    Un estudio sobre el destino de los dispositivos electrónicos en desuso encontró que muchas personas eligen almacenarlos antes que reciclarlos, revenderlos o donarlos. Y la razón no es solo falta de conciencia ambiental. Hay una mezcla de miedo, desconocimiento, apego y desconfianza que hace que deshacerse de un celular viejo sea más difícil de lo que parece.

    El miedo a los datos pesa más que el valor del aparato

    Uno de los grandes motivos para guardar celulares viejos es la privacidad. Un teléfono no es simplemente un objeto: contiene fotos, mensajes, contraseñas, cuentas bancarias, correos, documentos, ubicaciones y recuerdos personales. Aunque ya no funcione bien, sigue siendo una caja fuerte emocional y digital.

    Por eso muchas personas prefieren dejarlo en casa antes que entregarlo a un desconocido, venderlo por internet o llevarlo a un punto de reciclaje. El temor no siempre es irracional. Si un dispositivo no se borra correctamente, puede conservar información sensible. El problema es que, ante la duda, la solución más común termina siendo no hacer nada.

    También aparece la idea del respaldo. “Ahí tengo fotos”, “capaz algún día necesito un contacto”, “si se me rompe el nuevo, uso este”. Esa lógica convierte al celular viejo en una especie de seguro doméstico. Pero con el tiempo, la batería se degrada, el sistema queda obsoleto, el valor de reventa cae y recuperar la información puede volverse más difícil.

    El cementerio tecnológico que todos tenemos en casa: por qué guardamos celulares viejos aunque ya no los usemos
    © Gylfi Gylfason – Pexels

    No saber dónde llevarlos también nos paraliza

    La otra gran barrera es mucho más simple: muchas personas no saben qué hacer con esos dispositivos. No conocen puntos de reciclaje confiables, no saben si una tienda recibe equipos usados o no tienen claro cómo preparar el aparato antes de entregarlo.

    Esa falta de información es clave. Cuando reciclar parece complicado, vender parece riesgoso y donar parece inseguro, guardar se vuelve la opción más fácil. No requiere trámites, no exige confianza y no obliga a tomar una decisión definitiva. El problema es que esa comodidad tiene un coste ambiental.

    Los celulares y otros dispositivos contienen materiales como cobre, aluminio, litio, oro y plata. Si se reciclan correctamente, parte de esos recursos puede volver al sistema productivo. Si quedan guardados durante años, se convierten en recursos dormidos. Y si se tiran a la basura común, pueden terminar contaminando el ambiente.

    Qué hacer antes de vender, donar o reciclar un celular viejo

    La buena noticia es que deshacerse correctamente de un dispositivo no tiene por qué ser complicado. Lo importante es hacerlo con cierto orden. Primero conviene hacer una copia de seguridad de fotos, contactos y archivos importantes. Después, cerrar sesión en cuentas como Google, Apple, redes sociales y aplicaciones bancarias.

    El siguiente paso es restablecer el equipo a configuración de fábrica, quitar la tarjeta SIM y retirar cualquier memoria externa. Si el dispositivo todavía funciona, puede revenderse, donarse o entregarse como parte de pago. Si ya no sirve, lo mejor es llevarlo a un punto de reciclaje electrónico, una tienda autorizada o un programa municipal específico.

    La clave está en no tratar todos los aparatos igual. Un celular con datos personales necesita una preparación distinta a un cargador roto o unos auriculares dañados. Pero en todos los casos, la peor opción suele ser dejarlo indefinidamente en un cajón o tirarlo con la basura común.

    El cementerio tecnológico que todos tenemos en casa: por qué guardamos celulares viejos aunque ya no los usemos
    © Fotografia Lui Vlad – Pexels

    Menos acumulación y más confianza

    El estudio deja una conclusión bastante clara: muchas personas no acumulan dispositivos porque no les importe el ambiente, sino porque no confían en el proceso. Temen por sus datos, no saben qué pasos seguir o creen que el aparato todavía podría servirles.

    Por eso, la solución no pasa solo por pedirle a la gente que recicle más. También hace falta ofrecer información clara, puntos de entrega accesibles y garantías reales sobre el borrado de datos. Si el proceso es seguro y fácil, la decisión deja de sentirse como un riesgo.

    Ese celular viejo que guardás en un cajón parece poca cosa, pero cuenta una historia más grande: nuestra vida digital no termina cuando cambiamos de dispositivo. Sigue ahí, atrapada en pantallas apagadas, baterías gastadas y memorias que no queremos soltar. Aprender a cerrar ese ciclo también forma parte de usar mejor la tecnología.

     

     

    Fuente: Meteored.

  • Se filtró la pelea entre las dos hijas de un famoso conductor argentino: ¿qué pasó?

    Se filtró la pelea entre las dos hijas de un famoso conductor argentino: ¿qué pasó?

    • Candelaria y Juana Tinelli volvieron a quedar en el centro de la escena por un nuevo conflicto familiar.
    • La reciente discusión habría surgido por el uso de una pertenencia personal sin autorización.
    • Las hermanas ya habían atravesado otros episodios de tensión vinculados a comentarios personales y supuestos favoritismos familiares.
    • El distanciamiento incluso se reflejó en redes sociales, donde dejaron de seguirse y evitaron mostrarse juntas.

    La relación entre Candelaria Tinelli y Juana Tinelli volvió a quedar en el centro de la escena luego de que trascendiera un nuevo episodio de tensión entre las hermanas. Si bien las diferencias entre ambas no son una novedad dentro del mundo del espectáculo, en las últimas horas salieron a la luz detalles de una reciente discusión que rápidamente captó la atención de los medios y las redes sociales. El episodio volvió a poner de manifiesto que, detrás de la buena relación que suelen mostrar públicamente, también existen desacuerdos y fuertes cruces familiares.

    Según trascendió, el detonante de este nuevo enfrentamiento habría sido una disputa por una pertenencia personal de gran valor para una de ellas. La polémica se desató a partir de una acusación vinculada a la utilización de un objeto sin autorización, situación que derivó en reproches y tensos intercambios. Teniendo en cuenta que ambas comparten intereses vinculados al mundo de la moda y la imagen, no tardaron en surgir versiones sobre diferencias relacionadas con prendas, accesorios o elementos de uso profesional.

    A esas diferencias personales se sumaron conflictos vinculados a presuntos favoritismos dentro del entorno familiar.

    A esas diferencias personales se sumaron conflictos vinculados a presuntos favoritismos dentro del entorno familiar.

    C5N

    La filtración del conflicto volvió a exponer la fuerte personalidad de las dos influencers, acostumbradas desde pequeñas a convivir con la exposición mediática. Aunque este tipo de discusiones son habituales entre hermanos, el apellido Tinelli convierte cualquier desacuerdo cotidiano en un tema de interés público. Mientras tanto, los seguidores de la familia permanecen atentos a las redes sociales para descubrir si las hermanas lograrán recomponer la relación o si el distanciamiento continuará durante los próximos días.

    Cuál fue la pelea entre Cande y Juana Tinelli

    Detrás de la imagen de unión que la familia Tinelli suele proyectar públicamente, la relación entre Candelaria Tinelli y Juana Tinelli atravesó distintos episodios de tensión y distanciamiento a lo largo de los años. Uno de los momentos más delicados salió a la luz durante el reality familiar, cuando Juana recordó una etapa especialmente sensible relacionada con su imagen corporal. Según contó la modelo, algunos comentarios realizados por su hermana sobre su extrema delgadez la afectaron profundamente y dejaron secuelas en el vínculo entre ambas.

    Con el paso del tiempo, el distanciamiento se volvió cada vez más evidente y llegó incluso a reflejarse en las redes sociales, donde ambas dejaron de seguirse y evitaron mostrarse juntas públicamente.

    Con el paso del tiempo, el distanciamiento se volvió cada vez más evidente y llegó incluso a reflejarse en las redes sociales, donde ambas dejaron de seguirse y evitaron mostrarse juntas públicamente.

    Instagram

    A esas diferencias personales se sumaron conflictos vinculados a presuntos favoritismos dentro del entorno familiar. Uno de los episodios que más repercusión generó ocurrió cuando Marcelo Tinelli decidió obsequiarle a Candelaria un caballo de alto valor económico tras la pérdida de una de sus mascotas. La situación provocó malestar en Juana, quien interpretó el gesto como una señal de preferencia hacia su hermana, alimentando aún más la distancia que ya existía entre las dos.

    Con el paso del tiempo, el distanciamiento se volvió cada vez más evidente y llegó incluso a reflejarse en las redes sociales, donde ambas dejaron de seguirse y evitaron mostrarse juntas públicamente. En distintas entrevistas, Candelaria reconoció que la relación atravesó momentos complejos, dejando en claro que el vínculo no siempre fue cercano. Así, una serie de diferencias acumuladas a lo largo de los años terminó convirtiéndose en una de las internas familiares más comentadas del ambiente artístico argentino.

  • Estrella de Juego de Tronos: así fue la impresionante transformación de Hafþór Björnsson, La Montaña

    Estrella de Juego de Tronos: así fue la impresionante transformación de Hafþór Björnsson, La Montaña

    • Hafþór Björnsson volvió a sorprender con una impactante transformación física.
    • El actor dejó el strongman y adoptó un entrenamiento basado en cardio y boxeo.
    • Gracias a este cambio, perdió cerca de 60 kilos y logró un físico más atlético.
    • Además, generó furor al mostrarse caracterizado como una criatura demoníaca.

    Júlíus Björnsson, el actor islandés que alcanzó fama mundial por interpretar a La Montaña en la exitosa serie Game of Thrones, volvió a sorprender a sus seguidores en las redes sociales. Esta vez, el asombro no estuvo relacionado con sus impresionantes marcas deportivas, sino con una de las transformaciones físicas más llamativas de toda su carrera.

    La nueva imagen del exstrongman llega poco tiempo después de consolidarse como una de las grandes leyendas de la disciplina, tras establecer un récord mundial en peso muerto. Luego de dominar el mundo de la fuerza extrema, Björnsson parece decidido a expandir sus horizontes y explorar nuevos desafíos vinculados al entretenimiento y la actuación.

    Actualmente, esta impresionante evolución física le abrió nuevas puertas tanto en el mundo del entretenimiento como en los deportes de combate.

    Actualmente, esta impresionante evolución física le abrió nuevas puertas tanto en el mundo del entretenimiento como en los deportes de combate.

    HBO

    La sorpresa fue aún mayor cuando el islandés compartió imágenes en las que aparece completamente caracterizado como una criatura demoníaca. La impactante transformación visual generó una avalancha de comentarios entre sus millones de seguidores, quienes rápidamente comenzaron a especular sobre la posibilidad de que se trate de un nuevo proyecto cinematográfico o de una producción audiovisual de gran escala.

    Cómo fue la impactante transformación de Hafþór Björnsson, La Montaña

    Hafþór Júlíus Björnsson, reconocido mundialmente por su papel de La Montaña en Game of Thrones, protagonizó una de las transformaciones físicas más impactantes de los últimos años. Luego de retirarse del circuito profesional del strongman en la cima de su carrera, el islandés decidió modificar por completo sus objetivos físicos. En lugar de priorizar el desarrollo de una masa muscular extrema, comenzó a enfocarse en mejorar su movilidad, su condición cardiovascular y alcanzar un físico más definido y funcional.

    Más allá de su imponente tamaño, Björnsson demuestra que su mayor fortaleza radica en la disciplina y en la capacidad de reinventarse constantemente.

    Más allá de su imponente tamaño, Björnsson demuestra que su mayor fortaleza radica en la disciplina y en la capacidad de reinventarse constantemente.

    Para lograrlo, Björnsson debió cambiar radicalmente sus hábitos. El actor dejó atrás la exigente dieta hipercalórica que seguía durante sus años de competición, basada en cerca de 10.000 calorías diarias, y adoptó un plan alimenticio mucho más controlado, centrado en proteínas de calidad y alimentos saludables. A la vez, reemplazó gran parte de los entrenamientos orientados a la fuerza máxima por rutinas de cardio y boxeo, un proceso que le permitió reducir aproximadamente 60 kilos y desarrollar una figura mucho más atlética y estilizada.

    Actualmente, esta impresionante evolución física le abrió nuevas puertas tanto en el mundo del entretenimiento como en los deportes de combate. Además, continúa compartiendo su progreso y su estilo de vida con millones de seguidores en redes sociales, donde suele sorprender con nuevas caracterizaciones y desafíos. Más allá de su imponente tamaño, Björnsson demuestra que su mayor fortaleza radica en la disciplina y en la capacidad de reinventarse constantemente.

  • Corus, la nueva red social musical que desafía a los algoritmos y la IA

    Corus, la nueva red social musical que desafía a los algoritmos y la IA

    Ya está disponible.

    En un mercado digital saturado por recomendaciones automatizadas y publicidad intrusiva, ha nacido una nueva alternativa para los amantes de la música. Se trata de Corus, una plataforma de descubrimiento musical y red social que se presenta bajo una promesa radical: nada de anuncios, algoritmos y contenido generado por inteligencia artificial.

    La aplicación, que llegó al mercado el pasado mes de mayo, es una creación de Gabe Jacobs. El desarrollador es bien conocido en el sector por ser el cocreador de Cymbal. Aquella recordada aplicación de descubrimiento musical que llegó a ser apodada el “Instagram de la música” antes de su cierre en 2018.

    El regreso del descubrimiento humano

    Corus recupera el espíritu de comunidad con una interfaz fuertemente inspirada en Instagram, que incluye un feed dinámico deslizable y perfiles organizados en forma de cuadrícula. Sin embargo, a diferencia de las redes tradicionales, el contenido que ven los usuarios está guiado exclusivamente por personas reales. El objetivo central de la aplicación son las recomendaciones musicales entre iguales.

    “La música siempre ha sido una cuestión de comunidad. Hacemos mixtapes, vamos juntos a los conciertos y nos unimos por gustos compartidos”, explicó Jacobs en el comunicado oficial de lanzamiento.

    Un modelo basado en la comunidad

    Para garantizar su independencia y mantenerse fiel a su filosofía libre de publicidad, Corus ha apostado por un modelo económico mixto. Aunque la aplicación es de acceso gratuito, ofrece una suscripción opcional de 2,99 dólares al mes.

    Con este lanzamiento, Corus busca cumplir la promesa original de internet: acercar a las personas mediante conexiones humanas auténticas y devolver la pasión del intercambio musical a manos de los oyentes, desplazando el control de los códigos matemáticos y los intereses comerciales.

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